Al oído de la Ministra colombiana de Cultura: 44SNA

En la actualidad mercantil, las Bestias se ofrecen de a pares: barbarie y estupidez llegan juntas. Como el placer y el dolor, allí en donde hace presencia una la otra también se presenta. Barbarie y Estupidez modelan el sentido común de la contemporaneidad artística. En la post-contemporaneidad, los artistas retan el sentido común atrapado en la mano invisible del Estado neoliberal, abierto de patas y manos al mercado. El artista post-contemporáneo busca la  conversación y la verdad perdidas.

Sin el sentido común no se puede partir hacia ninguna parte. Sin embargo, emerge un problema cuando los sedimentos culturales sobre los cuales se erigen las instituciones, establecen una uniformidad abstracta,  universal, con el único propósito de  suprimir las diferencias que trae consigo todo y toda nueva hablante de verdad. El artista post-contemporáneo exige una crítica al sentido común burocrático, homogéneo, puro, supurante. En Colombia, la crisis de la actualidad atrapada en los mercados galerísticos, la determina la ausencia de crítica. Sin crítica no hay problematizaciones. La verdad del arte o se burocratiza o se comercializa. Burocracia y Comercio son trasfiguraciones de la Barbarie y la Estupidez colombianas. La esfera pública bajo su control, bajo su régimen de consignas y traumas ideológicos,  solo hace espacio a aquellas  polémicas que no tienen ningún interés en la verdad sentida, veraz de los hombres y las mujeres reales. Sin crítica, la verdad del arte sucumbe a los intereses del mercado promovidos por el Estado neoliberal contemporáneo.

Dirigidos por indicadores mercantiles, bárbaros y masas adoctrinadas asedian a la sociedad y a los artistas independientes que miran con suspicacia aquellos eventos artísticos institucionalizados, banalizados y venalizados. Las instituciones artísticas amenazan disolver la libertad de los artistas post-contemporáneos. Al clausurar el pensamiento cerrando  las distancias meditativas, se atenta contra las salidas críticas que garantizan el ejercicio  de la igualdad y la libertad que los hombres y las mujeres erigen como su hábitat esencial. Los bárbaros contemporáneos son el producto de las contradicciones internas de las políticas economicistas globalizantes, las masas son el resultado de su manipulación mediática. Hordas de imágenes publicitarias de diversa procedencia, estridentes en lo formal y crudas de sentido, agobian la experiencia cotidiana. Las prácticas artísticas pierden todos sus imaginarios de  emancipación singular universal y permanecen succionadas por el inodoro economicista que disuelve la existencia junto con sus desperdicios mercantiles. La ausencia de prácticas plásticas independientes del régimen comercial e investigativo, deja a los sujetos hablantes en la intemperie creativa. Las masas vaciadas de mundo vegetan en esta intemperie. Están desprovistas de diferencia,  del sentido no-relacional de mundo el cual acontece con los gestos artísticos.  El artista es un pensador no-relacional: imagina mundos para salvar la diferencia del artista como pensador distante, libre. El cuerpo expósito, expuesto, puesto en gesto-muerte, hace resistencia a la cultura economicista de oferta y demanda. Salva: cuida y  cura. El artista  habilita la realidad, la hace habitable. Estimula la participación ciudadana, así sea precariamente. Detona la actividad que convoca a  modelar un mundo sin constreñir o violentar a sus destinatarios, para eso le fue dado el don de la imaginación. La crisis colombiana es una crisis de imaginación por la cual los y las artistas deben responder. Por supuesto, también las instituciones que trazan las políticas culturales del Estado colombiano.

Actualmente, el poder  narcotizante de las imágenes sensoriales que los medios masivos de incomunicación propagan globalmente, se contrarresta localmente con la distancia pensada, poética que emerge en el sí mismo explorado en cada gesto-muerte de algunos y algunas artistas. Los artistas-poetas elaboran la distancia artística como rutas de escape a las servidumbres contemporáneas,  especialmente a la mecanización consumista. En las sociedades occidentales contemporáneas, la distancia artística –producción– y la distancia crítica – excrituración–, son elementos relevantes para la práctica de las libertades. * Entrelazadas, instituyen un pensamiento que va más allá de la pragmática de los saberes instrumentales puestos al servicio de los mercados. El pensamiento parresiéstico entrelaza estas dos regiones, relacionándolas y separándolas  diversamente en espacios otros. **   La experiencia de relacionar mediante la excritura, de intensificar  y diversificar este desdoblamiento primordial, se denomina emoción poética y sensación de universo singular (Valery, 1998). La relación que separa construye  sociedades igualitariamente libres y democráticamente abiertas a las diferencias.  La relación no imaginada adoctrina, suprime la libertad que explora la diferencia reivindicada por cada ser hablante por el solo hecho de hablar su sentido de existencia. Las prácticas artísticas y las prácticas discursivas post-contemporáneas se proyectan como la única alternativa de distancia creativa, de libertad práctica y meditación sentida, para escapar a la barbarie estatal y a la masificación comercial.

La amenaza que pende sobre las  prácticas artísticas colombianas y las instituciones que las estimulan y regulan, consiste en que su aristocracia estética cosifica, instrumentaliza, manipula  y mercantiliza el sentido de la existencia artística. Este régimen administrativo acumula por acumular en unos pocos sus abstracciones plásticas y simbólicas, generando toda suerte de exclusiones económicas, frustraciones sociales, marginalidades políticas y sacrificios artísticos. En Colombia, la amenaza a las artes como expresión de una sociedad diversa, proviene de cuatro frentes complementarios. En primer lugar, se encuentra un conjunto de desheredados alimentados por un odio larvado, siempre dispuesto a servir de manera infame a las instituciones que manejan y controlan los recursos estatales. En segundo lugar, aparecen las empresas comerciales que se lucran del glamur emitido en cada aparición pública de  las artes y los artistas. En tercer lugar, se aprecia la ostentación en los anuncios del mercado artístico, la propaganda de los galeristas y la pauta publicitaria en  las revistas de arte. En cuarto lugar, los Salones Nacionales evidencian la puja del comercio organizado ante el Estado por una mejor participación en la distribución de sus recursos. Estos cuatro frentes modelan la algarabía discursiva denominada ‘arte contemporáneo’.
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Hannah Arendt denomina populacho a la sensibilidad colectiva proclive al odio y a la ausencia crítica. Sensible a los mercados, el populacho plástico inhibe y renuncia a su facultad de pensar mediante figuras de emancipación.  Está presto a seguir el lema más seductor para el mercado de bienes suntuarios, se muestra bien dispuesto a darle la razón al mercado más fuerte, se exhibe con placer en las Ferias de Arte más ostentosas, lisonjea con descaro  a quien financie participaciones en las Bienales de Arte o en los  Salones Nacionales comercialmente más agresivos, como el 43Salón (inter) nacional realizado en Medellín en 2013.


Sometida y negada la libertad al pensamiento artístico por parte del mercado, el artista contemporáneo obsesionado con la creación libre, parece quedarle solamente una salida: la tercera Bestia contemporánea,  la 
para-investigación artística. La  tercer Bestia  de moda es la para-investigación en las artes. Los laboratorios de para-investigación-creación son un pequeño engendro de las dos Bestias ya mencionadas. La para-investigación-creación devora los brotes de pensamientos creativos y gestiona una eugenesia plástica, un totalitarismo estético, aséptico, minimalista y global. Quienes resisten este dispositivo son considerados artistas decadentes, nacionalistas, xenófobos, neoconservadores. En Colombia, coloquialmente se les denomina “saloneros”, para diferenciarlos de los artistas afectos a las Bienales Internacionales. El pensamiento artístico se somete a los controles que ejerce  la mano invisible sobre este artista intempestivo, o desaparece del escenario artístico nacional.

Ahora bien, someterse a esta Bestia triple es lo mismo que desaparecer como pensador. No obstante, como afirma Heidegger, allí donde merodea el peligro también crece aquello que salva. Salvar consiste en mirar la catástrofe de sentido para recoger sus huellas más sentidas. Salvar es guardar lo sentido, es mirar con generosidad la existencia dispersa en sus múltiples violencias. Consiste en recoger solidariamente la relación con el ser mismo del arte. Las condiciones necesarias para acceder a la salvación prometida en el gesto revolucionario del poeta o del artista son las siguientes. En primer lugar, está la condición de pensar en la distancia los sometimientos discursivos que atan al artista. Con cada uno de sus gestos, el artista problematiza la falta de libertades igualitarias que le cierran todos los caminos a la  emancipación individual y colectiva. En segundo lugar, se encuentra la condición de modelar un sí mismo, una diferencia real, una sensibilidad atenta que escuche el afuera sentido, que sienta  los rastros y los restos de  sus propias violencias, que siga el eco de las voces de los gritos-gestos-silencios del adentro del artista, puesto fuera de sí, inmerso en el abismo de su sí mismo. En tercer lugar, está la condición de mostrar el don de escuchar que se requiere aprender para romper los signos-costras que ocultan el ser del arte y la cultura. Este saber habilita al artista para pensar realidades otras: espacios abiertos al sentido real de la existencia. En cuarto lugar, está la condición de excribirse, la responsabilidad de exponer la verdad del sentido de las palabras mínimas con las cuales el artista sale al encuentro de su comunidad, dispuesta a controvertirlas simultáneamente.

La imaginación poética se inquieta con la actualidad,  libera al arte post-contemporáneo del dispositivo de investigación-creación, que no es ni chicha ni limonada. Mientras el rigor de la investigación científica consiste en medir el ser, controlar sus movimientos y confirmar sus leyes, apoyado en el paradigma matemático y en la voluntad de sistema que caracteriza a la modernidad científica, por su lado,  la exacta inexactitud de la creación artística exige comprender lo grande que hay  en cada uno de  los gestos singulares de los hombres y las mujeres emancipados. La exactitud de cada gesto artístico toca lo real, dice Nancy,  procura salvar, cuidar que el acceso a la verdad del sentido permanezca indecible,  inexplicable, irrepetible, liberada al eterno retorno productor de diferencias múltiples. De esta manera, el artista cuida la intensidad del sentido de pesar el pensamiento en cada uno de sus gestos. Esta práctica parresiéstica modela el  entre irresoluble que teje la poesía, que pinta el pintor, que toca el danzarín: la eclosión misma del pensar como todo de la existencia no totalizada.

En la vida cotidiana, mediante todo tipo de gestos y juicios, hombres y mujeres se realizan poniendo en juego sus esperanzas sociales, arriesgando sus preferencias eróticas y sexuales, asumiendo en lo real sus sueños políticos, todas estas inquietudes determinadas por los gustos más inefables y por los traumas más inconfesables. Se dificulta la comprensión del pensamiento artístico post-contemporáneo y la configuración de una comunidad de razonamiento plástico acorde con esta sensibilidad, en primer lugar, cuando se opta por  imponer a otros sujetos hablantes un conjunto de ideas artísticas controladas por el sentido común científico y estatal. En segundo lugar, se entorpece la comprensión  cuando las ideas de los artistas son  determinadas por el interés económico, motivadas por  sesgos burocráticos, o  condicionadas por paradigmas éticos y estéticos. En tercer lugar, se obstruye la expansión de la libertad cuando al pensamiento artístico se le somete, cuando los curadores se lo entregan a  las coyunturas  partidistas. Cuando los gestos artísticos se ponen en juego, los condicionamientos existenciales o teóricos de los artistas, transforman simultáneamente la auto-comprensión del artista y las opiniones de quienes se exponen a sus influencias. Los gestos artísticos transforman el ethos, el sentido común del cual los artistas forman parte. Configuran sensibilidades y sentimientos de comunidad que hacia el futuro anuncian nuevas experiencias de existencia.

En Colombia, para realizar las expectativas contemporáneas de sentido de mundo sentido, hace falta modelar un  espacio conversado en el cual los sujetos hablantes tengan el coraje de hablar con verdad, sin temor. Alcanzado un estado de ánimo libre de atavismos, miedos y traumas, el artista   se atreve a separarse de la razón mercantil. De la misma manera, es necesario comprender y reconocer la actualidad arbitraria y beligerante en las redes sociales. El gesto artístico puesto en red remite al lenguaje, en especial a la metáfora, a las múltiples figuras de ser. La metáfora como pensamiento se constituye en el elemento clave que reactiva permanentemente las sociedades fríamente literalizadas, crudamente comercializadas en los Salones Nacionales. Con su actitud y sus figuras, el artista revolucionario fractura el lenguaje común. El artista libera el flujo de sentido obstruido por el sentido común cultural, científico, económico, ético, feudal, político y social.

Se muestra la necesidad de volver a pensar la sumisión de la razón meditativa a la  instrumental, asunto problematizado por Heidegger. Al arte post-contemporáneo le urge  deslindar las dos maneras de pensar que Foucault describe como característica del contexto en el cual,  los filósofos cínicos realizan su proyecto de verdadera vida: aquella que exalta los discursos proposicionales y aquella que asume con coraje una actitud de transgresión metafórica, anunciativa. El pensamiento poético no puede ser asimilado por la razón instrumental o investigativa. En las figuras del arte, el logos de ser aún no está fragmentado.

 

NOTAS:

* Excritura es un neologismo introducido por Jean-Luc Nancy. Se trata de la  idea de desbordar la escritura anclada en la relación significado-significante.
**  Parresiéstico  es un neologismo introducido para caracterizar al artista post-contemporáneo, al artista que habla con verdad. Se construye con base en la investigación de Michel Foucault acerca de la parresía griega.

 

Fotografía: Sofía Perez.

Imagen: Videoperformance e Instalación de Maria José Arjona en el 43 Salón (inter) Nacional de artistas.
BIBLIOGRAFÍA:

Arendt, Hannah (2006). Los orígenes del totalitarismo. Madrid: Alianza Editorial.
Baudelaire, Charles (1999). Salones y otros escritos sobre arte. El pintor de la vida moderna. Madrid: Visor.
Foucault, Michel (2010). El coraje de la verdad. México: F.C.E.
Nancy, Jean-Luc (2003). Corpus. Madrid: Arena Libros.
______________ (2014). Lugares divinos. Cálculo del poeta. Madrid: Arena Libros.
Nancy Jean-Luc y Van Reeth Adèle (2015). El goce. Madrid: Pasos Perdidos.
Valéry, Paul (1998). Teoría poética y estética. Madrid: Visor.

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