“El bloque nos une”, una instalación escultórica de Sergio Mendoza, en UN_Fair Tequendana, 2026.

Más allá de que el ladrillo logre hablar en en el antiguo Centro Internacional de Bogotá sin olvidarse de sí mismo, de que persista en reiterar que es el artefacto que no solo le otorga identidad a la arquitectura bogotana y carácter a muchos trabajadores de lo que Martha Rodriguez y Jorge Silva llamaron Chircales; más allá de que una alegre pero inquieta coreografía de ladrillos haya interpelado la beatitud institucional en un lugar emblemático de la ciudad, la propuesta instalativa de Sergio Mendoza evidencia una sensibilidad espacial situada y un conocimiento sensible que atrae las miradas de las y los paseantes indiferentes hacia aquello que se resiste a ser verbalizado por las instituciones buitre. De sobra sabemos que en toda respuesta, en este voltear a mirar del performer ciudadano, se refrenda la pregunta por el ser de una ciudad que a diario se disuelve entre los humores de las poblaciones que tratan de habitarla con lo que les resta de dignidad. En Bogotá la dignidad es un resto, y como tal muy potente.

Austera en su concepción material, sencilla por su complejidad espacial, pensada cuidadosamente su semiótica popular, “El bloque nos une” es una propuesta plástica que reivindica sugestivamente una poética perdida. De golpe, las y los transeúntes se encuentran inmersos dentro de tres paneles vestidos con materiales humildes, que activan sus miradas desplegándolas por medio de diversos juegos visuales hacia los cuatro puntos cardinales de una ciudad asediada por una institucionalidad apabullante. Con alegría, los paneles intervienen no solo el espacio, su liviandad obliga a detenerse, invita a los transeúntes a mirarse, sus líneas ligeras, dinámicos y móviles salen al encuentro interrumpiendo los imaginarios de un público esquivo y neurótico, narcisista y voraz. La obra de Sergio Mendoza —porque es obra en diversos sentidos— , provoca invitando al lenguaje callejero a dejar un mensaje impreso y al artista a conservar esta huella registrada en ladrillo.

“El bloque nos une” de Sergio Mendoza habla no solo de la soledad de las obras de arte contemporáneo y de las mezquindades de sus tenedores, también, y quizá principalmente, demanda ser apuntada, suturada, comentada, ligada, excrita bloque a bloque, hablada letra a letra, tejida agujero por agujero. La obra de arte real actúa, transforma porque habla con verdad. “El bloque nos une” conmina a leer la poética de sus imágenes y demanda la respuesta veloz que suelen dejar impresa los artistas callejeros en los muros poetizados de la ciudad: “El pueblo no copea”, acota el artista callejero. Con esta bella respuesta la calle no solo le da la bienvenida al solitario artista de El Tequendama, también le envía un mensaje claro a vecinos como el Museo Nacional y el emporio hotelero que la circundan.

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