Estudios Sobre El Cuerpo

Justo en la Semana de Pasión, previa a la Semana de Dolores y en consonancia con la inauguración del XII Festival Iberoamericano de Teatro, Jaime Borja y José Alejandro Restrepo han presentado a la ciudadanía bogotana los logros alcanzados en sus estudios sobre el cuerpo en la encrucijada de las prácticas sociales, políticas, estéticas y artísticas contemporáneas. Un historiador obsesionado con el barroco colonial y un artista contemporáneo inquieto por algunas de sus alegorías, intercambian y comparten intereses profesionales con el propósito de crear lugares

en los cuales puedan crecer de nuevo las libertades menguadas en la expresión de las ciudadanas y ciudadanos contemporáneos. Digo alcanzar logros porque esta es la característica estructural del pensamiento creativo, a diferencia del investigativo que pretende con pedantería mostrar resultados concretos, y en algunos casos definitivos, allí donde no se puede establecer ninguna verdad clara y distinta –lógica, separada del mundo– respecto a la inquietud que ha puesto en marcha el pensamiento del investigador. Los estudios que realizan los artistas son más humildes a este respecto, sólo logran mostrar incertidumbres prolíficas y óptimas para posteriores interpretaciones sobre la verdad y la realidad.

 

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La muestra se exhibe en el segundo y tercer piso del Museo de Arte del Banco de la República bajo el argumento Habeas Corpus: que tengas [un cuerpo [para exponer. Los curadores juegan con esta expresión jurídica con el propósito claro de ampliar su sentido e incorporar en él realidades de diferentes regímenes estéticos. (Entiéndase «estético» en el siguiente sentido: no hay nada en el pensamiento o en las expresiones artísticas que antes no haya sido modelado por la sensibilidad de la época). Logran transmutar algunas huellas museísticas en objetos de curiosidad estética, o, en algunos casos, evidenciar la contemplación mórbida de una época que ha dejado de ser, porque el discurso que la hacía real ha mutado, se ha transformado en otra realidad. Reúnen pinturas y esculturas de influencia barroca de la época colonial –algunas monumentales–, pinturas modernas como la socorrida Violencia de Alejandro Obregón o los desnudos exuberantes de Débora Arango, dos esculturas de Louis Bourgeois, tres videos de Marina Abramovic –uno de ellos memorable–, una instalación de León Ferrari en pedestal, un dibujo interesante de Miguel Antonio Huertas, radiografías de una selección de tallas en madera coloniales, moldes e instrumentos para ilustrar hipótesis o diagnósticos médicos, mascarillas funerarias de hombres ilustres, fotografías sobre lecciones de anatomía en las incipientes escuelas de medicina de nuestro país, un provocador biscocho Brazo de Reina desubicado a más no poder, una fotografía inquietante de Teresa Margoles, prendas-fetiche de los protagonistas de la vida nacional –Laureano Gómez, Jorge Eliécer Gaitán, Antonio José de Sucre–, una apropiación divertida de Étant Donnés, presumiblemente realizada por José Alejandro Restrepo, entre muchas otras realidades y curiosidades que devienen anónimas por arte de la estrategia contemporánea de ensamblar signos que sean capaces de quebrar su pasado y generar con sus fragmentos nuevas actividades en la vida apocada del espíritu de una época que ya no sabe de qué echar mano para recobrar un poco del misterio que hace comprensible la vida. (Para la psicología contemporánea, el espíritu religioso parece ser otra mercancía más que se puede exhibir y por lo tanto comprar).

La heterogeneidad de los discursos reventados y ensamblados es sugestiva por los cruces que el ciudadano está obligado a realizar a medida que transita y va construyendo el sentido esquivo y equivoco que los signos emiten, el cual no termina de manifestarse en esta puesta en escena primordial, mítica; es interesante porque, precisamente, deja en la sombra los discursos que habitualmente se han construido para explicar estas realidades, todo con un solo propósito: que el ciudadano tenga la oportunidad de inferir sus propias conclusiones, que se atreva a pensar por sí mismo; a este estado del espíritu se le ha denominado habitualmente una experiencia poética.
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Así los curadores sugieran hipótesis difíciles de defender, según las cuales el uso ritual del cuerpo en el mundo barroco permite explicar algunos usos y abusos del cuerpo en el mundo contemporáneo, o, anacrónicamente, nos induzcan a pensar que algunos artistas contemporáneos pueden comprenderse como mártires del Capital, la exposición se sostiene con base en las “chispas” que surgen  de sus limitaciones teóricas (prescinden de Freud para comprender el fenómeno religioso); de sus imprecisiones etimológicas (theatrum no es juerga, es conocimiento, opsis, ojo concupiscente; los ojos extirpados de Santa Lucia son una alegoría); de las contradicciones que provoca confundir el régimen de la simbólica con la alegoría; de las imprecisiones (la muerte es el “núcleo central” para comprender la cultura, no sólo del cristianismo); de sus gags (el mórbido Brazo de Reina); y sobre todo de las extensas sobreinterpretaciones estéticas.

Pese a su intención aparentemente explicativa, los curadores nos dejan en libertad de optar por la alternativa de comprender por nosotros mismos las chispas de los acontecimientos que ponen a nuestra consideración. La comprensión es el camino más apropiado tanto para el pensamiento creativo como para sus intérpretes. (El artista encuentra la verdad, nunca la busca, tampoco la prefabrica por medio de proyectos de investigación). En efecto, la selección Borja-Restrepo nos ayuda a comprender que cuerpo no es una palabra, que cuerpo es sólo una frase en una narración variopinta sobre el hombre y la mujer, nos indica que para decir cuerpo es necesario habitar muchos cuerpos, que los cuerpos contemporáneos son cada día menos temerosos y más esperanzados, menos proclives al martirio, aunque aún esperen una narración que comprenda nuestra realidad y un discurso emancipatorio que la apuntale sin estrategias historicistas. Ahora, si los cuerpos no se pueden comprender sin una narración y un discurso, hipótesis de los curadores, entonces cada vez que muta el discurso se transforman las narraciones realizadas sobre los cuerpos. La causalidad sin matices sirve poco para hacer real las prácticas artísticas y  las prácticas estéticas contemporáneas que dan cuenta del fenómeno pseudoreligioso de nuestros días.

Habeas Corpus tiene méritos y hay que verla. Prescindió con perspicacia del boato que apuntilló comercialmente a Mr. América y de la mediación afectiva que los medios masivos de comunicación colombianos profesan a la cultura estadounidense. Es una propuesta curatorial y museográfica sin mayores pretensiones académicas, pero por ello mismo muy atractiva para el ciudadano y la ciudadana interesados en aprender sobre arte y cultura por fuera de regímenes disciplinantes; es sugestiva, entre otras cosas, porque en estos predios palaciegos del Museo de Arte nos encontramos con realidades familiares y no familiares, conocidas y desconocidas, amadas y temidas. Reconocemos en ellas algún discurso o narración como algo propio, compartido, pero, simultáneamente, rechazamos la posibilidad de comprendernos mediante los discursos que las han hecho visibles.
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Un discurso a posteriori nos ayuda a comprender que somos nosotros los que debemos justificar dicho encuentro, aprovecharlo y quizá controvertirlo para que sea capaz de propiciar realidades alternas a las marcas institucionalizadas que son exhibidas en los salones del museo, las cuales se vanaglorian de su poder económico y estético. Es necesario construir un discurso que depure el tono peyorativo que usan los curadores para hablar de teatro y espectáculo. Uno y otro son fundamentales para la realización de las libertades como ejercicios de conocimiento del mundo. Otra cosa es decir que los economistas han puesto el teatro y el espectáculo al servicio de las mercancías, como apreciamos en la inauguración del XII Festival Iberoamericano de Teatro, que aquéllos nos arrebatan la posibilidad de ser libres. En efecto, las libertades requieren un lugar de aparición, necesitan un lugar para que tomen forma en los cuerpos. Los cuerpos son la primera instancia en que se nos ofrecen las libertades. No obstante, esta primera aparición de las libertades  es imperfecta porque no existe el otro que nos contempla y legitima, requerimos un lugar de aparición auténtica –el teatro– que haga real tanto a los cuerpos como a las libertades; sin ese lugar imaginado por los artistas y los poetas ni unos y otras nunca podrán concretarse. El teatro barroco y el teatro contemporáneo son contrarios. Mediante el primero se pone en marcha la libertad espiritual que habita los cuerpos de la época y en el segundo se han intentado realizar las libertades civiles de muchos pueblos. Los cuerpos modernos y contemporáneos, como debe ser, producen pensamiento para padecer sus propios discursos.

La curaduría de Borja y Restrepo es una pedagogía para mostrar dos épocas contrapuestas en sus fines aunque similares en los medios que utilizan. Los siglos XVII y XVIII son tiempos de restauración de la fe controvertida. La regresión religiosa que experiencian las últimas décadas del siglo XX, sólo constata la miseria de un espíritu religioso que se ha movilizado para simular una religiosidad que ya no cuenta con ningún referente espiritual: hace tiempo que los dioses han huido. No es que hayan muerto. Estas ideas que nos suscita la exposición de Borja y Restrepo es mérito suficiente para recomendar la visita al Museo de Arte del Banco de la República, así nos encontremos con piezas religiosas o prendas-fetiche sobreinterpretadas, así nos quedemos sin saber porqué fueron convocadas muchas de ellas a este encuentro de grandes marcas registradas.

 

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Finalmente, fue una buena decisión museográfica no saturar al espectador con erudición y petulancia académicas; no obstante, hubiera sido útil acondicionar con sendos catálogos unas salas de estar a la estrada de los pisos segundo y tercero, para aquellos interesados en indagar y profundizar más en las problemáticas planteadas por los curadores y comprender mejor las respuestas que intentaron ofrecernos. Ser amable con la ciudadanía siempre será bien visto, así nuestra ciudad se precie nacionalmente por la antipatía de sus ciudadanos y ciudadanas. El catálogo resultaría muy útil para ampliar nuestra comprensión, pero no es asequible al ciudadano corriente o a los muchos estudiantes que frecuentan el sector. No todo el mundo cuenta con $135.000.00 para invertir en este apoyo literario y visual. Además, el Banco no pierde nada con ser generoso. Al contrario, cumple a cabalidad con su responsabilidad pedagógica.

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