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Sangre de Artista

Nada pinta por casualidad y al parecer hay un cultivo humano que debería responder al título que nombra la semana llamada Santa. Los artistas somos señalados para vivir unos votos de pobreza: ¿elegimos o nos eligieron? Me pregunto, ¿por qué aceptamos ciertos tratos, por qué estamos articulados como si fuéramos miembros de una organización para la que trabajamos gratis? Porque todos somos sus voluntarios a cambio de figurar… ¿Se ha preguntado a qué se debe que sus ganancias les pertenecen a ellos en un porcentaje mayor y no a usted? Esa organización tiene nombres y se escuda en miembros de Ministerios entre otros.

¿Por qué usted cree que debe seguir bajo un régimen de voluntariado? Somos tratados como criaturas de lujo o nos dejamos tratar como tales, criaturas que viven atópicos, utópicos, atípicos por el aire soportados, según la orden que profesan … Así ingenuamente nos mira una sociedad que siempre nos estará inventando otros “trabajos”, requisito para vivir en un medio del cual gozaríamos en un futuro de una pensión, un seguro de salud o un derecho de participación en una segunda venta por aquel producto que por necesidad vendimos al 20 por ciento de su valor real.

¿Por qué dejamos que ciertas galerías nos hagan un gran favor al dictarnos los términos de su porcentaje? Hace unos años ellos nos cobraban un porcentaje, consideraban su comisión a un 25%. Hace no mucho tiempo una galería era eso lo que nos retenían y en poco tiempo exigió un 50 por ciento por el valor de mis trabajos. Sé que existen otros ejemplos parecidos o mejores. Con esto me pregunto: ¿sabe usted por qué le cambian los números de un momento a otro? ¿Saben ustedes quién se lucra detrás de ellos?

Magali Reales, acción de entrada al Museo Nacional de Bogotá, detalle.

No es cierto que las convocatorias dan abasto para cubrir las necesidades de los artistas y las limitadas oportunidades de los puestos para docentes rinden suficiente para soportarnos. Esa “otra profesión” a la que estaríamos dispuestos para equilibrar nuestros gastos, no sólo se presenta de forma esporádica, sino en muchos casos ausente. Ya no se trata de a dónde van nuestros bienes y cómo circulan, sino la forma en que favorecen a un ser invisible en la mejor parte de este porcentaje.

Podríamos tal vez elegir beneficiar a quienes consideramos deberían serlo, nuestros familiares, nuestros amigos, nuestros pares, y no aquel coleccionista, aquel intermediario, aquel marchante. Pero estas formas no se discuten, no es muy elegante siquiera suponerlo, simplemente dejamos que otros nos administren.

Esa posición un tanto disipada que tenemos frente al beneficio, ese aire interesante que nos damos cuando despreciamos aquello que nos corresponde por derecho, no es otra cosa que una forma de obediencia a un condicionamiento generado por la misma corriente que sabe negociar con sus fichas.

Magali Reales, Movimiento en Espiral, detalle.

Nos informan que deberíamos adoptar un cierto desgano y una falsa espiritualidad, vendiéndonos un cierto valor, consistente en estar en proceso de participar en una forma de cuerpo glorioso. Un condicionamiento de este tipo se usa como una estrategia para lograr, gracias a la repetición de un estímulo o un mensaje repetido, el que una sociedad o individuo dé las respuestas que favorecen a un cierto interés, en este caso al incremento de Capital…, es decir, conseguir que obreros hipersensibles y sumisos trabajen para mí, honren mis arcas y se desprecien a sí mismos.

Sin ser suspicaz, adoptar esta indiferencia le da un cierto poder a ese alguien que intenta pasar por encima del hermoso cadáver del artista, mientras tanto va cobrando sus cuotas de sangre. Cuando pienso en La Libertad como móvil y herramienta, cuando ella nos falta y nos encuentran sofisticadamente domesticados, hemos perdido más de la mitad de nuestra misión para trabajar por la de otro, otro que tiene claro el dejarnos en tercer lugar en la que considera suya.

Deberíamos estar por encima de aquello que nos dictan las corrientes filosóficas o estéticas, acerca de lo que está bien visto o lo que resulta interesante mostrar. Es fácil acomodarse o mimetizar estas corrientes, te puedes ir detrás de sus diálogos, ¿pero es acaso esto lo que queremos comunicar? ¿Podríamos cambiar la forma, sin descartar lo esencial? Probablemente. Antes de permitírselo será mejor, seguir el fuero interno.

Los políticos de turno nos temen porque nos dejamos llevar por un gran espacio en donde funciona una mayor libertad de pensamiento, porque no creemos a raja tabla sus propuestas que en la mayoría de los casos los favorecen a ellos en exclusiva. Nos amarían si estuviéramos lobotomizados a cambio de historizados. Por esto ha desaparecido la historia como materia en el pensum académico. Les molesta que toda la memoria no la pueden esconder, como si la memoria fuera una basura bajo su alfombra de partido. Les molesta la “memoria” (borrar la memoria, significaría tener sujetos obedientes a cualquier credo). Ella daría cuenta del contenido faltante, olvidado, rezagado.

Debido a este tipo de políticos, están desapareciendo las escuelas de arte en el mundo. Por esto, ciertas sociedades donde sus presidentes no pagan impuestos y obligan a sus ciudadanos a trabajar para ellos al precio de mantenerles, pagan ingenuamente seducidos por imágenes de abundancia, les siguen vendiendo espejitos a cambio de oro, pagan ingenuamente el precio de mantenerse bajo una tiranía. Ahí es donde los artistas son temidos, ellos son el estandarte de una libertad individual, de la opción al elegir un camino, una forma de vida. Son ellos quienes cuestionan a los que la amenazan… Por esto, sus bienes deberían ser llevados a otro paraje, o ser otros quienes se beneficien del fruto de su trabajo.

Por esta razón somos nómadas, por esto no tenemos un lugar en ningún gobierno y ahora simplemente estamos más bajo la amenaza de desaparición, síntoma que los regímenes autoritarios avanzan al galope. La misión parece clara, dispersarnos, desarticularnos, dividirnos en tontas discusiones estéticas, subir hasta las esferas pitagóricas el orgullo de unos, silenciar a otros, o en el mejor de los casos y el que hasta ahora se medica a una mayoría, intentar domesticarnos en un rito de precario mantenimiento para reducir nuestros pasos, ridiculizar o desacreditar a otros en sus intentos de comunicar…

El Capital maneja sus hilos en favor de quien le rinde tributos y no son los artistas, en particular los visuales, quienes se prestan para ello. Creo que debemos seguir siendo así. Antes de que esto llegue a una forma irreversible, deberíamos tomar decisiones, tomar acciones, diseñar estrategias para aquello que nos corresponde, que el derecho a nuestro trabajo no quede en manos de un futuro post-mortem, cuando solo ahí nos rendirían tributos de “buena labor”, izaremos la bandera, nos llenarán de flores y medallas y nos organizarán una retro…, para esto antes que pase algo parecido —aunque suene radical—, haría una versión estilo Lucio Fontana, rasgando todos mis trabajos. Así, luego de mi deceso, ningún tercero, ninguna casa de subastas, se lleva una buena cantidad sobre el fruto de mi corpus, cuando en vida no dieron un solo peso por mejorar mis no muy exigentes condiciones de existencia, y en cambio las vi canutas.[1]

[1] De este comentario excluyo a las organizaciones y fundaciones conocidas que siempre nos han apoyado en su quehacer generando convocatorias, favoreciendo la discusión. Las líneas están dedicadas a un movimiento que se está haciendo universal y del que si no despertamos va a seguir poniendo coto y limitar la creación y producción de obras auténticas y lo que corresponde: reconocimiento de autor, derechos y sus beneficios “en vida”.

Fotografías: Magali Reales.

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