Ser es ser consumido, una ontología neoliberal que se resuelve en excreción

El periódico El Tiempo registra pasivamente el ingreso al Ministerio de Cultura de otra economista que quiere aprender a pintar, cantar y bailar durante los fines de semana. Para las élites comerciales, la cultura es aquello que consumes de cuando en vez, un fin de semana de cocteles y luego desechas. Blandiendo la guillotina con la cual se corta a pulso la “nueva normalidad” en cultura, a las artes se les impone el patrón del libre juego de la productividad naranja y la economía creativa. Pintas, cantas y bailas los fines de semana y los otros días los dedicas a hacer “buenos negocios” para construir una cultura de emprendimientos de feria y tecnologías del espectáculo, es decir, de mercados limpios y transparentes, despojados de ruidos ciudadanos, estéticos y libertarios.

Las metas de la economía creativa y naranja son claras: colocarle cemento y varilla a la producción artística en los territorios y en las principales capitales del país, reforzar a las elites comerciales. Mincultura denomina a esta actividad de albañilería, el “componente cultural” que se le colgará como apéndice a todos los proyectos económicos.  Vale la pena recordarle al Boys&Girls Orange Club que se toma las artes, en  qué consiste la cultura. 

Cultura es todo aquello que por medio de la imaginación forma en virtudes ciudadanas, colaborativas y solidarias. Contraria a la competitividad neoliberal, la cultura es una ética solidaria. Por ello mismo, en lo albores de la modernidad, los teóricos hablaron de que la cultura es un interés desinteresado, es decir, un interés no mercantil. A partir de este gobierno todo lo que ellos llaman “cultura naranja” tendrá un precio. La Economía creativa puede comprar la libertad de cualquier artista. La resistencia de todo artista tiene un precio, ¡ay! 

Las metas de la economía naranja van por otro lado, van por lo suyo, por la ganancia mercantil:  1) separa a las ciudadanías por medio de la competencia despiadada, 2) fomenta la individualidad propia del emprendedor, 3) segrega a los “débiles” y propicia la sobrevivencia de los más fuertes en el tráfico de influencias. Dice la Vice Naranja: 

“En 2020, el Ministerio de Cultura junto con los mandatarios locales, ha logrado que de los 1.130 planes territoriales de desarrollo aprobados, 1.129 cuenten con componente cultural, donde el 100% tienen metas relacionadas a la construcción de cultura y transformación desde los territorios y el 56% tienen metas relacionadas al desarrollo de emprendimientos de base artística, creativa y tecnológica para la creación de las nuevas industrias. Mi tarea estará centrada en aportar para cumplir esas metas”.

Según la señora Adriana Padilla, Colombia no tiene cultura. Este gobierno asume la misión de construir y fundar esa cultura, la verdadera. Cultura será emprendimiento y tecnología, o no será.

La importancia de la cultura neoliberal se caracteriza  por su facilidad de ser consumida y excretada. Solo de esta manera la cultura puede garantizar su sostenibilidad.

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