La mercancía del escándalo y la obra de arte contemporánea

Tania Bruguera estuvo hace once años en Bogotá, en la Universidad Nacional, en los bellos y amplios espacios del Edificio 301, emblema del arte colombiano del siglo XX. Allá no solo se formaron las mejores maestras del arte colombiano actual. También  excelentes maestras educadas en otras universidades de prestigio realizaron allí prácticas pedagógicas. 

Once años después volvemos a preguntamos por qué molestó tanto la curaduría de Bruguera, la performance en donde ni siquiera ella misma apareció, en donde solo aparece mediante unas personas interpuestas, no para “darles voz a los que no tienen voz”, sino para usar sus voces para usufructo individual. Con la expresión “ella misma” quiero decir todas aquellas represiones condensadas que la formaron como artista y como mujer cubana. Insisto una vez más en el tema porque hay algo que no entendimos de la curaduría de Bruguera y mucho que la artista no entendió de Colombia, que sigue sin entender.

La curaduría de Bruguera indignó no solo a los medios hipócritas que nos gobiernan. Molestó también a las artistas críticas con el sistema. En tercer lugar, entristeció a la ciudadana de la calle. Paso por alto la indignación de los medios, por hipócrita. También la molestia de las artistas, por oportunista. Destaco la tristeza de la ciudadana de la calle. Me pregunto: ¿por qué la curaduría de Bruguera la entristeció? Porque la artista fustigó sobre la herida, porque asumió el rol de agente supervisor que solo defiende un punto de vista, así haya presumido de “poner a dialogar” ante los reflectores de  su tarima a algunos agentes políticos colombianos.  

Bruguera no cuestionó la construcción política que se ha hecho de Colombia, esa invención de un pais de narcotraficantes. La ciudadana de la calle se  entristeció porque la artista no miró más allá de sus narices empolvadas. Porque no se compadeció de las miles de mujeres que han tenido que llorar por sus hijas violentadas, por sus hijos sacrificados a cambio de un puñado de dólares o por sus esposos exterminados con oprobio. Muchas veces por los tres tipos de agrabios.

En esto se equivoca la política neoliberal de Tania Bruguera y de muchas otras artistas que se autodefinen como “artistas políticas”. En política lo que cuenta es la gente que lucha día a día por su vida, la gente que persiste, que insiste en la igualdad de oportundidades, la gente que a diario tiene que enfrentarse unas con otras para lograr un pedazo de andén en la carrera séptima de Bogotá.        

Preguntaba hace un año: ¿hay actualidad en la pregunta de Bruguera? No la hay. Lo actual no hace referencia al fenómeno de masas más reciente. Lo actual explora aquello que es reprimido en todo aquello que se nos presenta como actualidad. Actual es aquello olvidado que lucha por contrarrestar la novedad con la cual se arropa el poder para justificar sus abusos. Me temo que muchas artistas políticas, a su pesar, contribuyen a mantener los abusos de poder que dicen denunciar. 

Excrito hace un año.

El escándalo de la mercancía “arte contemporáneo”: ¿qué pasó realmente con la performance de Tania Bruguera, hace diez años en Bellas Artes de la Universidad Nacional?

¿Qué pregunta la artista? ¿En verdad hay pregunta? ¿Qué se muestra con su acción? ¿Hay acción real? ¿Pregunta algo acerca de nuestra actualidad? ¿Hay actualidad en los juicios de Bruguera o solo juicio? ¿Muestra algo por venir? 

Diez años después sabemos que no anunció nada, es decir, que su propuesta solo instrumentalizó la estupidez de quienes diseñan espectáculos de arte contemporáneo. 

Siendo generosas con la artista, quizá, ¿la reiteración de la violencia que padece Colombia es aquello que intentaba mostrarnos por medio de este cómic universitario? 

Post Scriptum: diez años después del escándalo, ¿porqué aún lo logramos sacar la cabeza, por qué no hemos podido dejar los encantos mercantiles de los Salones Nacionales? 

Reseña AQUÍ de hace once años:

http://liberatorio.org/?s=Tania+bruguera

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