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Corridas de Toros: ¿libertad de expresión, arte, acto de barbarie o tauromafia? 

LIBERATORIO y Jorge Peñuela han estado muy presentes animando un debate en las recientes manifestaciones anti-taurinas luego de que la actual administración de Enrique Peñalosa, en un descarado sin igual decidiera volver a alquilar la Plaza de Toros para realizar las corridas de toros, un espacio que es del Distrito. Los medios de desinformación se preguntan si el toreo, esa práctica bárbara y salvaje con lastres medievales y peor aún coloniales, es arte o no. Y creo que para no dejarles la vocería a estos medios, al menos los expertos en artes deberíamos decir algo. Porque no decir ni mu en las actuales circunstancias hasta nos clavan banderillas.

Ahora bien, así se hayan escrito sendos tratados para tratar de entender qué es arte, y no haya un consenso en particular, lo que si podemos afirmar sin tapujos, es que esa práctica, donde una multitud de salvajes con ínfulas de aún pertenecer a la decadente nobleza española, se reúnen a gritar Oléee, con bota llena de lícor, tirando sombreros y gorras al aire, gritan rabo y oreja cuando un insensato o insensata se lanza al ruedo, frente a un imponente toro, que se ve asediado por esa turba de salvajes que le pinchan el lomo con banderillas, y los rejoneadores y piqueteros lo torturan sin parar  montados a caballo, hasta que la pobre bestia decide responder con embestidas a la capa roja del toreador vestido de lentejuelas y apretadito como ninguno, no es arte.

La arena, ese círculo que se tiñe de sangre la mayoría de las veces del toro y muy de vez en cuando del torero, recuerda como no, la arena del circo romano donde gladiadores y esclavos se enfrentaban a fieras salvajes y entre ellos mismos. Por lo tanto defender hoy esa práctica más aún en tiempos donde aquí queremos salir de la violencia, es una verdadero despropósito. Que Antonio Caballero o  Alfredo Molado, y aquí a nuestro querido y respetado sociólogo se le han ido completamente las luces y no necesariamente hacia el traje del torero y, más aún cuando habla con el autor de Tauroética Fernando Savater quien se ha quedado en la filosofía premoderna, donde los dos desconocen por completo que no hay diferencia entre lo humano y lo animal. Siguiendo sus desafortunadas declaraciones, vemos  que sí existen diferencias entre una obra de arte como el Lago de los Cisnes (Molano)[i] y una diferencia abismal entre la carrera de caballos y la corrida de toros (Savater)[ii]. Aquí el sociólogo y el filósofo dan claras muestras de una ingenuidad sin precedentes.

Por otra parte, los que insisten que el toreo es arte, citan como no una y otra vez, los dibujos y grabados de Goya, de Picasso y algunas citas de Lorca, Ortega y Gasset, Hemingway entre otros que si bien se sintieron atraídos por las corridas de toros, también encarnan las contradicciones de su época. Pero a ellos no se los va a juzgar por eso ya harto hicieron por el arte y la cultura. Es arte lo que ellos hicieron como es arte los desastres de la guerra de Goya o los dibujos sobre la guerra de Kathe Kollwitz. Pero que no nos vengan a nosotros con el cuentico que “el movimiento del torero”, “el traje de luces”, “la gallardía de los picadores”, “la elegancia con el torero mete la espada mortal sobre el lomo del toro”, es arte. Dicho de otra manera un artista, un escritor, un poeta hace arte por evidente que sea; pero alguien que mata a un ser viviente vitoreado por la multitud bárbara como en los tiempos del César, no es un artista. Por lo tanto las corridas de toro no son arte y punto  final.

Nosotros aquí en pleno siglo XXI, en Colombia, no podemos olvidar tampoco que este acto cultural es herencia de la estructura social más decadente que ha dado la historia: la realeza que insiste que los reyes son descendientes de Dios en la tierra. Y por lo tanto todo les he dado. Que en Colombia, aún haya gente que crea hacer parte de esa nobleza, venga y vaya pero que no olviden que también existimos muchos que alabamos la muerte de la Monarquía. Que pena se me salió lo ilustrado. Que los poetas, artistas y algunos intelectuales sigan creyendo que eso es arte, pues allá ellos, pero no yo no puedo olvidar, que fue en la época colonial que esta práctica se acentúo en nuestro país, que además cobró fuerza en plena Restauración del siglo XIX y se consolidó en los periodos más conservadores de la historia del país, así se haya construido la Plaza gracias al señor Ignacio Sanz de Santamaría durante el gobierno del liberal Olaya Herrera. A mi me recuerda la España de Franco (por eso los catalanes han prohibido esa fiesta brava), la Colombia de  Laureano Gómez y como no la de los ganaderos impulsores del paramilitarismo o de la cultura de la tauromafia.

Las corridas de toros no son arte lo digo sin tapujos, pero si son el escenario ideal para entender las contradicciones políticas de una sociedad que sueña salir de la barbarie y la violencia. De ahí que el debate no es de orden moral sino ético y político. Si Gaitán iba a las corridas de toros no era propiamente porque le encantaban los toros, sino porque era el escenario ideal donde se reunía la élite oligárquica -diría él-, que manejaba país. Yo veía ese espectáculo desde el balcón del apartamento de una amiga en las Torres del Parque muy de vez en cuando sin comprender por qué razón en pleno siglo XXI esto existía aún. La primera vez que pisé la arena de la Plaza de Toros, fue con Jacques Rancière: ya no habían toros, sino deportes de arena, entre otros; el Alcalde Gustavo Petro había ganado la partida con el apoyo de los antitaurinos y los animalistas. Hoy cientos de jóvenes ya no creen en esa herencia colonial y mucho menos que torturar a un animal frente a una grupo de gente que desea saciar su impulso violento sea arte. Ya es hora de terminar con esa herencia española de mala leche que nos tiene aún en el medio evo.

 

Ricardo Arcos-Palma.

Crítico de arte y de la cultura.

Fotografía: Jacques Rancière en La Plaza de Toros de la Santamaría durante la Bogotá Humana. Bogotá 2012. Archivo Arcos-Palma

Notas:

[i] Alfredo Molano opina sobre la fiesta brava: http://www.elespectador.com/opinion/ensayo-0

[ii] Alfredo Molano entrevista a Fernando Savater: http://www.elespectador.com/noticias/nacional/solo-un-barbaro-no-distingue-entre-un-humano-y-un-anima-articulo-384540