Pronunciamiento público Facultad de Artes-ASAB

Acerca de las intervenciones en las 

Instituciones culturales y la política cultural en Colombia

Los Derechos Humanos y las instituciones museales en la actualidad comparten un horizonte de principios asociado a la defensa de la equidad, el derecho a la memoria y la democratización del conocimiento. Museos y universidades cumplen una función fundamental en la comprensión crítica de las artes, las culturas y la historia, y, fundamentalmente,  contribuyen a la formación ética, estética y política de la sociedad. A través de sus labores pedagógicas, académicas y culturales, promueven el reconocimiento de la diversidad cultural y la construcción de una vida colectiva basada en el respeto mutuo.

Tanto los museos como las universidades amplían aquello que Richard Rorty llamó «el nosotros»: el reconocimiento de quienes históricamente han sido excluidos o considerados ajenos. Sus discursos, relatos y prácticas tienen la responsabilidad de develar las formas de discriminación y cuestionar las jerarquías que han legitimado unas memorias mientras han silenciado otras. En este sentido, las instituciones culturales y educativas son espacios fundamentales para el reconocimiento de la pluralidad de experiencias, saberes e identidades que constituyen nuestra sociedad.

Colombia se ha configurado a partir de múltiples legados culturales, entre ellos los de los pueblos indígenas, afrodescendientes, europeos y mestizos. Esta diversidad de experiencias constituye una dimensión fundamental de nuestra historia e identidad colectiva. Reconocerla implica examinar críticamente las desigualdades históricas y las violencias epistémicas y culturales que han afectado a las mujeres, los pueblos indígenas, las comunidades afrodescendientes y las diversidades sexuales, entre otros grupos históricamente marginados.

Sin embargo, persisten discursos y prácticas que buscan borrar memorias, deslegitimar saberes y subalternizar identidades que se han distanciado de la tradición hegemónica. Estas prácticas reproducen lógicas coloniales que impusieron relatos ajenos, desplazaron cosmogonías originarias y marginaron lenguas y conocimientos ancestrales. Frente a estos procesos, resulta indispensable defender la pluralidad de las memorias y el reconocimiento de las distintas formas de comprender, narrar y representar nuestra historia.

Como profesoras, profesores, estudiantes y egresados  de una facultad de artes de una universidad pública, manifestamos nuestra preocupación por la orientación monodiscursiva de la política cultural anunciada por el Gobierno nacional que encabeza el presidente Abelardo de la Espriella. La denominada «batalla cultural», impulsada por la ministra de Cultura, Paola Holguín, en el ámbito del Museo Nacional de Colombia, plantea interrogantes sobre el lugar que ocupan la diversidad cultural, la pluralidad de las memorias y el pensamiento crítico en las instituciones públicas.

Esta preocupación se relaciona con las recientes intervenciones en el Museo Nacional de Colombia, que han modificado espacios expositivos e intervenido relatos museográficos y museológicos con los que docentes y estudiantes de nuestra facultad mantienen vínculos de investigación, creación y curaduría. También observamos con inquietud las decisiones que afectan a otras instituciones culturales, como la Biblioteca Nacional y el Instituto Caro y Cuervo. Estas actuaciones suscitan un debate que trasciende los cambios puntuales en las exposiciones y compromete la orientación misma de las políticas públicas de memoria, patrimonio y cultura.

Nos preocupa, particularmente, una concepción de la cultura que restringe la autonomía curatorial y establece criterios limitados sobre aquello que puede considerarse legítimo, valioso o representativo de la historia nacional. Estos cambios pueden y deben construirse colectivamente, mediante el diálogo entre comunidades, artistas, investigadores, equipos curatoriales y demás gestores vinculados a las instituciones, reconociendo la pluralidad de perspectivas y la complejidad de los procesos históricos. Sin embargo, cuando las intervenciones responden a perspectivas excluyentes o buscan sustituir unas narrativas por otras sin reconocer la complejidad histórica y cultural del país, se corre el riesgo de reproducir las mismas formas de silenciamiento que las instituciones contemporáneas están llamadas a cuestionar.

Desde el campo de las artes, la educación y la investigación, consideramos que los museos deben ser espacios de reflexión, controversia y encuentro entre perspectivas diversas, y no instrumentos para imponer una visión única de la historia o de la identidad nacional. La pluralidad de los relatos no constituye una amenaza para las instituciones culturales. Al contrario, es una fortaleza: una condición para reconocer su relevancia pública y democrática.

La Facultad de Artes ASAB reafirma su compromiso con la defensa de las memorias plurales, la diversidad cultural, la autonomía curatorial y el pensamiento crítico. Reconocemos el valor de las acciones colectivas que promueven el debate público sobre las decisiones que afectan nuestras instituciones culturales y consideramos indispensable mantener abiertos estos espacios de reflexión y participación.

Defender la pluralidad de las memorias consiste en defender la posibilidad de construir una sociedad democrática que sea capaz de reconocer la complejidad de su historia, la diversidad de sus pueblos y la legitimidad discursiva de sus múltiples relatos y formas de existencia y conocimiento.

Asamblea docente y estudiantil

Facultad de Artes ASAB

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