El cándido editorial del Diario del Otún acerca del 44SNA y la abuela desalmada

Hasta hace poco, Pereira tuvo dos periódicos. Por un lado, El Diario del Otún, un espacio que reivindica ideas conservadoras.  Por otro lado, La Tarde, un proyecto editorial que exploraba y elaboraba esperanzas liberales. Recientemente, el primer dispositivo absorbió el proyecto de La Tarde, un reflejo de la realidad nacional presente en el dispositivo 44SNA.

Dentro de este contexto político y social, se instala el 44SNA.  A partir de esta realidad neoconservadora, se editorializa el proyecto curatorial liderado por la Ministra de Cultura y Carolina Ponce de León. El fotógrafo de El Diario del Otún, capta (¡ay!) muy tiesas y muy majas a las gestoras del arte colombiano, con aire de respeto nacional y superioridad moral y estética. ¡Ay! ¡Somos contemporáneos y espectadores del Primer Salón Nacional de Artistas colombianos!

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El día 16 de septiembre de 2016, el editorialista de El Diario del Otún comenta el evento en términos grandilocuentes que anticipan la puesta en escena del himno inaugural del 44SNA. A través del tono ingenuo del editorialista se alcanza a colar un rumor nacional: la falta de interés ciudadano por la cultura. La ausencia de “pensamiento ilustrado” dentro de ámbitos amplios de la sociedad colombiana. El editorialista habla de la cultura en Pereira, pero, no alcanza a entrever que este diagnóstico no es regional: sólo hay cultura en las “grandes ciudades”. Lo de los pobres es robado. Los ámbitos populares carecen de espíritu e ilustración(¡ay!). ¿Ilustración para qué, al servicio de quiénes?  ¡Con amigos así para qué enemigos!

Afirma el editorialista: “lastimosamente la ciudad no ha tenido una aceptable trayectoria artística, ni dentro de sus preferencias ha estado la cultura, o el arte, o la literatura, o cualquiera de las actividades del espíritu. Es cierto que recientemente ha despertado un poco a la diversidad cultural que nos rodea y que cada día hay más pereiranos que se interesan por los movimientos y apariciones artísticas en la región; pero todavía estamos muy lejos de ese ambiente rico en cultura que tienen las grandes ciudades del país.”

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Urge pensar que “las grandes ciudades del país” mencionadas en verdad son espacios de marginalización y exclusión cultural y política. En este orden de ideas, en medio del ambiente tieso y majo del 44SNA, los artistas deben evaluar sus haceres y pensar ámbitos de inclusión para las próximas generaciones de ciudadanos y ciudadanas.

El editorialista menciona un interés de Pereira por apariciones artísticas recientes. No tiene certeza de qué tipo de apariciones son esas, pues nos las menciona. Sus asesores culturales no le alcanzaron a informar acerca de los artistas de Curare Alterno, un espacio que, paradójicamente llama más la atención dentro las “grandes ciudades” que en la misma sede del Salón Señorial. Al respecto, el crítico de arte Ricardo Arcos-Palma presenta en su blog de Facebook algunas consideraciones respecto a aquello que él denomina la farsa del 44SNA.

En mi opinión, el colectivo Curare envía un mensaje claro no sólo al Ministerio de Cultura y a aquellos que controlan a distancia su régimen (Cerón-Peñaranda-Roca). Curare nombra sin remilgos la cultura, le habla directamente a los y a las artistas colombianas. Los conmina a pensar seriamente su campo de acción, el lugar de su palabra en esta época de transición.

Ojalá Carolina Ponce de León deje los finos tapetes del Salón y embarre sus zapatos. Ojalá los meta allí, en el barro del día a día que desborda y enriquece la imaginación de los y las artistas más importantes de Colombia. Noten que no dije “los mejores”, que no me refiero a ninguna aristocracia. Respecto a los Salones de Cali, Cartagena y Medellín mencionados por Arcos-Palma, hay que volver a pensarlos con cuidado. Un análisis serio podría mostrar que el mejor de ellos fue el Salón de Cartagena, por su falta de “compromiso” con el espectáculo, al respecto Manuel Zúñiga ha escrito y su análisis puede consultarse en estas  páginas. Por ello mismo, estoy de acuerdo con el maestro Rafael Ortiz quien acota la intervención de Arcos-Palma: las lógicas comerciales y espectacularizantes del SNA desdibujaron la recepción de los avances del Salón de Cartagena.

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Me parece que con Curare comienza algo diferente. Se trata del acontecimiento del arte del Siglo XXI en arte. Se vislumbra una Colombia menos contaminada por lógicas eugenésicas para evaluar las producciones artísticas. Queda claro que urge pensar otras estrategias de exhibición, pensar más en la fiesta popular y menos en el espectáculo de feria burgués. Al respecto tenemos mucho que aprender. En Cali, encontramos a Petronio Alvarez. En Barranquilla, su Guacherna dentro de las fiestas de febrero, entre otras muchas fiestas de las cuales carecen las “grandes ciudades” de las cuales habla el editorialista de El Diario del Otún.

Carolina Ponce de León, a quien ya pocos nombramos en los espacios de Facebook (quizá porque no se encuentra entre nuestros grupos de amigos y amigas virtuales), afirma que Curare también opera como Curaduría, que también es un espacio curatorial. Tiene razón. Pero esto no le quita mérito a este gran esfuerzo artístico liderado Óscar Salamanca, Luis Fernando Arango y Fernando y Libardo Archila. Inclusive, así sea cierto que el problema del arte colombiano es la banalidad de las “investigaciones curatoriales”, de aquellas ficciones de quienes no tienen perfiles de investigadores.

Finalmente en la farsa del 44SNA que comenta Ricardo Arcos-Palma, en esas mismas componendas, sobrevive el régimen aristocrático de la Colombia feudal que no cesa de invitar a la guerra. Actualmente, el régimen curatorial colombiano es la viva encarnación místico-conceptual del Salón Tradicional y así se corrobora en Pereira. Por ello mismo, no creo que para el horizonte del arte colombiano por venir sea conveniente la connivencia con el régimen impuesto por el Ministerio de Cultura (Cerón-Peñaranda-Roca).

 

Fotografía: El Diario del Otún.

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