Sobre el Orgullo de las “diversidades”, sí, con comillas.

En Colombia somos campeonas y campeones cuando se trata de inventar eufemismos que sean capaces de liberar la lengua de sus atavismos, de sus traumas más sentidos pero también de sus fantasías más amadas, eufemismos que tienen la misión de disimular el odio inconsciente que se siente hacia aquellas personas que no son acogidas por el estatuto heterosexual, blanco, clasista, homofóbico, lesbofóbico, misógino, racista, transfóbico y sexista que regula la cultura hegemónica.

Constatamos nuestra vocación por el eufemismo con el ocultamiento de una palabra que en Facebook no se la puede nombrar ni escribir sin sanción porque se la considera una ofensa, con razones culturales de peso, política que protege a las personas que son afectadas.

Hace cincuenta años en Colombia se oía hablar de gente de “ambiente”, luego irrumpió la palabra gay que sonaba más elegante, después las prácticas mencionadas se tecnificaron y se introdujo el acrónimo Lgbti como parte de la política pública, posteriormente hizo su debut la expresión queer recuperando el viejo sentido de tolerancia liberal, y ya recientemente se ha comenzado a hablar de “diversidades”, aunque todavía trasparentando el recelo atávico, traumático o fantasmático con el que ha tenido que lidiar nuestra cultura de la incultura.

“Diversidades” es una expresión reciente en los circuitos cultos que intenta ser “respetuosa”, “tolerante”, “amable”, “condescendiente” con las personas marcadas en rosa y perseguidas culturalmente por sus construcciones de género o por la exploración libre de su orientación sexual; también condescendientemente se agradece la innovación, aunque se tiene la percepción de que algunas personas usan esta expresión a sabiendas que continúan reforzando el negacionismo, el ocultamiento, el oprobio de las personas que la expresión “diversidades” oculta. “Diversidades” oculta más de lo que debe revelar.

Por su parte, los grupos excluidos, o poblaciones, como se las denomina hoy técnicamente, han optado por no sacarle el cuerpo a la expresión que nos excluye de lo humano, usamos conscientemente la palabra nefanda sobreinterpretándola y purificándola de su sentido abyecto para que con la sobreexposición de su sentido se haga visible la exclusión y se muestre abiertamente la historia de las violencias sexuales que el régimen heteropatriarcal esconde. El lenguaje que excluye protege al agresor. El activista Manuel Antonio Velandia Mora con frecuencia suele desplegar esta estrategia, esta política de resignificación del lenguaje estigmatizador y muches han seguido su ejemplo. La expresión “Diversidades” no emancipa , al contrario, refuerza el señalamiento.

Fotografía : activismo Lgbti en 2021, en el CMPR – Centro de Memoria Paz y Reconciliación.

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