Junio, mes del Orgullo Lgbti. Preguntamos, ¿orgullosos, quiénes, por qué, de qué?

Sucinta semblanza artística, cultural y política de Santiago Echeverry, realizador de cine y televisión, video-artista, performer y activista Lgbti.

Santiago Echeverry es uno de los millones de cerebros colombianos fugados, de los cuales ningún medio de comunicación se ocupa hoy en tiempos de migración desesperada. Nada dirán estos medios al servicio de la internacional neoliberal acerca de esos millones de ciudadanías diversas a los cuales Colombia les negó y les sigue negando un lugar en el tejido de la cultura real, la sobreviviente pese a los atropellos y campañas de exterminio y de “limpieza social”. Pero a este luchador en los márgenes de la cultura del “buen gusto”, es decir, la impositiva y oprobiosa cultura hegemónica, nadie le quita lo bailado.

Como pocas y pocos, en el momento más crítico de nuestra fatigada y fatigante historia, Echeverry no rehuyó sus responsabilidades sociales, ni como artista ni como profesional. Me muestra menos comprometido con las clases privilegiadas con las cuales se formó y más entregado a las luchas sociales que le permitieron salir de su propio infierno y reinventarse a sí mismo. Estos intereses siguen acompañando sus prácticas pedagógicas y de investigación cultural y social. Como artista y como ciudadano colombiano en el exilio, no deja de luchar por el respeto político de las excluidas y por la igualdad de derechos de quienes en la época más crítica de Colombia fueron llamadas y llamados sin ningún tipo de pudor “desechables”.

Santiago es testigo excepcional de una década en que Colombia vivió cada uno de sus días en intenso peligro, la década en que se conquista la Constitución de 1991, pero también la misma en que el país refuerza su dependencia cultural, económica, política y psicológica de las políticas económicas de los Estados Unidos, entre otros muchos males y actos atroces.

Desde su época de estudiante de la Escuela de Cine y Televisión de la Universidad Nacional, en los años noventa del siglo pasado, Santiago comprendió que una propuesta artística se legitima solo cuando su pertinencia social es evidente, cuando esa emoción rara y extraña que aún sobrevive bajo el nombre de “arte”, cuando acontece sin requerir del diseño de elaborados discursos por encargo propios del mercado de bienes artísticos de nuestros días. Santiago cuenta con cierto grado de libertad, por ello mismo, su arte es un servicio que él se ha impuesto a sí mismo. No necesita vender a sus muy amadas hijas performáticas. No demanda esos dispositivos de poder inventados para encontrarle un lugar en la cultura y la sociedad a aquello que solo es Obra. Obra en aquello que no obra en las luchas por comprendernos mejor, más libres, más iguales, más solidarios con quienes no podrían sobrevivir sin nuestra ayuda, por mínima que ella sea.

A diferencia del dispositivo Obra, en una performance o video de Santiago actúa algo que no proviene del poder sino de su contra parte, es decir, la resistencia. Pero no nos equivoquemos: no se trata de una resistencia individualista, simulada, burguesa, comercial. La resistencia de Santiago es común a unas inmensas minorías. Esta resistencia común se activa inventándose a sí misma como sujeto político, cuando las personas se ven enlazadas y fortalecidas unas con otras por medio de una misma imagen, en aquella imagen que habla por sí sola de la exclusión y la violencia por parte de quienes están obligados a servir a las diversas ciudadanías. 

Comprendido desde la perspectiva contestataria que Walter Benjamin nos ofrece en sus últimos días, el arte de Santiago Echeverry se aparta del Arte de Diván, señorial, del Arte que exalta el “buen gusto” de los vencedores. La suya es una apuesta incondicional por los vencidos. En este sentido, el pudor estético, político y social, apartan a Echeverry de sus más preciados referentes artísticos y sociales con los cuales fue formado. Es evidnete, que arte escencial para la comprensión de una época, logra sobrevivir en cada una de sus apuestas. Santiago Echeverry es una Luciérnaga, una realidad que tiene la potencia de ofrecer un espacio tenue para resguardarnos de la luz opresora, totalitaria del poder.

Las propuestas performáticas de Santiago tienen un lugar en el arte y la cultura colombianas solo porque con una vitalidad que raya en la indignación ética y la insurrección política, develan la decadencia de la cultura de Ferias, Salones y bazares de entretenimiento social, cultura propia de nuestros días, cultura que ya no merece el nombre de cultura.

Santiago Echeverry será entrevistado por la también activista y artista La Chiki y el realizador de cine Christian Rios, en un Facebook Live, a través de la página Liberatorio Arte Contemporáneo, En Vivo, el 17 de junio de 2020, a las 5 P.M.

Agradecimientos: Santiago Echeverry.

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