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Idartes: mejor, ¿para quién? ¿Para todos? Ummm… el mensaje es claro, ¡No para todos!

Hace unos meses, el alcalde mayor de Bogotá nombró a Juliana Restrepo como Directora del Idartes. Restrepo aún hoy es un personaje desconocido en la ciudad, en esta ciudad que viaja abarrotada en los buses de Transmilenio, o como decimos coloquialmente, colgados unos de otros como micos.

De Restrepo se sabe poco y no queda claro si es filósofa, publicista, comunicadora, gestora o curadora. Como al parecer ignora las dinámicas sociales de Bogotá, pero, especialmente, ha estado al margen de sus prácticas artísticas más sensibles y vitales, Restrepo nombró como Subdirector y representante legal del Idartes, al eterno funcionario Jaime Cerón

La experiencia de Cerón como  Asesor de Artes del Ministerio de Cultura, lo hace competente. Sin duda alguna, a su lado Juliana Restrepo es una aprendiz. Se le critica a Cerón que él y su grupo burocrático persistan en gobernar espacios vitales para el arte colombiano desde hace veinticinco años. ¿Por qué se critica la ideología del Grupo Cerón? Solo por una razón: porque el arte que ha pretendido orientar desde hace dos generaciones, cada vez significa menos en la bella ciudad de Bogotá. Si algo significa la gestión de este Grupo, sólo tiene significado para “unos pocos” estetas contemporáneos, ávidos ellos de recursos públicos para financiar sus filias londinenses. Cabe preguntarse: ¿el nombramiento de Juliana Restrepo fue fríamente calculado para reinstaurar al Grupo de Cerón?

El nombramiento de Cerón deja claro que el carrusel estético al cual se somete “lo público”, no inquieta a las elites artistas de la ciudad proclives a la “privatización” del interés público. Por otro lado, reitera que este tipo de prácticas están “naturalizadas”. Finalmente, refuerza quién está al mando de las políticas culturales de Bogotá. Con claridad se señala a quién debe besársele la mano. A pesar del mal olor que produce este gesto neoliberal —privatizador—, nuestra malicia indígena nos recomienda taparnos la nariz y callar.

Preguntas adicionales: ¿quién es el responsable del nombramiento mediante el cual se reencaucha a Jaime Cerón y nuevamente él y su grupo se vuelven a acomodar dentro de los presupuestos de Bogotá? ¿En algún momento quedaron por fuera? No. Como las performancias del Pantócrator bizantino, durante su epifanía aparecen ahí todos juntos: el padre, el hijo y el espíritu santo. ¿Por qué tanto silencio respecto a este nombramiento? El mal olor obstaculiza la formulación de preguntas.

Pregunta final: antes de que Jaime Cerón termine por imponer su mano en la Gerencia de Artes, ¿la actual funcionaria responsable de este espacio podría dar un informe de su gestión al campo del arte bogotano?  ¡Bah!

 

 

 

 

 

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