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Batalla de sexos: 1850-1950

Se trata de una perturbadora exposición en el Museo de Städel de Frankfurt. Es perturbadora porque algunas de sus bellas obras son chocantes para la sensibilidad igualitaria que se está modelando en la actualidad.  El video promocional de la exposición refuerza la tesis de la curaduría: el conflicto entre sexos es una guerra a muerte. Especialmente chocante es la pintura She, de Gustave Mossa, en la cual se presenta un prototipo de mujer que vilipendia a todas las mujeres. Se trata de la mujer devoradora de hombres, la femme fatale.

Gustav Adolf Mossa, She, 1905, óleo y hojilla de oro sobre lienzo

En la pintura de Mossa se aprecia a una mujer sobredimensionada sentada encima de una montaña de cuerpos de hombres diezmados, vencidos. Por un lado, la cabeza de la bella mujer se halla coronada con una diadema entretejida con sus cabellos. En la parte frontal de la misma se lucen tres cráneos escoltados por dos cuervos, las aves del mal. Sobre los cráneos, el pintor escribe: “aquello que deseo, lo ordeno, mi voluntad es razón suficiente”. Por otro lado, el cuello de la mujer se encuentra adornado con un collar en el cual se lucen una pistola, una daga y una cápsula de veneno. La iconografía violenta asociada a esta figura femenina muestra con claridad la manera como el poder falocrático se impone a la sensibilidad femenina. Evidencia la subalternización que las mujeres padecen. En el mejor de los casos, caricaturiza a las mujeres y muestra con vehemencia un rencor abierto hacia ellas, el cual está muy lejos de ser sólo la expresión de un trauma personal del pintor. La imagen denigrante, recoge el sentir de un público masculino amplio y refuerza la investigación documental. Los curadores citan a Schopenhauer: “Basta sólo con observar su figura para darse cuenta de que las mujeres no están destinadas para el trabajo físico y mental esforzado”.[1]  Quizá por estas circunstancias, se selecciona la pintura de Mossa como portada del catálogo.

Elfriede Lohse-Wächtler, Lissy, 1931, acuarela sobre lápiz

Los curadores Felicity Korn y Felix Krämer hacen una investigación dentro de un periodo de tiempo que se caracteriza por una férrea lucha entre los sexos. Los hombres se fueron a las guerras y, para su sorpresa, las mujeres salieron adelante sin ellos. Al regreso de las guerras en que se enmarca la investigación curatorial, en especial después de la Segunda Guerra Mundial, Occidente ya no volvió a ser igual. A partir de entonces, las mujeres muestran que pueden ser excelentes artistas y pueden superar a los hombres en muchos otros campos. Por ello mismo, no ceden a los hombres su conquista del espacio público y deciden seguir con las aquellas prácticas en las cuales sobresalen, no sólo en las artes.

Lovis Corinth, Salome II, 1900, Oil on canvas

Particularmente, las pinturas recogidas en Batalla de los sexos ponen en escena muchos de los imaginarios en que se resguardan muchos miedos, desde el mítico miedo masculino a la castración hasta el miedo a la pérdida de privilegios políticos y sociales. Hasta nuestros días, en general, los hombres sienten miedo del éxito de las mujeres no sólo en el arte sino en otros espacios públicos, restringidos solo para la participación masculina en el periodo investigado. La misoginia que caracteriza a Occidente enraíza en estos miedos. Dentro de esta cultura, el goce, el saber y el poder son asuntos de hombres.

Meret Oppenheim, Mi enfermera, 1936/67, metal, zapatos, cuerdas y papel

En general, la complejidad simbólica que se recoge en las construcciones plásticas exhibidas en Batalla de los sexos, evidencia que, en palabras de Felix Krämer, mientras haya hombres y mujeres la lucha continuará. Como él mismo afirma, la batalla de los sexos aún no termina, porque son muchos los miedos que aún se ponen en escena en los conflictos de género, de lado y lado. A pesar de los valores plásticos que se ponen en escena, algunas de las figuras que se relacionan pueden lastimar la sensibilidad de género de nuestros días. No obstante, comprenderlas nos ayuda a clarificar las disputas contemporáneas entre los sexos.  La exposición refleja las inquietudes de la actualidad. Las curadurías históricas no están diseñadas para satisfacer el afán de erudición de los curadores. Fundamentalmente, su propósito principal es servir de herramienta para comprender el presente, para contribuir a resolver sus inquietudes y problemas, por cierto, hoy bastante complejos a este respecto.

La exposición está abierta hasta marzo de 2017.

[1] : “One need only look at a woman’s shape to discover that she is not intended for either too much mental or too much physical work”.

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