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Giovanni Ferroni: Del Paisajismo al olvido

En la historia del arte colombiano hay aún pintores y artistas que a pesar de su contribución a la misma, no han llenado nuestros libros de arte.  Claro ejemplos de ellos, son Manuel Doroteo Carvajal, pionero del paisajismo en Colombia a quien Martha Segura le escribió unas páginas; Gustavo Sorzano, pionero del arte conceptual en Colombia, o Giovanni Ferroni, paisajista italiano, quien con su obra contribuyó a la construcción de la historia del arte de nuestro país.  Este último, gran paisajista, no figura en La pintura en Colombia de Gabriel Giraldo Jaramillo, ni en la Historia abierta del arte en Colombia de Marta Traba, ni en Colombia en las artes del profesor Francisco Gil Tovar, ni en Procesos del arte en Colombia del escritor Álvaro Medina; ni siquiera aparece en el Diccionario de artistas en Colombia de Carmen Ortega Ricaurte[1]. Pero, ¿Quién es este pintor? ¿Cuál es su historia y por qué no tenemos conocimiento de él?

Ferroni, era un pintor nacido en Ancona a mediados del siglo XIX, más exactamente en 1853. Debido al Rissorgimiento, momento cumbre en la unión de Italia, Ferroni tuvo que dejar su natal Ancona, para estudiar su colegio en Venecia. Y sería allí donde aprendería a pintar. El estilo veneciano que está presente en su obra, tiene las características propias de la pintura veneciana: el gusto por los colores producidos en el paisaje denotarían la simple belleza de la pintura, la sensibilidad a los elementos que allí se conciernen, y el toque romanticista que le da a la obra un grado de majestusidad único. Sus obras, expuestas en la colección de Arte del Banco de la República así lo demuestran. Es así como Nevado del Tolima, una obra con una esencia tan colombiana, en el que el campesino cruza la montaña cómo lo haría cotidianamente,  es dónde Ferroni le da una mirada no sólo como pintor, sino como el extranjero que era, como Darwin maravillado por el bosque tropical brasileño. Denota no solo los colores en esta obra, sino la escena misma, cada una de las plantas que allí están y que son nuevas para él, la vestimenta del campesino, y lo insignificante que se ve en comparación al nevado.

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Giovanni Ferroni, Vapor a orillas del río Magdalena

Ferroni fue un gran pintor. Llegó a Colombia en 1894 para ayudar en la ornamentación del naciente teatro Colón, en el que pondría seis pinturas —las cuales serían El puerto de Arrancaplumas, un lago de Ginebra, Suiza,[2] El puerto de paso de Ambalema, Tolima; Un paisaje de la Sabana de Bogotá; El camino del Tequendama y un barco de Vapor a Orillas del Río Magdalena[3]. Dichas Pinturas, según registros, eran de un tamaño monumental, puesto que median 186 cm. de alto por 132 cm. de ancho.[4] Los cuadros, por desgracia, desaparecieron, y no se sabe el paradero de los mismos, más sin embargo, puede que hayan quedado en colecciones privadas de familias acaudaladas. Esta “Exposición” le valió un puesto en la Escuela de Bellas artes, en dónde ayudaría al maestro Andrés de Santa María en la cátedra del paisaje. Como maestro de la escuela de Bellas Artes, dotaría a los futuros paisajistas del estudio de las formas, de la toma de apuntes al aire libre y la realización de los mismos en sus cuadros futuros.  Ya que Luis de Llanos había muerto recientemente a  la llegada del maestro Ferroni[5], sería el italiano quien con sus dotes venecianas, y su apropiación estética del paisaje, reforzarían la cátedra de paisajismo en la escuela de Bellas artes[6]. Enseñaría de color y forma, de iluminación y de toma de apuntes al aire libre, los cuales serían compensados por sus alumnos quienes “inclusive artistas considerados ejemplos sobresalientes de la pintura académica, contra cuya solemnidad y grandilocuencia se había reaccionado con la pintura de paisaje, ejecutaron uno que otro panorama”[7]  Sin embargo, su estadía en el país no duraría mucho. Fue estafado con la venta de una mina en Tolima, y tras hacer el viaje para verificar lo que le habián vendido, debido al viaje, enfermó y murió en 1898. Esto no le impidió  aparecer en la Exposición Nacional de Bellas Artes y Música 1899. Pero no fue él, sino su legado, expuesto por su esposa Magdalena Ferroni. Ella, exhibiría siete cuadros de paisajes hechos por el maestro Ferroni durante su estancia en Bogotá y en el país.

A pesar de todo esto, el maestro Giovanni Ferroni fue perdiéndose en el tiempo bajo las capas del olvido y de las nuevas propuestas artísticas del siglo XX. Gran culpable de ello, del poco interés de los historiadores para profundizar acerca de este gran maestro, es la poca obra que se conserva de él. Muchas de sus pinturas, fueron compradas por las familias bogotanas acaudaladas del siglo antepasado, las cuales tendrían la tendencia de poseer una obra de un artista italiano —en el que la técnica, el realismo y la procedencia del artista serían los tópicos a juzgar por el comprador— y por ende, reunirlas todas, o en su mayoría, sería difícil, puesto que no se sabe con certeza cuantas obras existen, o qué familias las tienen, y si al menos ellas saben a qué “Giovanni Ferroni” hace referencia la firma de los mismos.

Como pintor, Ferroni dejaría grandes avances en la historia del arte colombiano. Como extranjero, fortaleció las expresiones artísticas que se desarrollarían más adelante en el tiempo, proporcionando de este modo unas nuevas preocupaciones artísticas, generando lo que Beatriz Gonzales definiría como “Ruptura” —concepto que luego le daría nombre a la sala de la Colección del Banco de la República, en dónde están exhibidos los cuadros de Ferroni “Rupturas y Continuidades”—: “rupturas como el cambio de modelos y temas: a las gentes del pueblo se las retrató como héroes, y continuidades, en particular en los sistemas de expresión. Se habían heredado el oficio de taller y, gracias a la expedición Botánica, la observación de la naturaleza y la técnica de la miniatura. El arte del siglo XIX se inició con buenos augurios: estaba dominado por dibujantes que practicaban el arte —ciencia que le mereció un lugar mundial en esta especialización desde finales en el siglo XVIII —y un desarrollo técnico que permitió un cambio en los temas y las alegorías”[8] originando que atrás quedaran paisajes históricos— en donde la escena histórica será más importante que la técnica pictórica e inclusive el paisaje— usados con un fin meramente ornamental como en el caso de La Muerte de Sucre de Pedro José Figueroa. De esta manera se da paso a artistas interesados no solo en la historia patria, sino a buscar inspiración en una mirada a su alrededor en donde las nacientes problemáticas socioculturales intervendrían en las obras de los pintores que vivirían el siglo XX. Los artistas se interesan por su incursión en otros mundos para resolver sus propias inquietudes,[9] en la que sería la segunda generación de la Escuela de la Sabana, recogiendo los vestigios dejados por los pintores en el siglo XIX, continúan con la representación del paisaje en la sabana de Bogotá. [10]

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Pedro José Figueroa, La muerte de Sucre

Ferroni traería consigo no solo el aporte romántico y veneciano del paisaje expuesto en sus primeras obras. Traería con él, la mirada pictórica de mirar su entorno e ilustrarlo, de hacer de su obra por Colombia la referencia de que él estuvo en esos lugares, contándonos su vida de forastero en este nuevo mundo. Usaría los fines científicos de la observación —que se usarían en la expedición botánica, en las travesías de Humboldt y en la comisión Coreográfica, pero eso no significaría que fuera trnashumboltiano—, para alterar el paisaje bajo la mirada artística, con una inquietud pictórica y una curiosidad cultural en el que las nuevas costumbres y ese paraíso perdido que parecía Colombia, se convertirían en la fuente de sus cuadros, que lo pondrían en la historia artística de nuestro país, proporcionando con ellos, la afirmación de la intervención extranjera en el mismo.

Sus obras, abrieron el inicio del paisajismo como temática académica, puesto que como expresaría Beatriz Gonzalez: “El siglo XX se inició con una adhesión decidida al paisaje vernáculo que se venía desarrollándose desde 1894”[11], y no sería para más, pues en este año comenzaría la Catedra de paisajismo en la escuela de Bellas Artes, y llegaría Ferroni, quien con sus pinturas de paisajes colombianos, más cerca al estilo Europeo[12], daría paso al paisajismo como temática en el siglo venidero.

[1] Mutis Durán, Santiago. Arte colombiano del siglo XIX: Apenas 100 años de historia [En Línea]. Documenting electronic sources on the Internet. 2006. [fecha de consulta: 13 de Agosto de 2015] Disponible en http://ciudadviva.gov.co/septiembre06/magazine/2/index.php

[2] En referencia al cuadro expuesto en el Teatro Colon, un lago de Ginebra, Suiza, El cual, por su castillo, los colores apastelados, y la hermosa vista europea, podríamos deducir que sería una copia maximizada  del cuadro “Pintura en época itálica”

[3] Un barco de Vapor a Orillas del Río Magdalena posiblemente es el cuadro más famoso de Giovanni Ferroni y del que aún se conserva en presencia de todos hasta nuestros días. Podríamos inferir que se trata de Vapor a Orillas del Río Magdalena

[4]  VIOLA BOTTA, Roberto. Biografía y relatos de italianos en Colombia (entre 1492 y 1938). Granadina.  Bogotá.  2000. Pág. 91

[5]Llanos murió en octubre, poco meses después de vincularse a la escuela (1894)” (GONZÁLEZ, Beatríz. “Arte colombiano del siglo XIX”. Bogotá: Fondo Cultural Cafetero, 2005 Pág.  148)

[6] Puesto que no solo por las impresionantes obras de Santamaría surgiría el paisajismo como temática, sino por la ayuda de Luis de Llanos, Es en este punto en que se infiere la participación de Ferroni en el mismo, puesto que tras la temprana muerte de Llanos, el italiano, con sus dotes venecianas, y tras sus aplaudidos cuadros expuestos en el Teatro Colon, llamaría la atención de Santamaría, para fortalecer la catedra de Paisajismo en la naciente escuela.

[7] SERRANO, Eduardo. La Escuela de La Sabana. Museo de Arte Moderno Novus Ediciones, Bogotá. 1990. Pág. 34

[8] Gonzales, B. (CT). Rupturas y continuidades. Recuperado el 28 de Marzo del 2016 de  http://www.banrepcultural.org/coleccion-de-arte-banco-de-la-republica/curaduria/rupturas-y-continuidades

[9] Como sería el caso de Gonzalo Ariza, quien sería el primer colombiano en viajar a un país no Europeo (Japón) , en donde aprendería de ello para realizar sus pinturas paisajistas. Tal sería la inquietud de Ariza por el Paisaje, que se fijaría en la vegetación, puesto que “…con la vegetación se trata de encontrar una relación con el todo que lo rodea… que también tiene que ver con los recuerdos de olores, por ejemplo, aquellas sensaciones que también se refunden en la memoria” (ESCALLÓN, Ana María. El Hombre en el Paisaje. En-trevista a Gonzalo Ariza. Bogotá. 1989 Pág.20).

[10] “La segunda generación de pintores de la escuela de la Sabana (…) Aludían a un número amplio de pintores, más jóvenes que los anteriores, por lo general nacidos en los albores del siglo XX, y quienes continuaron el camino abierto por los primeros paisajistas tanto en su definición del arte a partir de la representación de la naturaleza con fidelidad a su apariencia”( Serrano, 1990: Pág. 34)

[11] Gonzales, 2005: Pág.  150

[12] Santos Castillo: 2001: Pág. 125.

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