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Sergio Urrego: «Il faut être absolument moderne»

La infamia que arrastran quienes tienen el coraje de pensarse  libres. La singularidad del intelectual, del artista, de quien siente, piensa y vive la vida como arte, como espacio igualitariamente libre. Sin duda alguna el mundo hubiera sido mejor con él, más generoso y pluralista. Sin Sergio, se constata que ya no hay mundo, por lo tanto, tampoco sentido. Una vida sin sentido es aquella que pasa por encima de los animales. Del mundo que él soñó, que muchos y muchas soñamos,  solo queda la mierda en que nos ahogamos silenciosamente. Él prefirió irse primero. Como todo artista de verdad, parte al encuentro del sentido de la existencia. Su Daimon, su Mefistófeles, como él lo llama, le encontró una realidad «absolutamente moderna», más acá, junto con Rimbaud; más allá, sin fiscales, sin contralores, sin procuradores, sin prefectos sexuales, una realidad  «absolutamente libre», como él la soñaba, como todo y toda artista la sueñan.

Fatiga vadear entre tanta mierda fundamentalista  esparcida sobre el mundo: “Estoy un poco cansado de responder esa pregunta (si soy bisexual). No creo que el amor tenga etiquetas, realmente. Pero, si de alguna forma, algunos/as sienten la necesidad de etiquetarme, preferiría que se me incluyese dentro de la teoría ‘queer’ (minorías sexuales que no son heterosexuales, heteronormadas o de género binario)”. Todas y todos estamos cansados con esta moral de confesionario que arrastra a sus jóvenes hasta el precipio y les obliga a saltar al vacío.

Como cualquier otra marginación o acoso, duele la soledad del artista en ciernes, de aquellos que escuchan el llamado de la libertad que busca expresión en su sí mismos, en lo más propio de aquello que llamamos ser, sin pensarlo lo suficiente. El costo de ser fiel a  sí mismo, a la diferencia que este modela, es alto. Sin embargo, no asumirlo es fracasar como artista en la vida, pero, fundamenrtalmente, como hombre o mujer. La modernidad empírica es un fracaso. La de papel es un pastiche. Todo ejercicio artístico es un acto de resistencia mediante el cual el artista se separa de las venalidades del mercado y de las banalidades  en que se goza el sentido común. Sin duda,  el  acto de resistencia más radical es separarse de la vida codificada, de la libertad  reducida a fatigosas y oprobiantes convenciones sociales. La muerte es inquietud intensa por la vida. Sólo quien piensa la muerte vive la vida en su mismidad, en su intensa  multiplicidad de diferencias. Ante el gesto de la separación radical, todos los demás actos de resistencia artística o estética, convencional o mercantil, palidecen. La potencia de la muerte como ritual máximo en la existencia, guía todas las prácticas hacia las múltiples  diferencias en que aquélla se realiza, hacia los mismos comienzos de toda realidad.

La crítica que Sergio Urrego realiza  al régimen confesional que impera en Colombia, desvela nuestra impotencia y cobardia. Él decide abandonarnos a causa de nuestro infantilismo. Nos abandona porque aún no merecemos la nobleza de su presencia, la compañía de los hombres que muestran su mayoría de edad pensándose a sí mismos en sus múltiples diferencias. Nos deja porque para un espíritu libre es insoportable vivir en presencia de seres que pese a la urgencia, aún no tienen el coraje de pensarse, de mirarse a sí mismos. Aquí nos deja este artista adolescente en plena madurez que nos enseña a vivir, a asumir con dignidad la realización de todos nuestros actos.  La libertad queda herida, quedan pocas salidas a la existencia cosificada.  Sin embargo, las hay. Aquellos que sienten la vida como lo hace  Sergio, las encontrarán. El artista nos dice adiós: «no me toques, no me retengas más», nos dice con gentileza, y según habla Jean Luc Nancy acerca de los cuerpos que se alejan de los sometimientos viles.

Preferimos pensar que Sergio no estaba triste. Alivia nuestra pena pensar que no lo estaba, pues quien piensa nunca está solo. Pero a la muerte no solo se llega solo sino triste. Muerte es pensar, una y otro van de la mano. Aprender a pensar es aprender a morir. Sergio no necesitó cursar el largo trayecto existencial que recorrió Sócrates para aprender a pensar. Allí, bajo su sombra, debemos pensar aquello que con coraje  se anuncia en su gesto. El coraje del gesto de Sergio se irradia hacia esta época en que todos y todas  sucumbimos por la pereza de pensar la libertad en común. En su Diario, Sergio llama a este espacio comunismo libertario.

“No sé nada y ese es el problema, lo que he aprendido se perderá y lo que ignoro parece no querer adentrarse en una mente como la mía”. Ojalá alguien se ocupe en pensar esa ignorancia que se resistió a entrar en la mente libre de Sergio.

Ver su Diario en el artículo:
http://www.eltiempo.com/bogota/suicidio-de-estudiante-sergio-urrego-diario-en-redes-sociales/14510915

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