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Arte en la antigua RDA: ¿otro arte degenerado?

La Historia visual del siglo XX aún no se deja contar. Varias exposiciones se han realizado en Alemania para mostrar cómo los artistas de la antigua RDA se las arreglaron para hacerle  frente a una realidad atravesada menos por la ideología socialista que por la capitalista.

Para tramitar las diferencias, primero se realizó una exposición en la emblemática Weimar (1999), luego otra en Berlín (2004), sin mayor impacto en los imaginarios que determinan qué es arte y qué no. Pese al escándalo que provocó la primera por haber tratado a los artistas de la DRA como artistas degenerados, la mirada hacia el este no ha cambiado mucho debido a que lo figurativo sigue siendo considerado un anatema. Ser moderno es seguir las pautas que trazó el cubismo y el futurismo, principalmente; lo demás, la figuración socialista, sólo es arte degenerado, del cual no se dirá lo suficiente respecto a su servilismo al régimen comunista. La propaganda capitalista lo señala como arte de propaganda. Ahora Bien, ¿no es a esto a lo que se redujo la vanguardia europea y estadounidense? Como es habitual en nuestra crítica, ¿no estamos viendo la paja en el ojo ajeno? Pese a su relevancia histórica, la prensa internacional poco ha dicho respecto a la actual  exposición en Weimar, en la cual se intenta nuevamente hacerle justicia al arte de la Alemania comunista: ni todo era propaganda, ni la figuración puede seguir considerándose anatema.

Aunque los prejuicios ideológicos siguen distorsionando la realidad artística del siglo XX, la exposición llama la atención respecto a los sesgos ideológicos de la modernidad liberal. Las curadurías que se han realizado desde 1999 para sacar del ático al arte socialista, han sido reguladas por criterios modernistas, en los que tampoco  caben propuestas como la del Muralismo mexicano ni la de los artistas de los años 20 y 30 del siglo XX en Colombia. Si no repensamos la modernidad artística para recuperar ese pensamiento artístico que se realizó al margen de lo que exigía una vanguardia crítica con el capitalismo, pero comprometida hasta la médula con sus formas de vida, no podremos tener una modernidad completa. Nos queda la tarea de repensar la modernidad pero para verla desde varios frentes. La presente exposición en Weimar es una oportunidad para tratar de relatar lo que sólo ha podido configurarse mediante las estéticas ideológicas de occidente.

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