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57 Bienal de Venecia

Que algo se hunde es evidente: Sí. Sin embargo, aquello que se hunde no es tan obvio, como lo plantea la crítica de arte activada con esta muestra de arte contemporáneo… Gracias a Miguel Cereceda por este post…Su apostilla a la 57 Bienal no solo cumple el noble propósito de compartir experiencias (1). Principalmente, nos convoca a indagar qué es el arte y sus discursos, a esclarecer qué es la crítica y sus escrituras y a pensar qué es el sentido de una “obra de arte”. El sentido no es susceptible de capturarse en discursos. El sentido se dispersa en escrituras críticas.

En concreto, respecto a esta micro-crítica (la crítica con verdad se nos ofrece en pequeños lugares), pienso que valdría la pena detenerse a pensar los conceptos que han insurgido aquí. En primer lugar, Obra de Arte. A mi modo de ver, este es muy pomposo (pompier lo llamaron en Francia). En segundo lugar, la potente distinción entre sentido y significado. En mi opinión, la actividad de un artista está más del lado del sentido que del significado. El artista no produce discursos. Al contrario, propicia experiencias de mundos otros. Cuando el discurso suplanta el sentido en el pensamiento del artista, el pensamiento se cosifica y se quiebra

Respecto a la actitud de la crítica, pienso que no es un discurso, porque en ella sobreviven las imágenes de los artistas. El compromiso de la crítica con la experiencia del artista, es ampliar su apertura, propiciar su dispersión de sentido.

Finalmente, respecto a qué se hunde en Europa, la respuesta no es fácil. Parece que todo. Pero no solo en Europa. Como los sólidos, América pronto se disolverá en el aire. A mi modo de ver, este sentido nos puede ayudar a comprender mejor la experiencia de Quinn en Venecia 2017.

(1) Nuevas reconsideraciones sobre el arte público y monumental. Tres esculturas de la Bienal de Venezia que sin embargo no participan directamente en ella: James Lee Byars, The golden Tower, Venezia, 2017. Se presenta como una especie de Monumento a la humanidad, que invita a la experiencia espiritual y evoca la iluminación interior. Símbolo solar y sorprendente pervivencia del viejo obelisco egipcio. ¡Qué grande era James Lee Byars, por místico y espiritista que nos siga pareciendo! Lorenzo Quinn, Support, Venezia, 2017. Alegoría de la catástrofe ecológica que se nos avecina. Invocación a la ayuda y al apoyo mutuo. La escultura ha sido ejecutada, al parecer, en un taller Huesca. No es tan mala como el resto de las obras a que nos tiene acostumbrado el hijo de Anthony Quinn. Dedicada a llamar la atención sobre el hecho de que la ciudad se hunde, se convierte en una obra demasiado torpe y evidente (unas manos que emergen del agua, tratando de impedir que la casa se hunda). Tal vez hubiera sido más interesante si la hubiese dedicado a llamar la atención sobre el drama de los refugiados. Erwin Wurm, One Minute Sculpture, Pabellón de Austria, Venezia, 2017. Sobre el final de la escultura. Sobre escultura, arte de acción y participación ciudadana. Siempre que veo un Erwin Wurm tengo que ejecutar sus esculturas de un minuto. No puedo resistirme. Fotografía de Angus Freijo.

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