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Testimonio de una presencia, Hal Foster en Bogotá

El folleto de promoción de las tres conferencias de la Luis Ángel Arango presentó a Hal Foster como  profesor de Princeton.

Pero este nombre tan ligado con las Humanidades, lo está aún más con la historia del arte colombiano. Pues fue en Princeton donde  Marta Traba y Ángel Rama encontraron un breve refugio académico antes de ser expulsados por la administración de Reagan en 1983.  El lleno completo reportado por los organizadores para las cinco charlas, tres en la Biblioteca, una en la Universidad de Los Andes y otra en la Facultad de Artes-ASAB, solo nos indica el tamaño de una labor iniciada por ellos. Que quizá Hal Foster fuese guiado por nuestros brillantes espíritus tutelares –Marta y Ángel-  para distribuir estratégicamente su temario por  espacios tan disimiles, es algo en lo que se debería creer. En todo caso, un sentimiento melancólico e irreal se hizo presente  cuando después de la primera charla sobre Richard Hamilton, Hal Foster nos comunicara su fallecimiento a los 89 años,  edad parecida a la que Marta y Ángel hubiesen alcanzado, de habernos acompañado. No pude dejar de pensar en esa circunstancia, en especial cuando Foster desplegaba esas fabulosas herramientas de análisis que la Historia de Arte heredó de la filosofía europea de la post-guerra, y que llegaron a  nuestro medio por primera vez a través de esa excepcional pareja.

La idea de que el arte no es la realidad, sino su otro diferente. Que cada artista se enfrenta a ella en una relación de reconocimiento permanente.  Que cada artista deviene en un demiurgo ante su realidad,  interrogándola, retratándola para finalmente hacérnosla visible. La idea verificable y tangible que necesitamos del arte por ser humanos. Que ansiamos para existir -para subsistir- en la categoría de lo humano-  esa cualidad especial de verdad auténtica que está contenida en esas formas siempre diferentes del arte. Que Richard Hamilton, Gerhard Richter, Ed Ruscha y Thomas Hirschhorn, se han enfrentado con sus ojos a la omnipresencia de la forma  seductora de la mercancía. Que esa  presencia comercial nos ha mutado hasta producirnos en nuestra hoy tan frágil condición de humanos. Que frente a la mercantilización del deseo, de la energía vital, de nuestros recuerdos y  hasta la memoria de nuestras ilusiones, los artistas que Foster clasificó como la Primera Edad del Pop, aun podían hacernos recordar nuestra condición ya perdida. Pero que la magnitud de una comprensión unificada del mundo cambiante gracias al arte –el buen arte-, se  hiciera visible tan solo mediante la voz tranquila y pausada de un profesor y una secuencia de  imágenes, es lo extraordinario que se llama Historia del Arte.
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Hal Foster vale como uno de los últimos historiadores de arte. Su temprano interés  con lo más avanzado de la disciplina surgió en la edición de la Revista October en donde Rosalind Krauss y otros memorables nombres  interpretaron las imágenes de arte norteamericano bajo la teoría psicoanalítica de Lacan. En October Se produjeron  herramientas que hoy  poco se usan en el discurso de las imágenes y que Hal Foster desplegó en las charlas de la Luis Ángel Arango como “el trauma”, como la “visualización de nuestros impulsos”, como el problema de “las distancias”, como las relaciones con “lo universal y su reconstitución en lo cotidiano”, como “la construcción de las respuestas y sus articulaciones  con lo arquetípico”, como “las distintas categorías de verdad”. En la sesión de  preguntas, más bien famélicas, organizada por la Universidad de los Andes, Hal Foster marcó la distancia de su posición dentro de la historia del arte con los discursos sociológicos que re-producen  la misma categoría de verdad frente al poder y que reducen de un solo golpe la capacidad del discurso de las formas, de la naturaleza de los colores, de la lectura de los mensajes del arte. Quizá faltó en la Universidad de Los Andes el comprender  las profundas interrogaciones por lo social-participativo y que germinaron dentro de su notable labor como editor de “vision and visuality”. Por lo tanto faltó considerar las dos partes de un mismo discurso,  la forma de la imagen, así como  la imagen de la forma social que se visualiza.  Pero tanto como contrastan los dos lugares, el lujoso auditorio en los Andes  con el sencillo salón de actos de la ASAB, contrastaron los discursos que Hal Foster produjo  para estos dos espacios. En la ASAB a pesar del precario sonido y de la opaca proyección, la voz de Hal Foster condujo nuestra mirada sobre la poderosa obra de Thomas Hirschhorn y allí en ese salón de paredes tan frágiles, retumbaron ideas de nombres tan queridos como  Antonio Gramsci, Walter Benjamin, George Lukács, Giorgio Agamben, Jacques Rancière.

El tiempo que va desde 1953 hasta 2006. O entre la instalación de Richard Hamilton,Arte y Vida para el Grupo de los Independientes  y  la instalación individual de Thomas Hirschhorn llamada CaveManMan. Me refiero al tiempo cronológico de la primera imagen explicada por el historiador Hal Foster y la última. Este largo, larguísimo tiempo, lo conocemos nosotros como la época de La Violencia, del conflicto, del conflicto de baja intensidad, de la para-violencia. Durante este tiempo se transformó por completo nuestra ruralidad, mutó el cuerpo de nuestra gente, nuestro territorio produjo más plusvalía que la producida por el glamour de algunas mercancías.  Las formas que podrían dar testimonio de tan desgarradora situación siguen mudas, esperan ser miradas por ojos sensibles que acudan temprano como Hal Foster a la cita mental que separa el sentimentalismo de la razón. Mientras, desde la precariedad en que vivo, solo puedo contar  a los que apenas me oyen que existe algo que se llama Historia del Arte.

 

Fotografías: In memoriam
Richard Hamilton: Just What Is It That Makes Today’s Homes So Different, So Appealing?
http://celtibetico.blogspot.com/2011/09/richard-hamilton-la-muerte-de-un.html

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