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Oración fúnebre ante Gustave Poirot en siete palabras

1.Gustave: perdónalos porque no sabían  lo que hacían…, ni comprenden lo que dicen…

Respecto a las políticas culturales del Ideartes para 2012 ya no se trata de temores infundados como algunos autorizados colegas afirman.

A estas alturas, a muy pocos días de finalizar la gestión pobre de la actual administración distrital, nuestro campo ha sido agobiado por una certeza de a puño: el  emblemático  premio Luis Caballero quedó sin sede. Nos pintaron pajaritos en el aire impunemente: Ana Milé tu tienes la culpade que hayas devenido mercancía –fetiche–. En junio del próximo año, el Alcalde Mayor de Bogotá inaugurará con bombos y platillos tribales el Nuevo Planetario Distrital, todo a costa de una nueva forma de aparheid, de segregación impuesta, así ésta sea bien recibida por algunos artistas colombianos con perfil decimonónico. Petro no habrá tenido tiempo o el interés de enterarse de que existe un nuevo “espacio de circulación monetaria” llamado Nueva Galería Santa Fe, la cual en el pasado reciente le apostó a configurar un sentido estético común entorno al arte contemporáneo colombiano, un arte que en sus últimas versiones intentó circular en el lenguaje crítico de los artistas, al margen de intereses privados y para enriquecer simbólicamente  el deprimente perfil cultural de los bogotanos y bogotanas. En efecto, el arte contemporáneo que ha habitado las salas de la Galería Santa Fe en el último quinquenio, le apostó a la idea de arte en un contexto cultural que no sabe de ideas. Tampoco  le importan, pues, sólo queremos  vivir en la indeterminación propia del hombre sin atributos.

2. Gustave: ¿es tiempo de que regresemos con él al Paraíso? Señor…, quizá no todavía….

Seguimos clamando en medio del desierto. Volvemos a insistir en algunos argumentos, los cuales no son de ahora ni provienen de una voz aislada. Tampoco son  una estrategia para elaborar duelo, para aceptar nuestra pérdida hablando profusamente de lo bueno que era el occiso a pesar de sus defectos. Estos argumentos son el resultado de la crítica polifónica que se ha consolidado en los últimos años en Colombia en un campo marginante como el arte contemporáneo. Para atender una invitación del periódico Arteria, hace varios años escribí un texto acerca de la quinta versión del premio Luis Caballero. Lo llamé  El Señor de la Agonía. Tenía una esperanza, un sueño, dijo Martin Luther King: este enfermo terminal se fortalecería con cuidados esmerados y una terapia crítica de sentido. Vana ilusión. Pensé con el deseo. Ignoraba que quienes tenían acceso privilegiado a él, no lo  querían con vida, pero tampoco sus amigos a quien bien servía. Con todas las dificultades que conlleva atrapar en ideas estéticas nuestra indomable contemporaneidad, pensaba que todavía se podía aclarar el horizonte en el cual se encuentra el arte contemporáneo en Colombia. Un horizonte oscurecido por la falta de ideas y por el predominio en lo público de intereses privados de toda índole, comerciales principalmente. Así éstos sean legítimos, cuando lo que cuenta es hacer dinero fácil y rápido, el pensamiento se envilece, surge lo que Hal Foster llamó con precisión “arte de la razón cínica”, un arte viejo falsamente joven que sólo quiere entrar al mercado de capitales.

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3. Gustave: AHÍ ya no hay hijo ni madre… No queda nada…

Luego de años de desidia administrativa, la abstracción monetaria logró abrirse camino en Bogotá y  terminó por imponernos su anarquía al campo artístico. Todo artista tiene un precio. En junio de 2012, no tendremos una inauguración de la Nueva Galería Santa Fe simultánea a la apertura del Nuevo Planetario Distrital, porque una decisión política así lo determinó. El proyecto de reforzamiento de las estructuras del Planetario Distrital se incluyó en el Plan de Desarrollo Distrital de la última administración, pero no se incluyó una solución al caos que las Nuevas Políticas generaron, como correspondía a una administración responsable con las artes que habitaron su espacio. No se previó ninguna solución efectiva para la víctima que los gerentes ambiciosos dejaban tirada en el piso lustroso del emblemático edificio: dulce venganza de los administradores de aquel entonces. Con la buena voluntad de algunos gestores culturales, el campo del arte contemporáneo  a penas se había echado a andar en Colombia. Esta fragilidad fue aprovechada impunemente por una administración que carece  de mundo, de ideas, que no tiene tiempo para ellas, porque incluso considera que en las artes también time is money. Como en la filosofía,  en el campo del arte contemporáneo una buena idea requiere  su tiempo para madurar y  constituirse como horizonte estético y emancipatorio para una época. Un siglo llevamos tratando de pensar lo contemporáneo y nuestros gerentes estéticos no se han enterado. Poco tiempo en verdad. Ahora, la premura, los intereses particulares y la ausencia de una conciencia artística en Colombia, contribuyeron a que los gerentes pusieran el erario público al servicio de intereses privados que difícilmente podrán retribuir en algo a esta ciudad flagelada por todo tipo de corruptelas, denominadas por estos días como carruseles. Sin duda,  una ganancia cualitativa. Tampoco querrán hacerlo si no se les presiona, pues, lucro es lo que todos queremos a costa de la confianza pública. Sí: se trata de la confianza pública. Lo que ha sido dañado en nuestra ciudad es la confianza en un proyecto de interés colectivo. A algunos artistas hedonistas les choca la idea de lo colectivo porque pueden sacar más provecho personal de la anarquía del individualismo sublime: liberal.

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4. Gustave: ¿Lo  abandonarás? ¿A cambio de qué?

Afirman los expertos  que ahora la sede del premio Luis Caballero es la ciudad de Bogotá. Esto es una banalidad, como lo es cualquier afirmación formulada en abstracto. El premio emblemático de la Galería Santa Fe y de Bogotá, tenía una sede concreta. Si antes era un arrimado que se hizo reconocer por la acción constante de algunos artistas adelantados a su época, ahora no tiene nada porque fue arrojado de su propiedad. Ha sido expropiado de un espacio común a todos los artistas que habitan las miserias y las bellezas abyectas que nos ofrece nuestra capital. Sí: para 2012, contará con una indemnización por los perjuicios recibidos. Pero, ¡qué pobreza de espíritu considerar que para pensar artísticamente sólo se requieren los millones del erario público! Vivir sin idea es la premisa del momento. Pensar artísticamente no es un asunto tan sencillo como el contar billetes o hacer cálculos de pérdidas y ganancias. No hay ideas que orienten el Nuevo Luis Caballero. Ahora, no es raro encontrar ejemplos dentro de la historia de las artes que nos muestren con creces lo prolífico que puede ser para una iniciativa creativa contar con un presupuesto precario. Estos proyectos son los más luchados y por lo tanto los que abren mayores horizontes de libertad y de sentido, los que requiere una sociedad en particular para no ser sometida por imaginarios exógenos. Son mucho más amplios para que los excluidos de la cultura se emancipen e  ingresen a ella a transformarla permanentemente con su participación activa. En el caso que nos ocupa, la ideología liberal suprimió todas las potenciales diferencias cualitativas de los artistas y los igualó por medio de la abstracción monetaria, nuestro universal más recurrente y perverso, nuestro reverenciado fetiche. El antiguo Luis Caballero estimulaba el que el artista entrara en relación con otros artistas dentro de un espacio común compartido que todos deseaban fortalecer. En el Nuevo Luis Caballero cada uno de los  artistas se relacionará con sus propios productos, con  cosas que podrá poner en venta para su lucro personal. Todos quedaron igualados porque todos recibirán el mismo dinero: ¡que perversión del sentido de la igualdad! Nadie podrá reivindicar ninguna verdad porque todos han sido igualados milagrosamente por el principio monetario. Sí señor: el estiércol del diablo con que se alimenta la mayoría del pensamiento no libre. Como cualquier otro parroquiano, los artistas ganadores –ya no habrá nominados– nos darán sólo una opinión. Todos serán ganadores sin haber siquiera materializado sus ideas. Bastante conceptual el asunto. Sin duda alguna, se trata de un premio adelantado a la vida y obra de un artista de “mediana edad”. ¿Alguien responderá por este latente detrimento patrimonial? No es que el dinero no lo merezcan los artistas. Sin duda lo merecen, pero la ciudad les puede exigir una retribución en simbólica y sentido. No obstante, bajo esta modalidad tan volátil y sofistica no veo cómo se establecerá el diálogo efectivo que requiere la ciudad para generar sentido, más allá de los narcisismos a que son proclives algunos artistas contemporáneos. Otro expediente lo conforman la adecuación de un espacio que no se puede adecuar porque es de conservación y la naturaleza de las exposiciones que allí tendrán lugar.

quin quiere ser millonario

5. Gustave: nos preguntaron, ¿tenéis sed? ¿Queréis ser un artista millonario?

Algunos artistas colombianos están obnubilados por estos días con la cortina de humo que el Ideartes nos ha arrojado en su precipitada fuga de las ideas estéticas contemporáneas en Colombia; detrás de esa bruma, no alcanzamos a apreciar quién es el mago que manipula los hilos de nuestro teatro de operaciones bursátiles. Los pocos millones que indemnizarán lo que no puede indemnizarse de ninguna manera, es un distractor efectivo de la no-opinión que campea por doquier en el campo del arte colombiano. Con estos millones adicionales que no tienen otra finalidad que acallar las críticas por la improvisación administrativa de esta institución, se causa un grave perjuicio al futuro del joven arte contemporáneo en Colombia, pues, se le desdibuja peligrosamente. Al igual que sucede con todas las solicitudes de perdón y las estrategias de indemnización correspondientes, el las Nuevas Políticas para el Luis Caballero manifiestan un complejo de culpa por una desidia administrativa de vieja data. Los gerentes cubren sus negligencias pasadas y actuales, tapándonos la boca con nuestros propios recursos,  indemnizando a sus víctimas de manera improvisada. Como si esto fuera todo, como si las responsabilidades del Estado para con sus ciudadanos fueran sólo de carácter económico. Las más importantes son las éticas y políticas. Todas  las indemnizaciones de consolación son inocuas pues sabemos que éstas nunca recobran la pérdida fundamental que se pretenden paliar. En nuestro caso, la pérdida de sentido no se indemniza con dinero. No todo se arregla con dinero, así los gerentes liberales estén convencidos de lo contrario, de que toda conciencia crítica tiene su precio, de que toda crítica muy en el fondo de la conciencia de su autor lo que está reclamando es un “contratito estético” con el Estado. El diario El Tiempo nos ha sugerido que la falta de ideas no se puede cubrir con un concurso como “Quién quiere ser artista  millonario”.

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6. Gustave: ¿todo está consumado? ¿Terminará usted por consumarlo y se lavará previamente las manos? Tuvimos un sueño polifónico. Soñamos que el ajusticiado es inocente de los cargos que se le imputan.

No nos podemos equivocar en asuntos de importancia para el erario público. Los nominados al premio Luis Caballero en la actualidad ya entran premiados: quince millones de pesos no se los encuentra uno a la vuelta de la esquina. Se otorga un estímulo adicional a aquel artista que se destaque de manera extraordinaria por el despliegue concreto de sus ideas en un espacio común para todos, a aquel que abra alternativas de pensamiento libre y espacios de emancipación para que esta ciudad abyecta sea más inclusiva y se deje permear por las miles de diferencias a las que se les ha negado voz propia en los asuntos de interés público. Todo esto contribuye a la construcción del sentido común que reclama nuestro país. Es importante insistir en esta idea de lo común en un país que no cuenta con unos mínimos de sentido compartido, excepto por los que generan las telenovelas cursis de las 7 y 8 P.M. En un país en que sus habitantes insistimos permanentemente  en cortarnos las orejas unos a otros. En la nueva modalidad del Luis Caballero, a los artistas  se les dobla la mesada con el riesgo de que esta sea aprovechada de manera privada, para que puedan lucrarse con tan sólo presentar un “Proyecto X para un Lugar X”. Ya no tendremos un espacio común de interés público al cual los artistas contribuyan  enriqueciéndolo con sus ideas. Si dividir para gobernar es una vieja estrategia dictatorial, en la contemporaneidad fragmentar el sentido de lo común sirve para idiotizar a aquellos que tercamente insisten en pensar.

7. Gustave: en sus manos encomendamos lo que queda de su espíritu…

El premio Luis Caballero palidece ante tanta sonrisa falsa, ante tanta hipocresía de lado y lado, ante tanta reverencia de ídolos de barro, ante la ausencia de crítica e ideas. El repudio de la crítica por parte de un “juvenismo” curatorial reciente y pobre de ideas, ridiculizó no sólo las prácticas artísticas contemporáneas en Colombia. También acabó con el interés legítimo que la ciudad aún mantiene en prácticas más tradicionales. A partir de 2012, sólo tendremos propuestas que fácilmente podrían degenerar en usos indebidos de recursos públicos por parte de los particulares que quieran constituirse como sede de segunda mano, de ocasión, para albergar transitoriamente  el fantasma del Luis Caballero. Pero a nadie le importa esto. Lo público en nuestro país es de nadie, no vale una misa. Sin duda alguna, la discrecionalidad espacial implementada transformará radicalmente el estímulo más importante del arte contemporáneo en Colombia. A corto plazo, esta convocatoria será capturada por artistas  que en lugar de pensar, sólo saben contar billetes. Al igual que aconteció con el Premio Botero, participar en la convocatoria del Nuevo Luis Caballero sólo traerá descrédito crítico a quienes se postulen. Botero se dio cuenta a tiempo de que la “inspiración” de muchos artistas participantes en sus convocatorias  era movida principalmente  por los millones que ofrecía el estímulo, y colapso sobre sí mismo, con más pena que gloria.

Estertor final

Santiago Trujillo abrió la última asamblea informativa con el campo del arte, con la siguiente afirmación elocuente: señores: esta crisis de la Galería Santa Fe es una oportunidad. Sí: en efecto, esta es una buena oportunidad para que se consoliden otros espacios al margen  de la pernicia del Estado.

Posdata:

Convocatoria para la adecuación de la Nueva Galería Santa Fe y  el programa de exposiciones de 2012.

 

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