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Al oído del próximo Alcalde Mayor de Bogotá: crónica de un desmembramiento anunciado

El Instituto Distrital de las Artes –Idartes– programó tres reuniones para presentar los adelantos que sus directivas han realizado para ejecutar el desahucio de la Galería Santa Fe. Conformó unas mesas de trabajo con algunos protagonistas del arte contemporáneo capitalino, al parecer según los siguientes criterios: 1) curadores y gestores culturales vinculados en el pasado a la administración de la Galería. 2) Jurados de los estímulos distritales, directores de espacios de crítica y divulgadores del pensamiento artístico contemporáneo. 3) Artistas. Las dos primeras reuniones ya se realizaron, queda pendiente la última. La primera mesa fue poco asistida y parece que no fue mucho lo que aportó al debate; la segunda, a la cual fui invitado, fue más concurrida. Marta Bustos, gerente de artes plásticas, fue la responsable de hacer la presentación del contexto histórico de la Galería, pero no explicó el porqué de la  necesidad de dividir la opinión de quienes estamos interesados en el destino de la Galería y del arte contemporáneo en Colombia. Estoy obligado a presumir la buena fe de la gerente, pero no puedo dejar de pensar en la oprobiosa máxima administrativa: “divide y vencerás”.

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Independientemente de las estrategias que esté implementando Santiago Trujillo, director del Idartes, para paliar el malestar de las/los artistas bogotanos ante la inminente desaparición del concepto que orienta a la Galería Santa Fe, o por lo menos su desmembramiento, la segunda mesa de trabajo tuvo varios méritos. En primer lugar, los actuales administradores finalmente pusieron sus cartas marcadas sobre la mesa, y ya sabemos a qué atenernos. Los asistentes manifestamos con cautela algunas opiniones con sus respectivas  reservas, pues, percibimos que la dirección del Idartes quiere una solución rápida, fácil, o como ellos dicen eufemísticamente: “temporal”. Le urge al director  solucionar en poco tiempo lo que la anterior administración no pudo realizar en tres años, pues está conminado a entregar el espacio de la galería en diciembre de 2011, con o sin el consentimiento de los artistas que piensan artísticamente en Colombia.

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Con nuestras intervenciones no dimos ningún aval, no podíamos hacerlo, ni siquiera a título personal, pues, después de la presentación, quedó claro que  sólo existe  un espacio viable e inapropiado para el traslado de la Galería: la Ludoteca del Parque Nacional, la cual hace parte del conjunto del Teatro el Parque, un espacio diseñado para albergar un proyecto del Ministerio de Cultura para la juventud y la infancia, parece que fallido y abandonado. Después de escuchar a Santiago Trujillo, Bertha Quintero y Marta Bustos, pienso  que las directivas del Idartes no han comprendido que el problema del desalojo de la Galería Santa Fe tiene poco que ver con buscar un espacio de exposición para que “circulen las obras de arte”, como manifestó ingenuamente Santiago Trujillo, quizá replicando clisés recogidos de nuestro campo. Tengo dudas respecto a que un espacio concebido para hacer ejercicios recreativos con niños y niñas pueda convertirse en un espacio para pensar e intervenir por parte de unos artistas que se atreven a pensar diferente porque aspiran a ser mayores de edad, como es el caso de los nominados al premio Luis Caballero.

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El encuentro tiene otro mérito. Los administradores quedaron enterados de que se requiere un espacio específico que rete la imaginación y el pensamiento de los artistas contemporáneos, pues, son muy pocos los que hoy se conforman con colgar cuadros en espacios abstractos en los cuales por más que se llame a la puerta, nadie responde. Este es el caso de la Ludoteca del Parque Nacional, una mole de cemento, vidrio y metal sin mayor interés cultural, excepto por los bellos árboles que la circundan. Es cierto que en la naturaleza podemos reencontrarnos con Dios, como creían los románticos del siglo XIX, pero en el estado actual del arte contemporáneo, estas ideas no logran sustentar ni siquiera un centro de arte tipo Barbizón. La dirección del Idartes deberá comprender que el espectador contemporáneo sabe que es necesario comprender las obras en un espacio específico, porque en éste encontramos  signos que develar y que el artista ha de tener en cuenta en la construcción de su propuesta. El espectador juzga las obras principalmente con base en el ejercicio de reflexión que hace el artista sobre el espacio en el cual decide instalar sus obras. Las obras cambian permanentemente, no son autónomas, están obligadas a una  interacción con el espectador y a una interlocución espacial.

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A pesar de las reservas que muchos hemos manifestado con respecto a la manera de construir legitimidad en torno a los proyectos de interés público en las artes de Bogotá,  la segunda mesa de trabajo programada por el Idartes para el día 9 de agosto, fue diversa en opinión y por lo tanto tiene su legitimidad, aunque no sobra decir que es necesario ampliarla: Jaime Iregui, Ricardo Arcos, Jorge Jaramillo, Guillermo Villamizar, Lucas Ospina, Ana María Lozano, Manuel Kalmanovitz, Gustavo Ortiz, Fernando Pertuz, Iván Ordoñez, entre otros, aportaron ideas. Desde diferentes construcciones de mundo,  todos ellos son defensores del proyecto que las/los artistas colombianos han pensado en torno  a la Galería Santa Fe, desde que fue sede del Museo de Arte Moderno de Bogotá.

La estrategia comunicativa  del Idartes fue la siguiente. En primer lugar, se presentó como opción para la sede de la Galería el Monumento a los Héroes, ubicado Avenida Caracas con calle 80. La adecuación costaría entre $5.000.000 y $ 6.000.000, y tardaría en realizarse unos cuatro años, pues, ni siquiera tiene registro catastral para que pueda tener acceso a servicios públicos. Ana María Lozano considera que este espacio es inadecuado por diversas razones de carácter logístico. Manuel Kalmanovitz objeta la simbólica bolivariana y arquitectónica con la cual tendrían que interactuar los artistas, pues, como nos expresó la presentadora de este espacio, el interés de la nación debe prevalecer por encima de cualquier interés particular.

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La Plaza de la Concordia es el segundo espacio propuesto, en la calle 14 con carrera 1, a una cuadra del del tradicional y popular  Chorro de Quevedo. Manuel Kalmanovitz comenta que habilitar un Centro de Arte Contemporáneo en el conjunto de una Plaza de Mercado puede ser exitoso en Europa pero no en Colombia. La adecuación puede costar $5.000.000. Tiene el agravante que la recuperación de la plaza de mercado es para que siga prestando su función social. Para la Galería se diseñaría un espacio específico. Contrario a Kalmanovitz, Ricardo Arcos insistió hasta el último momento en que este proyecto  estimularía no sólo al arte contemporáneo en Colombia sino a todo este sector colonial deprimido  que está siendo recuperado mediante diferentes estrategias; una de ellas es esta coyuntura desgraciada  por la cual pasa la Galería Santa Fe.

En mi opinión, la dificultad que lastran estos  dos proyectos consiste en su compromiso arquitectónico y patrimonial. Pienso que el interés de sus promotores no está orientado a estimular y potenciar el pensamiento de los  artistas contemporáneos. Fundamentalmente, busca reivindicar un patrimonio que es necesario recuperar, a costa del arte. En ellos, los artistas seguirían siendo visitas incómodas, o, como decimos coloquialmente, unos arrimados, a quienes en cualquier momento se les puede condicionar o restringir el uso del espacio, o exigírseles en cualquier momento dejarlo, bajo el pretexto de que el patrimonio y la arquitectura icónica prima sobre los intereses creativos de cualquier artista. Esto, precisamente es lo que hoy ocurre en la Galería Santa Fe.

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El último globo de esta presentación del Idartes lo soltó un arquitecto que llevó un proyecto de construcción en Corferias que será presentado a la Cámara de Comercio y en el cual habría un espacio para las artes. Esta idea no gustó. Dentro de este contexto, propuse en la mesa de trabajo mirar espacios no comprometidos con una arquitectura o con un patrimonio denso simbólicamente, pero tampoco en grado cero, como es el caso de la Ludoteca del Teatro El Parque. Puse de ejemplo, el edificio en el cual Jairo Valenzuela realizó con éxito La Otra, hace dos años, en la calle 26 con Avenida Caracas.

Jaime Iregui y Lucas Ospina propusieron considerar espacios más pequeños, pues son más fáciles de sostener y son viables a corto, mediano y largo plazo. Y tienen razón. Temen que a mediano plazo un espacio grande no pueda ser manejado. No obstante, me parece que están replicando un prejuicio. Me dio la impresión de que prefieren  seguir  la tradición de adecuar espacios pequeños dado que se presupone que no hay muchos artistas talentosos con los cuales sostener una programación de calidad. Esto también se ha argumentado para mantener el premio Luis Caballero estancado en el lugar en donde está en la actualidad. Pienso que deberíamos analizar qué grado de verdad tiene este mito, según el cual sólo unos pocos son los llamados a pensar con éxito la época que les correspondió habitar. No sería extraño encontrar que este criterio surgió del comercio de arte. Debemos considerar que la Bogotá de hoy desborda ya los ocho millones de habitantes y que son muchos los artistas que semestre tras semestre se gradúan y entran a las universidades a realizar estudios profesionales en artes. El Estado debe pensar políticas que ayuden a estos jóvenes a iniciar el camino hacia este campo tan difícil que es el arte contemporáneo. Las universidades públicas invierten muchos recursos en la formación de profesionales en artes como para que una vez graduados estos artistas tengan que dedicarse a otros menesteres.

Ana María Lozano propone hablar con los dueños de La Residencia, espacio exitoso que parece estar en venta, no adujo las razones. Iregui sugiere hablar con los dueños del antiguo TPB en la carrera 5 con Avenida Jiménez, que como  el edificio de la Calle 26, también está en venta. En fin, el consenso entre los artistas es buscar espacios que  garanticen autonomía a los directivos de la Galería y a quienes allí expongan en el futuro, idea que propuso Fernando Pertuz, quien padeció las trabas que implica montar una obra para un espacio específico cuado éste está cargado simbólicamente, como fue su experiencia en el Luis Caballero. Expuestas todas estas ideas y sugerencias, Marta Bustos concluyó que por el momento no hay posibilidad de comprar predios. Entonces, ¿a qué jugamos? ¿A cumplir con algunos protocolos que exigen concertar con el campo artístico y posteriormente tomar decisiones que perjudican un campo frágil y muy  difícil de sostener por el voluntarismo que caracteriza a la mayoría de sus protagonistas? Por supuesto, el nuestro es un campo que también cuenta con entusiastas que contribuyen  desinteresadamente a pensar el concepto detrás de lo contemporáneo que reivindica la Galería Santa Fe, sólo “ por amor al arte”, dicho sin socarronería.

Son muchas las dudas que nos dejó este encuentro que venía exigiendo el campo del arte en Bogotá, pues, parece que la urgencia del traslado de la Galería Santa Fe está obligando a las directivas del Idartes a proponer decisiones que otras personas con más experiencia que ellos en el campo  del arte contemporáneo no pudieron tomar, dicho con todo el respeto hacia ellos, y en correspondencia con el trato amable que recibimos en la reunión.

Planteo a continuación  a los amigos de este espacio de multilocución algunas preguntas: ¿por qué no resistirnos al desalojo de nuestro hábitat hasta no tener garantizado un espacio adecuado y definitivo? ¿Por qué conformarnos con un espacio “temporal” que puede ser un eufemismo para sacarnos sin mayores dificultades administrativas y políticas? ¿A qué se debe  la falta de carácter en nuestro medio? ¿Por qué no podemos mostrar que las/los artistas bogotanos no pueden seguir siendo considerados como los arrimados de la casa de los ciudadanos de primera clase comercial? ¿Por qué no hemos recibido apoyo para realizar un evento que oriente la necesidad de arte que debe tener cualquier sociedad para que sea considerada y respetada  como tal, y no quede reducida solamente a ser un conjunto de autómatas felices que producen utilidades a sus señores? Si cualquiera de las adecuaciones presentadas  pude tardar entre dos y cuatros años, ¿por qué no exigirle al nuevo Alcalde Mayor de Bogotá esperar ese tiempo para el traslado definitivo de la Galería? ¿No es irresponsable por parte del Idartes someternos a un traslado “temporal” que puede volverse definitivo, pues, esta administración concluye en diciembre de 2011, y es altamente probable que tengamos otros administradores el próximo año? A este respecto, Lucas Ospina propuso confeccionar un documento en el cual el Idartes se comprometa a mantener los acuerdos a los que finalmente lleguemos; si es que finalmente tienen en cuenta nuestras observaciones. Por otro lado, ¿no es irresponsable el silencio de muchos agentes artísticos que  dicen comprender el arte contemporáneo? A mí me hubiera gustado ver en esta reunión a otros protagonistas que se han beneficiado económica y estéticamente de los recursos de la Galería Santa Fe. Ahora, ¿no es el momento de hablar con los candidatos a la Alcaldía Mayor? ¿No es una ideología obsoleta marginarse de la política y conformarse con el puesto de “arrimados” en la sociedad de consumidores compulsivos y ególatras  que nos tocó padecer?

En conclusión, parece que el único espacio concreto con que cuenta el Idartes y que podría habilitarse para el 1 de Enero de 2012, es la Ludoteca del Parque Nacional, pero este es un espacio que no puede acoger todos los proyectos actuales de la Galería. Trasladar a este espacio el premio Luis Caballero, así sea temporalmente,  es volverlo otra cosa, es pordebajiarlo. Creo que esto lo tienen claro  las directivas. Sospecho que el proyecto por debajo de la manga por parte  del Idartes, consiste en tomar la Ludoteca para que funcione la parte administrativa de la Galería Santa Fe, un centro de documentación e investigación que le hace falta y  la programación de la actual Sala Alterna. No sería extraño que comprometiera el premio Luis Caballero con sus nuevos aliados: el Museo de Arte Contemporáneo y el Museo de Arte Moderno. No es que estas instituciones, o cualesquiera otra Galería, no sean idóneas. El punto es que a los artistas se les debe garantizar el mismo concepto que hoy está operando en la Galería Santa Fe: un espacio con unas especificidades que reta la imaginación y el entendimiento de los artistas. Quienes trabajamos  dentro de las dinámicas del arte contemporáneo no podemos aceptar este outsourcing que parece estar abriéndose camino en esta administración. Si salimos del Planetario Distrital, debemos exigir una gerencia de artes fuerte políticamente, que se niegue a improvisar, así sea presionada administrativamente; que nos garantice que no vamos a errar y a  continuar con las mismas penurias que han marginado a nuestro campo. La gerencia de artes del Ideartes, debe representar más al campo del arte, que ser instrumento burocrático para implementar programas impopulares y agresivos  en nuestro medio, como el que estamos analizando.
Sin duda alguna, en esta coyuntura política de la ciudad,  es el momento de crear un Centro de Arte Contemporáneo en Bogotá. Marta Bustos tiene competencias para liderar este proyecto, no creo que sea bueno para el campo del arte que ella se conforme sólo con buscar un lugar de exposiciones más, cuando puede liderar un proyecto más ambicioso, animando a Santiago Trujillo a que se una a nuestro colectivo.

Finalmente, por qué no pensar en un espacio como el citado edificio de la calle 26 con Avenida Caracas. Allí puede funcionar la gerencia de artes, la administración de la Galería Santa Fe, el programa del premio Luis Caballero potenciado,   las exposiciones de la Sala Alterna y alguno de los programas de residencias artísticas, entre otros. Lucas Ospina comentó que fue jurado de la última convocatoria de la Sala Alterna. Nos contó que se presentaron por lo menos ochenta proyectos de artistas que muestran vivo interés por mostrar obra en este espacio reducido y hasta hostil. Por su alta calidad, todos estos proyectos, dijo Ospina, deberían haberse acogido, pero la tacañería espacial y económica para con las artes por parte del Distrito Capital,  hace que sean unos pocos los elegidos. Este es un argumento en contra de los espacios más manejables financieramente que propone Iregui. Son muchos los artistas de talento que están esperando una oportunidad para mostrar su trabajo.  Otro tanto, podemos decir del Luis Caballero, pues para la versión en curso se descartaron proyectos que los bogotanos merecíamos ver realizados. Un edificio como el acabado de mencionar puede hacer mucho por las artes y por Bogotá. Por supuesto, puede ser otro, con la condición de que no lastre historia o simbólicas que comprometan a los artistas.

La idea de un Centro de Arte Contemporáneo en Bogotá, exige una evaluación de todos los estímulos que otorga en la actualidad el Distrito Capital, y, si es el caso, desfeudalizar algunos de ellos. Esta es la tarea que le dejamos a Marta Bustos: evaluar todo aquello que quiera el Idartes mantener el año entrante. Entre otras cosas, debe garantizarles a los bogotanos que los jurados que evalúan todos los estímulos obren sin partidismos sociales, estéticos o empresariales. Los bogotanos tenemos el derecho a saber oportunamente quién está evaluando qué. Exigimos más transparencia.

Sobre la pertinencia de los premios, pongo un solo ejemplo: el premio de Ensayo histórico, teórico o crítico sobre el campo del arte colombiano. Con respecto al premio que se le otorgó a Álvaro Barrios, le oí decir lo siguiente a Víctor Albarracín en el primer encuentro de Historias Emergentes que organizó la ASAB a comienzos de año: “no es  ensayo, ni historia, ni teoría, ni crítica”. Y no lo puede ser porque el nombre de este estímulo es muy pomposo y mezcla tantos  intereses académicos que es imposible realizar una evaluación que haga justicia a todas las propuestas. Es probable que los jurados de este premio no fueran ni historiadores, ni críticos, ni teóricos.  Once años sin pensar ni evaluar el concepto de este estímulo es un pésimo indicador de gestión.

Marta Bustos deberá considerar qué es lo que le interesa al Idartes estimular, si la crítica,  la historia o la teoría. Pero no todos estos intereses a la vez en el mismo estímulo. Es hora de crear un estímulo a la crítica y un estímulo a la historia, de manera independiente, y si se quiere estimular la teoría, pues, crear el respectivo estímulo. Ahora, si hay que decidir entre historia y crítica, es necesario  estimular la historia, ya que el Ministerio de Cultura tiene un estímulo a la crítica, así se haya negado a reestructurarlo, a ponerlo a tono con el aquí y ahora.

Nuestra ciudad exige puentes de signos,  avenidas conceptuales para que fluyan ideas, parques simbólicos en los cuales los hombres y las mujeres seamos más libres. Todo esto es  lo que piensan los artistas plásticos y visuales contemporáneos, y así debemos hacérselo saber al futuro Alcalde Mayor. Insisto: sólo mediante un activismo político podremos conseguir los recursos que reclama la alta población de artistas residentes en nuestra ciudad. ¿No es el momento de pensar en que el campo del arte tenga un concejal para que defienda nuestros intereses y no dependamos de las migajas que nos ofrecen? ¿Quién podría conseguir el aval de algún partido político? ¿Lucas Ospina? ¿Jaime Iregui? ¿Ricardo Arcos-Palma? ¿Guillermo Villamizar? Finalmente,  ¿quién nos pone en contacto con los candidatos a la Alcaldía Mayor? A propósito de Arcos-Palma: parece que esta coyuntura en la cual está participando lo obliga a regresar al debate en Esfera Pública. ¿Jaime Iregui hará la invitación ya que comparten el mismo interés por la Galería Santa Fe? Por mi parte, los invito a los dos a que sigan animando la discusión del destino de la Galería.

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