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44SNA: ¿el último Salón de Arte Curatorial?

Presidida por Carolina Ponce de León —Asesora de Artes del Ministerio de Cultura—, el martes 23 de agosto de 2016 tuvo lugar en la Cámara del Comercio de Bogotá la rueda de prensa en la cual se da a conocer a la opinión pública el listado final de los artistas con quienes se pone en marcha el proyecto 44 Salón Nacional de Artistas (44SNA), quizá el último Salón Curatorial. Como se sabe, el evento tendrá lugar en la ciudad de Pereira y reactiva nacionalmente el debate político entre artistas y curadores puesto en escena durante el 43SNA. Este debate no es estrictamente artístico ni estético. Se trata de un debate político  entre regímenes discursivos que quieren  determinar las prácticas artísticas.

Antes de presentar los artistas convocados, Carolina Ponce de León, Rosa Ángel, Guillermo Vanegas y Víctor Albarracín intervienen brevemente para explicar el contexto artístico, cultural, conceptual, histórico y político del cual parte el ejercicio curatorial. Siguiendo una reflexión de Alejandro Martín —Curador del Museo de Arte Moderno de Cali—, Ponce de León plantea que el ritmo de péndulo que mueve el 44SNA, en esta oportunidad se localiza en lo nacional.  Cabe anotar que Ponce de León no percibe que no existe el tal movimiento pendular del que habla Martín. No asume la dura realidad según la cual sólo somos testigos de bandazos o alcaldadas curatoriales. El movimiento pendular tiene su gracia, su armonía. Los bandazos son golpes abruptos dentro de un campo desregularizado por la acción perniciosa de los intereses del mercado de bienes suntuarios. En este orden de ideas, el 43SNA fue el dislate (inter) nacional.

Es el momento de preguntar si este dispositivo de exposición  al cual toda una generación le apostó, finalmente llega a su fin con la emergencia de otras realidades y la siguiente generación de artistas. Urge evaluar unas prácticas que son cuestionadas por la presente generación de artistas, una generación en proceso de decolonizarse. Entendida la crítica como una evaluación, el arte curatorial no se evalúa, porque el arte devino mercancía y por lo tanto dejó de ser experiencia sujeta a una evaluación acerca de la verdad de esta época. Actividad que no se evalúa, no tiene la oportunidad de mejorarse. A pesar de los cuantiosos recursos que se invierten en ellos, la ciudadanía en general no tiene evidencias de que los Salones Nacionales y Regionales se evalúen. Carolina Ponce de León, sabe que sin crítica no existe realidad pensada. Los aportes más importantes de la actual Asesora de Artes al campo del arte colombiano, han sido pensados desde el lugar de la crítica como alma motora dentro de los procesos artísticos. Ojalá vuelva por estos fueros y logre desmarcarse del arte curatorial, en donde al parecer no está incómoda.

Al inicio de  la rueda de prensa, Carolina Ponce de León recuerda que el Ministerio de Cultura instaura nuevas políticas estéticas en 2006: el Régimen Curatorial se instala como horizonte de comprensión para solventar la crisis de los jurados de selección y  calificación de ideas artísticas. El campo del arte colombiano tiene claro que el Ministerio no puede dar cuenta de criterios estéticos, pero también sabe que aquél  se las arregla para hacer sus guiños conceptuales o ideológicos. No le corresponde, pero a través de interpuestas personas se ejecutan algunas de sus preferencias estéticas. Sin embargo, aquello que le compete  esencialmente al Ministerio, consiste en  pensar políticas acordes con la sensibilidad del aquí-ahora. El contexto de igualdad de oportunidades que los actuales Acuerdos de Paz crean, obliga al Estado a repensarse en su totalidad. Las artes no pueden quedar al margen de la esperanza de otro país.

Terminada la presentación de artistas, este espacio de crítica abierta comienza un periodo de reflexión respecto a este evento. Hasta que se inaugure el 44SNA. Lo adecuado es esperar a que los curadores terminen su trabajo y se pueda evaluar este ejercicio que Víctor Albarracín acota como histórico, es decir, como un acontecimiento. Sin duda alguna, el Salón Nacional es un acontecimiento. Sin embargo, cada vez lo es menos. Cada vez está más cerca del no-acontecimiento, de los acontecimientos prefabricados con fines de mercado y propaganda ideológica. Resuelta la coyuntura política a favor de la paz, las artes pueden pensar imaginarios de igualdad no suficientemente pensados previamente en el campo del arte colombiano.

Guillermo Vanegas

Durante una intervención para responder inquietudes del público, Guillermo Vanegas se quita el poncho que llevaba puesto. Quiso que el auditorio apreciara el nivel de contaminación que el proyecto Curare Alterno genera dentro  del 44SNA. Debajo del poncho, el curador nacional lucía la camiseta blanca  de los Artistas Alternos que se reunirán en Pereira durante la puesta en marcha del 44SNA, es decir, los artistas que son creadores convencidos de que la mejor manera de ser libres es desadormilando la  imaginación adormilada con el Curare Curatorial. Es pertinente preguntar: ¿cómo interpretar la picardía curatorial de Vanegas? ¿Se trata de un anuncio cortés a sus antagonistas? ¿No la tendrán fácil los artistas alternos cuando en la palestra de Pereira se líen con los artistas curadores? ¿Cómo resolver el contencioso entre curadores y artistas? ¿Carolina Ponce de León se atreverá a mediar en esta coyuntura de economía política? Sin duda alguna, desde el Ministerio de Cultura, ella tiene la gran oportunidad de pensar, diseñar y realizar el Primer Encuentro Nacional de Artistas en un contexto de paz y de libertades reales que urge configurar. Urge pasar del Régimen Discursivo contemporáneo al Paisaje Escritural post-contemporáneo.

Por ahora, como le corresponde, el Ministerio de Cultura resuelve políticamente la tensión entre curadores y artistas. Decide apoyar dos iniciativas, una Institucional curada por agentes culturales que hacen investigación por encargo. La otra, acreditada como gesto alternativo, es organizada por artistas que hacen creación abierta, igualitaria, libre y precaria. Aunque no está mal tener dos eventos en lugar de uno, la crisis del modelo artístico—curatorial debe ser resuelta. Como se sabe, el Salón ya no tiene el vigor que requiere plantear  problemas  estéticos con repercusión política. Se limita a implementar conceptos, ilustrar teorías y ejecutar políticas de otros campos, muchas de ellas determinadas por políticas globales. A esta enajenación discursiva se le denomina ideología.

En este orden de ideas, cabe esperar que los artistas finalmente  exijan al Ministerio otras políticas estéticas, acordes con un orden social igualitario, libre y en paz.  El Ministerio no quiere tocar  el problema de los feudos curatoriales ni sus dogmas discursivos. El maestro Óscar Salamanca, director general de Curare Alterno y profesor universitario, plantea que el Arte Curatorial debe ser contestado desde la entraña de las artes: la imaginación.

CurareDos

El régimen curatorial por lo menos debe ser evaluado, revisado, y, si es el caso, en alianza con la Academia, el Ministerio debe pensar otro modelo menos triste y aburrido, uno más más alegre y dinámico, más grato e incluyente. Después de veinte años —una generación—, tenemos otro país, pero queremos otro, uno en el cual la paz y la igualdad sean sus guías. El equipo curatorial del 44SNA es joven lo cual es una virtud. No obstante, su vigor se ve afectado por ideologías estéticas que sería importante revisar. A futuro, la magnitud de esta empresa requiere pensar otras estrategias expositivas. Unas más incluyentes, menos ideologizadas, menos discursivas, menos dadas a menospreciar actividades de creación que no les interesa ostentar grandes elucubraciones teóricas.

Es sintomático, que en una de sus intervenciones dentro de la rueda de prensa, Víctor Albarracín repita la máxima, la  mentira mil veces repetida por todo aquel que ingresa al campo curatorial, la llamada “ideología estética de Duchamp”: «los pintores son brutos». Defendiendo  a los artistas, Albarracín les entrega un presente envenenado.  Considera que el arte es un espacio argumentativo, por lo tanto, un campo de demostraciones. ¿Miguel Ángel y Caravaggio unos tontos porque sabiamente consideran que  la “argumentación” es un estorbo para la imaginación? No. Son artistas que nos muestran su espacio-tiempo como no pueden hacerlo los filósofos y los teólogos más brillantes de su época. ¿Rubens y Rembrandt brutos porque no argumentan como Newton? No. Después de ellos, nadie ha podido pintar como ellos lo hacen. ¿Picasso y Dalí limitados intelectuales? ¡Muy al contrario! La bien intencionada relación que Albarracín establece entre creación y argumentación, muestra las limitaciones del Régimen Curatorial colombiano. Su creencia positivista según la cual, la argumentación se constituye en el non plus ultra del entendimiento humano, hace eco de los prejuicios  epocales que su generación construye. Evidencia el sesgo profesional de muchos curadores, según el cual la imaginación es una loca que requiere el sanatorio discursivo del Curador. Este dogmatismo discursivo se constituye en la ideología estética contemporánea que desde diferentes frentes muchos cuestionan. Los artistas de Curare Alterno quieren despertar de este sueño. Óscar Salamanca en uno de los primeros artistas en despertar de este sueño dogmático.  Sé de otros.

La ideologización de los Salones Nacionales se puede inferir del predominio literario y teórico actuales en los espacios del arte, los cuales se aprecian en la proyección de sus montajes. Esta mirada pseudodocta amenaza la libertad de la imaginación artística y le  disputa a los artistas sus espacios, los cuales son muy pocos y bastante precarios —míseros—. Ya no es suficiente  proporcionar a los artistas un catálogo que recoja la experiencia de su Encuentro Nacional. Víctor Albarracín anuncia que en esta oportunidad se van a editar más publicaciones. Esta toma del campo de la imaginación por parte de la teoría y la literatura, es algo que urge revisar. Aunque este dispositivo no se implementa durante el 44SNA, es oportuno preguntar: ¿el Ministerio no tiene un área de literatura que se ocupa de las publicaciones de su propio campo? ¿El Ministerio no tiene un rubro que cubre exitosamente un importante programa de investigaciones artísticas en historia y producción artística?  El catálogo es útil y consustancia al programa de los Salones. Sin embargo, la introducción de otro tipo de discursos le quita espacios y recursos. El catálogo debe recobrar su importancia artística. Y si no la tiene, se deben crear las condiciones para que así sea. Es necesario diagramar el catálogo no solo para que se pueda consultar un archivo de imágenes. También es importante apreciarlo y leerlo con agrado. La letra menuda con la cual se diagrama el correspondiente al 43SNA, es una piedra con la cual se agrede al lector.

Ojalá se considere pensar otro tipo de espacios para pensarnos en los márgenes de los avatares políticos y sociales. La política del arte no es otra cosa que localizarse en los márgenes de la política partidista. A corto plazo, ojalá el Ministerio de Cultura cree un Encuentro de Artistas libre de los bandazos  que sacuden a los artistas en los últimos Salones y no les deja pensar lo que en verdad vale la pena pensarse: el hombre en su menesterosidad contemporánea, en su reducción a mercancía. Y que este Encuentro por venir, se constituya en aquello que Víctor Albarracín intuye como algo histórico, a saber, un acontecimiento real, un evento transfigurador de todas las ideologías que mantienen adormilada la imaginación. ¿Curare Alternativo es el acontecimiento que anuncia Albarracín? Todavía es necesario esperar un mes más.

Camiseta de Curare

 

 

 

 

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