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Los juegos del poder del mercado del arte colombiano

La Silla Vacía (SV) acaba de publicar una lista negra del arte colombiano: la cartografía de las alianzas estratégicas del poder que operan en el arte colombiano. Bienaventurados quienes quedaron por fuera de ella.

No se trata sólo de una curiosidad estética. Fundamentalmente, es un acto fallido: aquello que se dice revela una intención diferente a la expresada en primer plano. Sin saberlo, los actos fallidos exponen un problema que es necesario esclarecer. El Top Ten de la SV relaciona las nobles luchas de muchos y muchas artistas  con el ejercicio oprobioso  del poder. Nobleza por el lado de las artes, pues, algunos artistas aún se interesan por la emancipación. Oprobio por parte del poder comercial, porque siempre está obsesionado en someter los cuerpos de hombres y mujeres libres. Todo aquello que el poder contemporáneo toca, lo convierte en mercancía.

Ante la fragilidad del enfoque conceptual de la SV, se aprovecha su lapsus calami para presentar unas breves notas sobre el poder. Cuando se habla de poder se habla de un sistema. El poder no es algo que se tiene, así como se posee un Botero. El poder es una red que funciona, que fluye en muchos sentidos, sólo aparentemente contradictorios. En la red del poder no existen jerarquías. Perfectamente se puede analizar la lista negra de la SV, comenzando por el final, o por la mitad. Todos ejercen una determinada presión en la red, sin que ninguno de los nodos sea más importante que los otros. Todos los nodos se afectan unos a otros. Por eso es un ejercicio en red asocial.

Se pregunta: ¿en qué espacios opera el poder? ¿Mediante qué recursos? ¿Cuál es su propósito? Con preferencia, el poder funciona en lugares de encierro, contesta Foucault. Instrumentaliza el saber que cada época construye. En la contemporaneidad, las ciudades se constituyen en lugares de reclusión, diseñados por quienes tienen acceso a los saberes. El poder crea micro-espacios con alto potencial económico, por ejemplo el burdel, uno de los más lucrativos. El poder modela a los individuos, allí los vigila, los castiga, los somete, los normaliza, los disciplina, los transforma. Primero los hace infames, luego los pone a su servicio. El poder crea hombres y mujeres infames, los ficha en sus archivos para usarlos económica y políticamente. El poder es un chulo.

El poder crea sus conexiones estratégicas, su economía es una trama sofisticada. La economía estética colombiana fluye libremente desde dos flancos que se entrecruzan y se retroalimentan recíprocamente: por un lado está la inversión social de la empresa privada. Por el otro, se encuentran los incentivos económicos del Estado, conculcados por los intereses de aquélla.

Lo más llamativo del poder es su relación con el crimen. Actualmente se prefiere hablar de corrupción. El poder utiliza delicuentes para amedrentar a quienes hacen resistencia a sus políticas. Existe un vínculo afectivo  entre poder y crimen. Parece que el éxito del poder depende de la eficacia con que se administra  el crimen, o la corrupción. ¿Por qué este enlace del poder con el crimen? Porque sólo el miedo hace  funcionar el sistema. Apreciar la fluidez con que funciona el poder en su alianza con el crimen, es algo que causa placer. El poder es una forma excelsa de arte.

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