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XIII Bienal de La Habana: la construcción de lo [no] posible


In extremis, acontece el coraje como alternativa ética y estética

Por lo general, las exposiciones con las cuales estamos familiarizados en Colombia,  a su pesar y quizá de buena fe, falsean lo real. Con su culto a las formas, esconden eso esencial que anima la existencia, esas marcas ciegas que solo acontecen a flor  de piel, en la superficie de una lengua, por sí misma poética.

Durante milenios, los teóricos occidentales buscaron lo esencial en lugares inexistentes, hipotéticamente en simas profundas. Hoy sabemos que toda actualidad se nos dona en una superficie, en un espacio específico. Lo esencial solo puede ser superficial. Lo inesencial divino es profundo. Lo esencial humano es superficial; aunque nos lo apartan de la mirada, está al alcance de todas y todos. Comprender esta condición, para algunos apocalíptica, exige coraje de verdad. Una prueba irrefutable de estas máximas especulativas la encontramos en cualquiera de los múltiples portales de la arquitectura monumental que interpelándonos, a cada paso nos salen al encuentro en Habana Vieja. 

Por la complejidad de los problemas políticos que le subyacen, la XIII Bienal de la Habana (XIIIHB) es una exposición internacional  difícil de abordar. El conjunto de éticas y estéticas que allí se ponen a prueba es inabarcable en un estudio crítico serio. Aún así, corremos el riesgo de parecer ligeros en nuestro aporte a la declaración de principios que sostiene la Bienal.

Este texto explora algunas ideas para ampliar la comprensión de la XIIIBH, arriesga conceptos con los cuales se intenta abrir el sentido de algunas obras y evidencia la fuerza que pulsa en la historia realmente efectiva en su contexto de circulación. Asimismo, socializa las experiencias elaboradas en el proyecto Escrituras Artísticas en un mundo digitalizado, prácticas realizadas en la Universidad Distrital Francisco José de Caldas, en Bogotá. Con base en el contexto que crea la revolución  digital, por una parte, se reivindica la escritura artística mediante la cual el gesto del artista deviene acontecimiento, experiencia y juego (Agamben, 2007). Por otra parte, se señala las plataformas virtuales como actualidades realesque salen al encuentro de las propuestas de los artistas. 

La exposición hoy se excribe

Siguiendo algunas indicaciones de Jean-Luc Nancy (2003), lo real se anuncia a través de la mirada inquieta del artista. En una exposición se anuncia lo evidente, aquello que está por venir, la diferencia que aún no es perceptible al ojo avezado, cómodo, ideologizado y perezoso. He aquí la importancia de las artes: evidencian la diferencia visible pero no perceptible al sentido común, sentido hoy domeñado por la hipocresía del puritanismo brugués-mediático y por el esnobismo cultural que anima el consumo global.

En efecto, a diferencia de los enunciados que se formulan en las ciencias, una exposición consiste en un anunciado. En ella se expone la piel por venir, se arriesga la comprensión que tenemos de nuestras verdades últimas,  se vuelve la mirada hacia aquellas marcas ciegas en que abrevan  las escrituras de aquello que somos en la actualidad, sin embargo, ¡ay!, aún sin saberse. A su modo, en una exposición se deconstruyen todos aquellos enunciados que se enmascaran y se hacen pasar por actualidad real. No cabe duda alguna: además de noticias falsas, hoy también contamos con actualidades falsas. Las artes también son asechadas por aquéllas. Hoy comprendemos que lo real no es enunciable.  Al respecto, sería mejor manifestar lo siguiente: en las artes la realidad se transpone. En efecto, lo real se transnuncia en un ejercicio artístico. 

Los espacios de la XIIIBH configuran escrituras artísticas que propician el encuentro de  múltiples  pensamientos estéticos, éticos,  políticos y sociales. Ofrecen una oportunidad para in situ, poner a prueba maneras de pensar lo que viene, aquello singular que llama a las puertas del sentido vuelto común o mercancía,  en unos lugares, sutilmente, en otros brusca o torpemente; en los mejores, lo singular se manifiesta con coraje, como hoy se puede apreciar en la Habana. Una exposición como la XIIIBH se destaca porque las voces que allí se encuentran unas con otras, no constriñen ni apabullan a sus caminantes, pese a su magnitud y a la diversidad de éticas y estéticas que allí se tensan reivindicando una verdad en cada una de sus exposiciones. 

Lo estético es ético

En la XIIIBH lo estético es ético. Lejos de aquello que puede prejuiciar un crítico, el horizonte conceptual bajo el cual se seleccionan las propuestas para todo el conjunto de exposiciones, no reivindica un puño en alto ni una figuración al modo del realismo socialista, tampoco al modo de ningún otro tipo de irrealismo capitalista contemporáneo.  Dicho en otras palabras, la XIIIBH muestra una virtud notable: el coraje de pensarse por sí misma mediante un diálogo abierto al mundo, en su mayoría hostil a la igualdad, aunque, ¡ay!, perversamente solidario y humanitario (Zikek, 2018). No se encuentra en ella un solo panfleto ideológico de ningún orden, pese al acoso económico y político que Cuba padece. Esta ausencia presente deja enseñanzas éticas y estéticas que se pueden emular en otros escenarios, falsamente políticos. 

Es inútil preguntarse qué hace parte de la Bienal o qué no. La Habana como totalidad de sentido la configura. Un grafiti relámpago escrito en cualquier espacio, un gato durmiendo plácidamente su siesta bajo un viejo portal, o un perro asomado casualmente a una ventada, hacen parte de la Bienal. La XIIIBH propicia la  circulación de las diferencias que activan lo humano sentido,  dinamizándolas, tensándolas, potenciándolas, reconfigurándolas unas con otras durante sus intercomunicaciones. Toda diferencia exige una configuración, como lo indica la expresión, por sí misma, plástica, poética. La diferencia acontece como restos de ser, como pensamiento, como pregunta incontestada e incontestable.

En toda exposición, los restos de pensamientos recuerdan la pregunta incontestable por la diferencia que escapa permanentemente a los enunciados de las ciencias sociales. Toda exposición enlaza las preguntas que activan lo humano sentido in situ, lo universal—singular. Sobre todo, hoy una exposición modela espacios vívidos. Con coraje, en la  XIIIBH se muestra cómo escribimos en red nuestros cuerpos acosados, apabullados, humillados, ofendidos, perseguidos, en pena o sentidos con verdad. La nuestra, es una época en la que cada vez existe menos singularidad en los cuerpos. Deshabitamos una época que olvidó leer lo poético excrito dentro de la poética escrita de las artes (Nancy, 2010). Pronto preguntaremos en las entrevistas: ¿en qué lugar deshabita usted? No es el caso de La Habana.

El coraje poético en lo vívido 

No es una verdad de Perogrullo afirmar que las artes lo son por el coraje con que elaboran sus poéticas de lo vívido: lo transfigurado, lo fuera de sí, lo puesto en superficie que pocos ven. La XIIIBH es el lugar para mostrar que lo vívido reúsa ser instrumentalizado. Deja claro que lo vívido que late en cada una de nuestras marcas ciegas, se lo poetiza o se lo cosifica. La estética global nos condiciona para que elijamos “libremente” la segunda opción.

Muchas de las propuestas que nos salen al encuentro en los  múltiples caminos de La Habana, muestran lo primero. Allí, cada portal revela una historia por venir; cada calle interpela nuestra comodidad “humanista”, esa condición perversa que anima el humanitarismo pasivo de los agentes turísticos que los asedian; cada edificio rememora con coraje las luchas por la igualdad; en cada grafiti nos encontramos con cuerpos escritos de manera incesante, con arte, singularmente; por todas partes cuerpos que se resisten a dejar de escribirse en libertad una y otra vez. 

La  XIIIBH evidencia in situ la relación entre cuerpos-texto, escrituras-cuerpo y singularidades. Lo evidente lo encontramos en los resquicios que el hablante contemporáneo ya no alcanza a leer. ¡Ay! Ya no se lee. A la estética global le falta voluntad ética, es decir, lecturas libres. ¡Nos falta el coraje de leernos a nosotros mismos!

No tememos que nos griten, ¡complacientes! Con el mismo entusiasmo de la ciudad coraje, afirmamos que en La Habana aún se lee: sus calles, sus rincones, sus edificios son escrituras vivas que invitan a ser leídas. Y se las leen.  Por tal condición, las mejores apuestas en la XIIIBH corren por parte de los artistas locales y algunos artistas internacionales. La espectacularidad de algunas propuestas internacionales no logra opacar el auténtico e intenso color local.  El coraje se siente, se lo vive en contextos específicos. 

La ciudad es el lugar de lo [no] posible

En La Habana suele decirse que la Bienal está en toda la ciudad. Desde la perspectiva de los discursos del Arte, esta afirmación es correcta e incontestable. Sin embargo, cuando el lugar desde el cual se habla no es el régimen que los discursos del Arte establecen, se nota de inmediato que lo relevante de la apuesta de la Bienal consiste en que no solo es un conjunto de refinadas exposiciones de arte, tanto con respeto a la ejecución de las obras mismas que se muestran, como con respecto al montaje que las hace visibles, comprensibles y comunicables. Si no fuera así, no se activarían tantos imaginarios en tantos y diversos lugares.

La XIIIBH manifiesta un plus de sentido que nos conmina sutilmente a darle la vuelta a la afirmación mencionada. En efecto, la Bienal no está en toda la ciudad. Al contrario,  las múltiples escrituras diversas que se entrecruzan en La Habana están en la Bienal, le dan sentido, logran con coraje lo no-posible hoy: que una exposición de Arte sea algo más, que muestre algo más de aquello que prescribe globalmente el régimen “arte contemporáneo”, una estrategia de circulación sospechosamente política.  

En la  XIIIBH no hay espectadores ni visitantes; sus espacios están diseñados para caminantes, para sentir cada paso dentro de la verdad evidente de sus múltiples rincones. Lo evidente escapa, no es expresable en una sola comunicación. En este orden de ideas, el concepto que pone en escena la XIIIBH espolea la imaginación e invita a que los lectores del encuentro develen el sentido evidente, lo diferenciante ausente de su contexto. Como toda propuesta artística, el lema “la construcción de lo posible” pone a prueba nuestro entendimiento, deja latente algo que activa la imaginación y la sensibilidad del caminante. . La expresión mencionada evidencia un no en toda su verdad. Allí lo relevante es la potencia de lo no-posible, ese resto sentido que se desvía y escapa al dispositivo que rige lo posible dentro de una exposición de arte contemporáneo (Agamben, 2016). Ese no abre nuestro entendimiento al espacio en que acontece el coraje, es resistencia afirmativa: es un desvío, alternativas a nuestros modos de comprender. Lo posible es un enunciado. Lo no-posible es acontecimiento. 

La  XIIIBH nos muestra que lo no-posible aún es posible. El régimen global determina férreamente lo posible y al parecer nadie puede contestarlo ni escapar de su control. Muchas de las propuestas que llegan a la XIIIBH controvierten este tipo de posibilidad, este instrumentalismo epocal, global. No decimos que se lo expresa de manera explícita. Sin embargo, sí se puede afirmar que se lo evidencia como ausencia. La XIIIBH se constituye en ejemplo de que es posible pensar imágenes de alta calidad y elaborar experiencias con sentido de actualidad, sin claudicar ante la teoestética con que se legitima la producción de arte contemporáneo o global.

En medio de la adversidad económica con la cual se hostiga y violenta a Cuba, es impensable una exposición de la calidad y magnitud de la Bienal. Lo no-posible posible, es el coraje de la verdad, como recuerda Michel Foucault a propósito de la resistencia clásica a los grandes sistemas de pensamiento opresivos (2010). Consiste en el coraje de activar ideas olvidadas, de poner a prueba nuestros conceptos más queridos, de salir con gozo al encuentro de las experiencias que retan nuestra comprensión, de arriesgar figuras poéticas, todas ellas de muy diverso orden y procedencia. Pero, sobretodo, consiste en el coraje de mirarse hacia sí mismo, de explorar cómo se ha modelado ese “sí mismo” que modela la diferencia de mi identidad.    

Alguien todavía habla en las artes

La XIIIBH conjuga varias estrategias para que sea la ciudad la que hable en ella y no el el lenguaje artificial que suele determinar los discursos del Arte Contemporáneo, como ocurre con frecuencia en otros escenarios. Las propuestas se presentan en tres grandes grupos visibles:  talleres de artista abiertos, eje central de la Bienal y espacios colaterales. Se aprecian por lo menos dos grupos adicionales, no visibles del todo a la mirada del arte, pero totalmente visibles a la mirada decolonizada. Por un lado, hablo de algunos grupos de artistas locales que trabajan por su cuenta en la Habana, en los márgenes de la Bienal; por otro lado, me refiero al potente arte callejero que pulula en la ciudad, con tal conocimiento del oficio que difícilmente se puede hablar de sus obras en términos  de artesanía.

Toda la ciudad queda enlazada mediante el diálogo constructivo entre galerías, espacios culturales de carácter internacional, museos institucionales y privados, el Teatro Nacional Alicia Alonso, sedes pedagógicas como la Escuela Nacional de Bellas Artes, un extenso recorrido a lo largo del Malecón, el intenso paseo de El Prado y múltiples calles más que atrapan a los caminantes. Por sí misma, La Habana es una ciudad performántica, actual, el lugar adecuado para anunciar aquello que está por venir, que es evidente pero aún imperceptible.  El conjunto arquitectónico y sus ciudadanas y sus ciudadanos, le quitan el protagonismo que el sistema arte reclama para sí en otros escenarios, le hacen notar al sistema que sin historia vívida no hay arte, que sin este contexto de coraje no habría Bienal. Lo esencial en esta última es la performancia diaria de la ciudad, la ética que configura su actualidad, su coraje y su verdad.    

No es posible hablar de las propuestas formales por la cantidad de obras presentadas bajo diferentes enfoques estéticos, éticos y culturales. Para hacerlo, se requeriría pernoctar en La Habana el mes que dura la Bienal. Desde el 10 de abril de 2019, a diario se están inaugurando exposiciones y semanalmente se vienen realizando encuentros de carácter teórico.

Este programa de actividades se lleva a cabo hasta el día de su cierre: el 12 de mayo. Sin embargo, no puedo dejar de hablar de Gabriel Orozco; él es uno de los pocos artistas que tienen una exposición individual con obras muy sugestivas por lo anacrónicas; parecen fuera de contexto, pero, por ello mismo, se constituyen en protagonistas del evento. En cierto sentido, toda obra busca o crea el anacronismo que la puede hacer comprensible y comunicable. Tampoco puedo pasar por desapercibida la propuesta de Jorge Torres, un colombiano en la Bienal; la poética de sus imágenes exige detenerse un poco a pensar las preocupaciones de carácter social que animan al artista. Junto a ellos, encontramos otras propuestas que liberan el goce de la existencia que anima la diferencia en las artes libres con autenticidad. Por lo general, la libertad que proclama Occidente carece de autenticidad.

Gabriel Orozco, Veladoras Universales, en el Museo Nacional de Bellas Artes de Cuba.

Avelina Lésper no quiere a Orozco. ¡Para nada! ¡No creo que le permita al artista siquiera servirle el café! Hoy nos queda claro por qué: el anacronismo evidente en las imágenes de Orozco convoca a buena parte de las vanguardias internacionales (constructivismo, cubismo, minimalismo, simbolismo, surrealismo). De eso nada sabe Lésper.

La erótica visual del artista  tiene tal poder de evocación que logra escapar a la simplicidad del crítico decimonónico, incapaz de crear un relato adecuado tanto a las imágenes que le salen al encuentro, como a las necesidades de goces otros de las mujeres y los hombres de hoy. Goces otros, porque el gocees la principal víctima de la mirada globalizada, cosificadora.  El olvido delgocecaracteriza a Occidente. Y es bueno que Orozco nos lo recuerde en La Habana, allí, cerca pero lejos de los controles neocoloniales del goce.  

La propuesta para la XIIIBH, Orozco la denominaVeladoras Universales. Se trata de un homenaje a las mujeres, en especial, a las mujeres que a diario velan porque las obras que alberga el Museo Nacional de Bellas Artes no sufran ningún atropello. En Colombia, a estas mujeres se les denomina “vigilantes”. En Cuba se las llama “veladoras”. Con perspicacia y sagacidad, Orozco logra sacar partido del poder de evocación que tiene la imagen “veladora”: se vela aquello que por su delicadeza no puede ser visto de manera directa. Cuando la precaución ética y la alerta epistémica se ignoran, la mirada destruye la verdad de aquello que se quiere comprender. 

Con buen semblante y su familia al lado, Orozco estuvo atendiendo preguntas durante la tarde de inauguración. Piensa cada una de las preguntas y las responde de manera sencilla. Y lo mejor, ¡sin discursos memorizados! Por eso mismo mismo, sus imágenes logran hablar por sí mismas la lengua cegada, olvidada, reprimida, silenciada; me refiero a la lengua del contra-poder, la lengua del cuerpo, del goce. Allí en donde hay cuerpos, acontece goce. Debido a la ausencia de goce es que hoy vemos tan pocos cuerpos.

Le hacemos notar a Orozco que su propuesta recoge mucho de la tradición española. Se sorprende con la afirmación e inquieto pregunta: «pero, ¿por qué?». Respondemos: «porque no es difícil ver en estas imágenes sugestivas la mirada erótica y sarcástica de Luis Buñuel, de ese fetichista empedernido que enriqueció tanto las vanguardias internacionales como la cultura mexicana». En silencio, de alguna manera, Orozco concuerda con nosotros, dentro del multílogo ocasional puesto en escena durante la inauguración de la exposición Veladoras Universales. Notamos que a partir de entonces, Orozco incorpora dentro de sus respuestas la sombra inquietante de los goces que animan los fetiches latentes en todo ejercicio artístico y poético.

En efecto, las “veladoras” del Museo, lucen el tipo de medias que usa el artista como referente para modelar y espaciar sus ideas. La media y la seda nos dan el acceso a lo real en los cuerpos. Orozco comprende que por su esencialidad,  ese real esquivo es superficial: evidente aunque ausente a la mirada avezada, fatigada e inane de nuestra época. Recordamos que en Colombia, una manera de hablar acerca de las medias de seda femeninas, es por medio de la expresión “medias veladas”. La media de seda es una especie de celosía que mantiene la mirada del otro a una prudente distancia.

La propuesta Veladoras Universales es para lugar específico. Con este gesto, con este desvío de la mirada hacia la evidencia veladade los cuerpos habaneros en las medias de seda y sus rituales cotidianos,  Orozco muestra su respecto a la historia de La Habana: lo importante en las artes son los cuerpos, pero sobre todo, las personas. Con la delicadeza de su pensamiento,  subvierte las expectativas del crítico decimonónico. ¡Qué regresen entonces los fetiches recargados con toda su incorrección estética, ética y política!

Jorge Torres, Banco de Semillas, en la Escuela Nacional de Bellas Artes, San Alejandro.

Banco de Semillas elabora signos que le permiten al artista pensar poéticamente una inquietud social. La elaboración poética de su inquietud le abre los espacios de La Habana, en especial, la Escuela Nacional de Bellas Artes, San Alejandro. Allí expone sus imaginarios con humildad pedagógica, al lado de los talentos de la Escuela. Torres es un constructor de contra-historias. En Colombia, sus relatos visuales deconstruyen la historia oficial. Banco de Semillas nos permite comprender que la contra-historia será poética anacrónica o no será.  No en vano, en La Habana ven su propuesta como una Arca de Noé: el Arca de Jorge. ¡Qué contemporáneo este anacronismo! (Agamben, 2011).

Torres realiza una práctica artística que equilibra sus exploraciones formales con sus inquietudes sociales. En lo formal, se caracteriza por alejarse de las retóricas ideológicas que coartan las libertades del artista, por aquello que a diario afecta los cuerpos reales. Más que un artista político, Torres se muestra como un pensador inquieto por lo social. En Colombia, la etiqueta “arte político” hoy en día suscita muchas suspicacias, por ello el artista hace bien en abordar lo social como lugar de anunciación, ya sea  al lado de la luchas de las mujeres por la igualdad, junto a quienes a diario nos advierten acerca de los ecocidios contemporáneos, o al lado de la educación artística y social de los niños y jóvenes de Colombia. No son pocas las propuestas que ha elaborado teniendo en cuenta esta dialéctica estético-social. 

Torres despliega una estrategia. Recicla restos de objetos de consumo suntuoso como son los frascos de perfumes, y paciente y perspicazmente diseña una flotilla intergaláctica de insectos que tienen la misión quijotesca de salvar la humanidad, conservando en sus entrañas muestras de algunas semillas amenazadas de extinción por parte de algunas multinacionales. El problema ha sido abordado profusamente por muchos investigadores sociales. La inquietud no es inédita. Lo relevante aquí, y he aquí la razón de su presencia en La Habana, consiste en su distancia ética, en su exploración poética, en la delicadeza con la cual aborda su inquietud social. Todo pensamiento es una emoción delicada, afirmada David Hume (1984). Dicho en otras palabras:  sin delicadeza no hay pensamiento. La agresividad pseudocientífica espanta el pensamiento. Como Gabriel Orozco, Jorge Torres también es un artista anacrónico; pensándolo bien, quizá los frascos de perfumes son algún tipo de fetiche olvidado, no consciente del todo al artista: el aroma de un perfume olvidado sostiene un cuerpo ausente pero imaginado vívidamente. Para ser reales, los cuerpos reales se imaginan: se perfuman con la delicadeza propia de las artes. El artista perfuma lo real para que acontezcan cuerpos en el mundo, para que haya mundo. No hay mundo sin perfume. Todo cuerpo tiene su perfume. Aquello que denominamos cultura es un conjunto de maneras de perfumar. Los perfumes modelan los cuerpos.  Pero, ¡ay! Hoy no hay mundo. Por todo lado pululan los malos olores. Aquí y allá se socializan los malos olores, tal y como lo anunció Luis Buñuel en el Fantasma de la Libertad (Zizek, 2018).

Por medio de una delicada intervención plástica, Torres  reactiva la funcionalidad perdida de los frascos que llegan a él. Otorga a cada frasco una segunda oportunidad de existir, que ellos de inmediato agradecen al artista. La existencia es agradecida. No todos los elementos  tienen existencia, tampoco en el mismo grado. El modo artístico configura el grado más alto de existencia. En cada resto, en cada olvido,en todo silencio, clama algo que agradece una vez tiene la oportunidad de existir, una vez acontece.

Los restos  mediante los cuales lo diferente se manifiesta, son elaborados por el artista delicado. Toda diferencia elaborada con delicadeza  expresa un agradecimiento. Para desgracia de nuestra época, el arte dejó de comprenderse como una práctica delicada. Siguiendo la tradición minimalista, hoy los artistas emiten enunciados, una práctica que emula equívocamente la práctica de las ciencias. Retadas por lo sensible, las ciencias no suelen ser delicadas. Por lo general, son firmes y frías como una escultura de Richard Serra o duras como una instalación de Donald Judd: sin corazón, sin con-moción.  ¡Ay! 

Torres transfigura los frascos desechados en figuras zoomorfas que detonan todo tipo de imágenes, debido a que en su interior se inserta una muestra de semillas de plantas que han sido despojadas de su contexto biológico, cultural y social. El resultado es un bello montaje que tiene la potencia de superar el mensaje ecológico dirigido al caminante de la Bienal; lo supera con creces porque el mensaje se mantiene pero la fuerza de la imaginación logra emanciparse de él por el goce creativo con que Torres piensa sus imágenes. Con generosidad, el artista comparte sus goces con el caminante que transita por la Escuela Nacional de Bellas Artes. Goce es todo aquello que se comparte, así sea fallidamente. Los insectos tornasolados liberan espacios olvidados que son entregados a la imaginación del caminante para propiciar  goces otros, para que este último en su deambular piense por sí mismo realidades no-posibles en la contemporaneidad. Y, lo principal, para que se goce el arte de pensar en metáforas abiertas al sentido en lo sentido

Hay otras propuestas que llaman la atención por los riesgos que asumen y   por su apuesta poética. En primer lugar, el artista cubano René Francisco Rodríguez,   Taller de reparaciones, en el Museo Nacional de Bellas Artes. Con una mirada picaresca dirigida hacia sí mismo, el artista realiza un grupo de ensambles sarcásticos que se diferencian claramente unos con otros pero que logran modelar entre ellos una unidad. Por medio de un conjunto de restos de pensamientos olvidados o silenciados, de escrituras olvidadas que no alcanzaron la luz  y que se encuentran en su archivo personal, el artista se autoevalúa durante las relaciones que establece con cada ensamble en particular y con el conjunto en general, quizá animado por una necesidad perentoria de crítica. En Taller de reparaciones se aprecia una gran actividad, todo vibra, cada recuerdo habla en la cabeza del artista. Le preguntamos: «¿qué se repara en la obra propuesta?» Contesta con sabiduría: «mi cabeza».

Al igual que Jorge Torres, Rodríguez sabe que los restos son agradecidos con el artista que los vuelve a mirar. El artista gana en experiencia con esta mirada hacía sí mismo. Quizá solo haya experiencia mediante este tipo de mirada (Agamben, 2007). Veinte años después de haber sido expuesta esta obra en la Bienal de la Habana, Rodríguez es invitado a instalar nuevamente este atrevido e insólito ejercicio de ensambles inesperados, de alguna manera, libremente críticos consigo mismo y con sus prácticas profesionales. La crítica es libre cuando se constituye en alternativa, cuando ofrece al caminante realidades otras, cuando aquél percibe sinceridad en los gestos del artista. Rodríguez es un artista sincero; en  su instalación cada ensamble se entrega como alternativa de existencias otras. Las libertades puestas en juego en cada uno de los ensambles disruptivos de René Francisco Rodríguez merecen un estudio exhaustivo, pero para ello se requiere tiempo y otro tipo de espacio.

En segundo lugar,  destaco la propuesta de la artista dominicana Charo Oquet, Voces de Calibán, en el Museo Casa Benito Juárez. Oquet realiza una investigación acerca de la relación entre algunos arquetipos míticos propios de República Dominicana y Haití y los diferentes tipos de violencias que diseñan estos espacios. La investigación se resuelve por medio de una instalación vívida y colorida que habla de unas intensidades rituales potentes pero silenciadas.

En tercer lugar, no se puede dejar de mencionar el colectivo de artistas que montan sus propuestas en el Pabellón Cuba. Sus refinadas búsquedas conceptuales llaman la atención, algunas de ellas son sugestivas por esa diferencia poética que clama en ellas, por ejemplo, Hippocampusdel artista senegalés, Cheikh Ndiaye. La selección de Pabellón Cuba es una de las exposiciones más conceptuales que tuvimos la oportunidad de apreciar.

En cuarto lugar, sorprende la calidad plástica en las propuestas del conjunto de artistas cubanos y cubanas que exponen en el Teatro Nacional Alicia Alonso, con curaduría de la historiadora Lina María Henríquez. Delicadas en su concepción, precisas en su ejecución y sin recurrir a artificios mediocres, muchas de estas propuestas logran sorprender y detener  a los caminantes de este bello edificio, ubicado en la zona más bella de La Habana, por las memorias que alberga y cuida. Muchas de ellas rescatan el gusto por lo bello, por aquello que se piensa éticamente. Como mencionamos arriba: en la Habana, lo estético es ético. In extremis, entrelo ético y lo estético acontece lo poético. Por su coherencia estética y virtuosismo artístico, esta exposición merece un estudio pormenorizado. Será en otra ocasión.  

Pese a las múltiples dificultades que se tuvieron que sortear para la realización de la XIII Bienal de La Habana, los logros a la vista de todas y todos auguran una XIV Bienal exitosa, por lo menos, igual de contundente a la actual.

Agradecimientos: Ibis Hernández, Alives Polo, Lina María Henríquez, René Francisco Rodríguez, Charo Oquet, Gabriel Orozco, Jorge Torres, Magali Sevila Leiva, Mary Smith Monsalve, entre otros y otras artistas y agentes culturales, quienes con generosidad colaboraron con la preparación de esta reseña. 

Bibliografía:En la  XIIIBH no hay espectadores ni visitantes; sus espacios están diseñados para caminantes, para sentir cada paso dentro de la verdad des múltiples rincones

Agamben, Giorgio (2007). Infancia e Historia. Buenos Aires: Adriana Hidalgo editores.  

______________ (2011). ¿Qué es lo contemporáneo?, en Desnudez. Buenos Aires: Adriana Hidalgo editores.

______________ (2016). El fuego y el relato. Madrid: Sexto Piso.

Foucault, Michel (2010). El coraje de la verdad. México: F.C.E.

Hume, David (1984). Tratado de la naturaleza humana I. Buenos Aires: Orbis. 

Nancy, Jean-Luc (2010). Corpus. Madrid: Arena Libros.  

Zizek, Zizek (2018). El coraje de la desesperanza. Crónicas del año en que actuamos peligrosamente.  Barcelona: Anagrama.

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