Así van uno al lado del otro, Curare y el 44SNA

Curare es una propuesta artística en los bordes de la institucionalidad  que rige el 44 Salón Nacional de Artistas. Mucho antes de conocerse el proyecto curatorial del 44SNA, los artistas que hacen parte de Curare mostraron interés por mostrarse en los bordes del Salón sin que las políticas del Salón de Pereira, determinaran sus ideas. En la actualidad, Curare se presenta como espacio dinámico e independiente, del cual con interés se esperan más de una pregunta.

El maestro Óscar Salamanca, uno de los artistas que configuran Curare, responde una pregunta del colectivo Liberatorio Arte Contemporáneo : ¿se presentaron a la convocatoria de curaduría nacional para el 44SNA?  Si se presentaron, ¿qué opina de los términos? Si no se presentaron, ¿por qué no?

No nos presentamos a la convocatoria del 44SNA “Aún” por cuanto consideramos que la alteridad que nosotros queremos asumir consiste en ubicar nuestra apuesta como un campo fuera de la institucionalidad en lo que más se pueda. La mencionada apuesta por frenar de alguna manera la institucionalidad representa también una utopía por cuanto lo institucional termina por abastecer o absorber todo lo que de alguna manera la observa o critica. De hecho el Curare o nosotros mismos tras de él, nos asumimos como una rezago nostálgico de institucionalidad.

Por lo anterior, asumirse fuera de cualquier institucionalidad parece una tarea juguetona de quien sí sabe que hace parte de ella y la rechaza. Pero ese paradigma contradictorio reafirma el carácter de estar fuera y adentro propio de lo contemporáneo o nuevo contemporáneo.

Al principio del proceso del 44SNA el grupo curatorial solicitó con el “pssst” que les escribiéramos para conocer el campo de trabajo en el área, nosotros nos comunicamos y les presentamos nuestra idea de espacio alterno, pero luego, digamos, nos fuimos alejando de la idea de “hacer parte”, para centrarnos en comprender lo que estábamos proponiendo, ya que, valga la pena decirlo, no lo tenemos ni mucho menos claro. Muchas personas, incluidos los maestros Jorge Peñuela y Guillermo Vanegas Flórez, nos hicieron ver que el espacio de trabajo iniciático y experimental del Curare había que dejarlo crecer con la única tutela de sus propias intuiciones, las cuales terminan por recondicionarse cada vez que surge un acontecimiento o se crea un acepción hasta ahora desconocida.

Así las cosas, aunque el Curare pudo haber tenido una cabida natural en el marco del 44SNA con un franco diálogo, se mantuvo ajeno pero no desatento, pues nosotros como actores nos corresponde su permanencia cuando ya las salas se encuentren ocupadas y los proyectores enciendan de espectacularidad los eventos. Lo curioso del Curare es que representa en nuestro imaginario de región una apuesta que nace desde aquí, pero no desde aquí, clase estética de universidad con años de desactualización y fórmula artística para aval de lo bello inscrito, sino un aquí sin permiso con la fuerza de lo precario y siempre dubitativo sobre la noción misma del arte entendido como riesgo constante.

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