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Yury Forero: un ser en el mundo

Ebullición y Basamento es una instalación performativa en la cual Yury Forero se pregunta por el ser de la palabra. Aquello que ebulle es la palabra en acto. El basamento es el discurso que la hace perceptible. Forero es una ebullición que insurge en el basamento contemporáneo, en los discursos que someten la palabra libre. La palabra sin libertad es discurso.  La palabra libre no es un canto individual. Al contrario, es coro de hablantes.  Durante el ejercicio colectivo realizado en las instalaciones de Estudio 74, queda clara la pregunta del artista: en Arte, ¿quién habla hoy? El maestro pregunta y quienes pueden hablar con libertad deben responder. La libertad en la palabra obliga. Actualmente, el mercado pretende hablar a nombre del coro de hablantes que configura el ser humano. Sin embargo, en los bordes del Mercado insurgen acciones habladas como aquellas que propician artistas como Yury Forero. He ahí la importancia del arte post-contemporáneo. Forero no es un artista contemporáneo. Contemporáneos son quienes intentan pensar solo para vender. El artista contemporáneo es un ser para la Feria.  Forero está prometido a la palabra. Sin él saberlo, algún Dios lo prometió al habla. Piensa para comprenderse y habilitarse como poeta, como transfigurador de realidades, de basamentos. Este compromiso consigo mismo, lo habilita para tocar el mundo, para dislocarlo, para reinstalar en él la palabra del poeta. En este tocar mundo insurge la política. Fernando Pertúz acompaña a Forero en esta aventura. Uno al otro se acompañan mostrando que uno no es compañía.  Pertuz aparece como curador en Ebullición y Basamento, pero se siente incómodo con esta nominación. No es para menos. Por otro lado, durante el tiempo que la propuesta estuvo abierta, los artistas estuvieron acompañados por la comunidad artística, en especial por Ana María Villate, Adrian Hueso y Diana Carolina Romero.

Forero pone en acto conversado y coreografiado lo real, ese disloque que intuitivamente llamamos “la realidad”. Lo real —el disloque—,  es aquello que es silenciado por las imágenes institucionales. El artista lleva la palabra a lo real. La palabra configura la realidad. Con la palabra acontece lo político y la política. Sin palabra no hay política. La palabra expone lo real en sus múltiples juegos, aquellos que insurgen entre ebullición y basamento. Las sociedades libres, aquellas que reivindican la multiplicidad como principio de la acción, se configuran en el juego que se da entre uno y otro estado, entre la fuerza que atrae y sedimenta y aquella otra que dispersa y disuelve, entre lo abierto y lo cerrado, entre lo ligero y lo pesado, entre la palabra abierta del poeta y el discurso cerrado de la ciencia del arte. Las citas que Forero toma de la historia del arte, son ejemplos de este juego. Las diferentes figuras que componen la propuesta artística reiteran la multiplicad de sentires que emergen en el juego de los opuestos que pierden su rol de tales durante este juego mortal, pues, una vez se entra en juego la realidad queda disuelta. Todo juego es mortal. El juego es movimiento incesante. Quien se detiene pierde su ser, es decir, el movimiento de la huella que le da ser. El juego cambia la realidad permanentemente. Así es una instalación performativa de Forero: se abre a públicos amplios y se sedimenta en aquello que Fernando Pertúz llama una pieza, evocando con esta nominación una composición musical encarnada en cuerpos que se coreografían a sí mismos.  En el juego, siempre estamos cambiando de lugar y de posición. El compromiso del artista por el cual preguntamos hoy en día, no lo encontramos en los contrarios. Ni en las ideologías políticas que se expresan en los discursos de los grandes medios de formación de públicos sumisos, ni en las teorías estéticas que, de oficio, las ilustran de manera profesional. El compromiso es con el movimiento, con la huella de libertad que se resiste a desaparecer y habita a todo artista. El artista de verdad no produce seres sumisos. Cuando el artista sale de lo real y se encuentra con la palabra que une y separa, se constituye en un emancipador de sí y de los otros.

Yury Forero no es un artista sumiso. Tampoco quiere mujeres ni hombres sumisos. Tampoco es un profesional, en el sentido que abajo explicaremos. Fernando Pertúz sigue la misma ruta. Los dos artistas que se acompañan mutuamente en esta propuesta artística son rebeldes con causa. Exploran signos que les permiten configurar una realidad otra, una que sea incluyente, que resuelva aquellas dialécticas modernas que crean amos, feudos y siervos para el mercado de Arte Profesional. Ambos quieren tocar la realidad cosificada para abrirla y transfigurarla. Forero es un insurgente que trabaja en las entrañas de ser con otros, allí en donde la injusticia no se camufla. Allí en donde se muestra sin pudor y con descaro, es decir, sin palabra, sin libertad.

Pertúz transporta las ideas de Forero a otros mundos. Las inserta en otras dinámicas. Lleva a Forero a explorar los mundos virtuales que conflictúan con el orden mercantil establecido. Hoy no hay sociedad. Solo el mercado existe. Este salir desde sí mismos de los dos artistas, este movimiento, es un salir al Encuentro de los otros, los ascépticos que se aíslan en las redes sociales. Este es el compromiso. Dar un paso en el fuera de sí, en aquello que aún no tiene signo, o lo ha perdido, consiste en transitar hacia el encuentro del otro u otra. El compromiso del artista consigo mismo está orientado hacia aquellos seres que están en los lindes del mundo cosificado. Aquellos y aquellas que resisten los procesos de cosificación que impone el Mercado Global. El siglo XX le exige al artista compromiso, pero siempre como respuesta a las necesidades y esperanzas de cada época. El hombre y la mujer de hoy habitan sin habitar aún, están en la ebullición de la red que Forero espera que sedimente en un mundo igualitario.

Al igual que a Diógenes le bastaba un cuenco y un tonel para existir en el pensar, para Forero es suficiente un cambuche o un pedazo de roca, o un guijarro inmensamente simple. Forero piensa en conversación con otros, abre a los otros su pensamiento. Las figuras mediante las cuales ofrece su manera de pensar, plantean muchas preguntas. La principal de sus inquietudes conceptuales se plantea en un vidrio circular en el cual está inscrita la siguiente pregunta: ¿historia hoy? La escritura que escruta el entendimiento del lector se localiza en la parte superior del círculo. Forero quiere que el espectador escriba con él, que esboce sobre el vidrio un intento de respuesta a los problemas de hoy, en especial, respecto a la ausencia de los artistas como él y Pertúz dentro el lenguaje institucional. Sin embargo, no se trata de ellos solos. No es una querella egoísta por un mendrugo de pan, por sobras estéticas que ArtBO le deja al Ministerio de Cultura. Saben que son muchos los artistas que son marginalizados por el Arte Institucional o Profesional.

Al parecer, Forero pregunta: ¿se puede configurar una historia del presente que sea más igualitaria? ¿Quién la escribe? ¿Acaso el historiador? No, pues, el objeto del historiador es el documento mediante el cual se hace presente el pasado en aquel hoy, atrapado como está en todo tipo de conflictos. ¿Quién entonces puede escribir la historia del presente? Evidentemente, los artistas. Estos pensadores del espacio en movimiento se sumergen en la actualidad para escucharla. Como se sabe, la escucha es una de las modalidades en que se nos da la comprensión del sentido de aquello que queremos ser hoy. Forero medita. Meditar consiste en discolocar el yo para que el cuerpo se expanda, para que regrese a sí, al flujo de la existencia. Forero insiste una y otra vez en este término: la dislocación. Durante su instalación performativa, la inquietud por el otro, la vuelve hacía sí, sale al encuentro del olvido de su sí mismo. Forero es un meditador: un filósofo. Meditar no es argumentar egóticamente. Consiste en el acto de emanciparse del sí mismo colonizado por todo tipo de filosofías.  En el sí mismo, Forero expande su cuerpo, solo así se puede pensar. El suyo es un cuerpo que ha sido tallado no solo con agravios estéticos, políticos o sociales. También las ideas de otros pensadores han modelado su cuerpo, Beuys y Duchamp principalmente. Estos artistas asaltan con frecuencia su espacio y lo dinamizan. Mediante este ejercicio comprende lo que somos en un mundo controlado por agentes mercantiles.

Durante la conversación entre Yury Forero, Fernando Pertuz, Orlando Salgado, Jorge Peñuela, Liliana Caycedo, Diana Carolina Ochoa y los asistentes a este Encuentro, se configuró una comunidad de habla en la cual se tramitaron emociones, experiencias, ideas, prejuicios y tensiones. Para orientar el ejercicio de estar con otros, nos preguntamos lo siguiente: ¿cómo se compromete un artista hoy? De inmediato, la pregunta genera tensiones, disloca la realidad de la instalación performativa, pues, en la actualidad se dice poco cuando se dice que el compromiso es con la sociedad o con la vida. Es necesario hacer la pregunta y los dos artistas asumen el reto de responderla.  No eluden este compromiso consigo mismos.

El talón de Aquiles del llamado arte político consiste en que no se cuestiona a sí mismo. Muchos artistas políticos olvidan que, para transfigurar el mundo, primero hay que tener el coraje de cuestionarse a sí mismo, de modificar las verdades del yo neoliberal que todos y todas llevamos dentro, régimen económico por el cual inconscientemente luchamos, en especial, los artistas profesionales. La meditación propicia la deconstrucción del sí mismo colonizado. Aunque el artista no tiene que responder a este tipo de preguntas o cuestionamientos, a mi manera de ver, durante el Encuentro en Estudio 74,  artista y curador respondieron de manera satisfactoria, en sentido fuerte de responder: se responde por el sí mismo, por aquello que nos hace ser. Los artistas escuchan la advertencia con que el crítico interrumpe su realidad. El compromiso social o político, expresado a secas, es un discurso demasiado amplio y, por su bastedad no se puede cumplir. Queda reducido a arenga inane, sin potencia de tocar aquello que se quiere transfigurar.

El artista de hoy no se resigna a ser un ser sin compromisos, sin nada qué soñar o decir. Nuestra época exige compromisos, sueños y palabras. Quizá toda época. Talvez aquello que llamamos “época” solo sea una relación diferente entre compromisos, sueños y palabras. He aquí la ética que muchos artistas reclaman hoy en día como una manera de ser artista actual. El fracaso del artista de otras épocas a este respecto, nos lleva a pensar nuestros propios problemas de manera diferente.

Marta Traba aseguraba que Obregón tenía un compromiso con la pintura. Considero legítima la afirmación, entre otras cosas, debido a que Traba argumentaba desde la sensibilidad estética que su época exigía. Toda época tiene sus compromisos, sus sueños, sus palabras, su estética, su política. También su ontología.  Hoy los problemas son otros, uno de ellos, la ausencia de palabra, la ausencia del otro, la ausencia de política. Sin el otro no hay compromisos, tampoco sueños, mucho menos palabras. Hoy no hay otros. El hombre y la mujer de hoy sobreviven sin mundo.  Por ello mismo, el artista post-contemporáneo debe llevar sus grafías hasta la palabra que le sale gozosa a su encuentro. Con sus grafías, el artista anuncia la palabra que desjerarquiza, que modela una sociedad otra, una más igualitaria, más incluyente y justa. En este momento insurge la política del artista. Solo en la palabra hay política. Una vez más, Forero llama dislocación a esta insurgencia que clama por palabra. Su acción cambia la relación entre historia y ficción. Muestra el oficio del historiador como ficción, y la acción del artista como el lugar en donde resplandece la verdad. Respecto a esta idea, Forero cita a Beuys, un artista inquieto por su sociedad y los problemas de su tiempo.

Yury Forero es un artista colombiano que tiene mucho que aportar a nuestras prácticas, pero por ello mismo, aquí, a pesar de ser colombiano, no tiene acogida en los espacios institucionales. Aporta experiencias que ayudan a comprender problemas álgidos del arte colombiano. Actualmente, dentro del régimen que controla el destino de los artistas, es muy importante la Profesionalización del Artista, y por su puesto la Acreditación de la Escuela. En Colombia, la Escuela te da un barniz, una especie de Glam que te hace superior a los demás mortales, así no tengas compromisos ni sueños o nada qué decir. Los que tienen compromisos, sueños o algo que decir, como Forero y Pertúz, se quejan de esta indiferencia institucional hacia ellos. Los Artistas Profesionales no comprenden que el Glam con el cual se cubren, en su esencia es una experiencia de libertad, una manera de relacionarse con uno mismo de manera diferente. Actualmente, quien controla la profesión del artista es la Señora Usura que dirige las Ferias de Arte. Un ciudadano del común no puede tener una pintura de un artista que aprecia. En un foro de Facebook, Federico Daza, director del espacio de arte contemporáneo El Validadero Artístico, lo expresó de manera elegantemente descarnada: la Profesión en artes es una Bolsa de Valores. Es un campo de especulación. Las acciones de unas empresas valen más que otras. Este control institucional de la profesión por parte del Estado Social de Mercado por medio de un Glam vaciado de su sentido de libertad, es importante para el régimen neoliberal. En primer lugar, porque clasifica y segrega. En segundo lugar, porque clasifica y sectariza. En tercer lugar, porque masifica y esclaviza. En cuarto lugar, porque tecnifica y banaliza. En quinto lugar, porque venaliza. Sin ambigüedades, Forero y Pertúz toman distancia con respecto al régimen que controla las Ferias de Arte Profesional

La instalación performativa de Yury Forero es un canto de libertad, son hojas de yerba: es decir, un ser para el viento. Aquí contradigo a Heidegger: el artista-hombre-mujer no es un ser para la muerte. ¡Es un ser para el viento! ¡Qué más libre que la yerba! Mucho del Arte Profesional que apreciamos en muchos Salones es amanerado, cerebral, pretensioso y venal. Muchos de sus promotores no saben lo que es el canto. Forero sabe que el asunto central de todo arte es propiciar una experiencia de canto. El artista profesional no canta. La conversación en Espacio 74 entre público y artistas fue un canto que Forero supo coreografiar.

En conclusión, el Artista Profesional solo es un servidor, aquello que algunos artistas como Dimo García llaman bufones de corte renacentista. ¡Ay la Escuela! ¡Ay las Ferias de Arte! ¡En alguno de esos no-lugares nos darán a beber la cicuta! Pero no importa. Forero y Pertúz saben que lo importante en arte es la igualdad en libertad.

Fotografías: cortesía de Meira del Busto.

 

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