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Carta abierta a Jairo Valenzuela

EL CORAZÓN DEL ARTE CONTEMPORÁNEO EN CARNE VIVA:

Seguimos con interés a Jairo Valenzuela en Facebook, sus frecuentes apostillas a la actualidad colombiana son sugestivas y causan sorpresa a más de uno de los conocedores de los hilos del poder que mueven el arte comercial reciente.

Sentimos que en cada uno de sus aforismos audaces y mordaces, Jairo expone ante la opinión pública su corazón en carne viva. Igual que se aprecia en los gestos espontáneos de muchos otros y otras artistas de la contemporaneidad real, no se aprecia en él ningún cálculo mercantil, pues antepone la actitud a cualquier otro interés. A pesar de que el vértigo de la época nos aconseja ser prudentes, moralmente se siente obligado a desmarcarse de la línea esnobista trazada por las bienales globales del mercado del arte que arrebatan a los artistas mediocres de Colombia. En plena sintonía con el pensamiento del país artístico real, Valenzuela sabe que el coraje es la única salida digna a la ignominia totalitaria que cada día se afianza más en las bienales neoliberales impuestas en Colombia.

La corrupción generalizada en Colombia ciega la inteligencia de muchos gestos de arte y de muchos artistas. Los latigazos propinados por el Estado colombiano a las esperanzas de igualdad de sus ciudadanas y ciudadanos, ofenden la inteligencia y acaban de una vez por todas con los simulacros en que se place la democracia servil de la cual se jacta el ídolo pagano llamado Colombia. Desde la antigüedad clásica se denomina ídolo a lo sin voz propia. El terrorismo jurídico de los ídolos de la tribu, de la caverna, del foro y del teatro, como los llamó Francis Bacon, causa un dolor inmarcesible; en muchos artistas, el grito se atraganta y no les deja respirar, en otros deviene aullido. Por igual en la universidad, en la ciudad o en la república, son muchos los sujetos artísticos quienes se sienten atropellados por una plutocracia insaciable que, a cuenta gotas, no para de exigir al Estado mercantilizado onerosos dividendos para su goce particular. Como registra la historia codiciosa del capitalismo del siglo XIX, de la misma manera en la actualidad muchos se sienten sometidos por una élite que intermitentemente no duda en aliarse ya sea con el hampa o con la justicia corrupta para silenciar las voces de las ciudadanas y los ciudadanos colombianos insurrectados con la injustica. Unas voces emergentes gritan a sus opresores: «DARLING: IS IT NOT TIME TO GO HOME!».

Como en el Estado orweliano, en Colombia la idea de igualdad es expresión de insurrección, por lo tanto es punible cruelmente. Los simulacros de comunicación agravan nuestra crisis de confianza en el Estado teojurídico. A pesar de la abyección del diagnóstico, hay algo positivo en esta debacle artística y democrática que acosa a las colombianas y a los colombianos. Jairo: como usted sabe, allí en donde se desenmascara la Bestia y se evidencian el peligro y la amenaza de extinción, allí mismo también acontece el coraje de los y las artistas. Con la emergencia de esta actitud, de esta voluntad de verdad, se expande con ellas la esperanza de liberación igualitaria. Los estados alterados que caracterizan a los Alzados en Almas, como los llama bellamente María Mercedes Carranza, son espacios e instantes muy prolíficos para los artistas que optan por respirar mundo, esa sensación vital de universo. A la globalización de la Bestia, el artista responde con una idea de Baudelaire: el artista es expresión de Ideas Mundo: una singularidad universal. Mediante las Ideas Mundo opuestas al mercado, el artista contemporáneo logra distanciarse de las globalizaciones infames promovidas desde el Estado. Sabe que la bienalización del arte del mercado es una trampa que se le tiende desde el Estado. Los y las artistas no sólo miran la Bestia de frente: la increpan y la obligan a recular para que se disuelva en sus fluidos metálicos. Todo gesto artístico es una increpación. Toda acción artística es una purificación de los miedos con los cuales los merdia nos inoculan diariamente sus dulces venenos. La increpación artística es una relegitimación de aquellas experiencias a las cuales la Bestia, nuestro Anticristo institucionalizado en Cultura Mercantil, les arrebató su nombre. El arte, la sociedad, la política y la democracia ahora significan mercancía: su sentido real es suplantado.

La corrupción con la cual la Bestia se protege y se camufla, convierte a hombres y mujeres en ciudadanos de papel. A lo Pavlov, los condiciona a responder sólo al interés mercantil. Sin embargo, aquellos hombres y mujeres que logran desencorvarse y no temen mirar de frente a la Bestia que tiene petrificado a todo un pueblo, no temen indicarnos la salida del oprobio. Jairo Valenzuela: ¡recoja la revuelta artística en cierne! ¡Convoque a los artistas a un ágape por Colombia! Con ellos diga sin ambigüedades no al mercado, sí a la igualdad. No por La Paz Americana que reclaman las multinacionales que con sus coimas regulan el Estado colombiano, sino por el amor de ser con otros en el goce de unas diferencias que ni se compran ni se venden.

Jairo: pensamos que es hora de que todas las heridas abiertas –mostradas en sus inquietudes aforísticas–, se materialicen orientadas a realizar un proyecto plástico colectivo que nos desagravie ante el mundo, que nos reivindique como seres humanos, como sujetos hablantes, como ciudadanos y ciudadanas abiertos al amor de las diferencias sin supuestos mercantiles ni ideologías totalitarias. La causa es justa para alguien que ama el arte: la justicia vuelve a estar en el centro del debate artístico contemporáneo. En Colombia, ¿alguna vez lo estuvo? Es probable que no. Para nosotros, la justicia es un centro común modelado desde la periferia, desde los intersticios que logramos arrebatarle al Estado globalizado. La tediosa letanía de la violencia en el arte y del arte en la política, suprime la creación de espacios de emancipación, impide la búsqueda de una singularidad que sea expresión de universalidad. Sólo el arte sabe de este tipo de ideas, de apuestas. Por fuera del arte, no existe nada común, pues, nosotros legos en asuntos de imaginación colectiva, en cada gesto evidenciamos indignamente el temor de crear una subjetividad igualitaria y libre. Liberados de la Bestia, es probable que los y las artistas sí puedan, sí se atrevan, y nos abran el camino a otras formas de ser más igualitarias. Unos y otros quieren que el mundo letrado nos deje de ver como los barrenderos de los establos de las familias nobles de Colombia. Desde el Salón Inter 2013, los y las indignadas de Colombia reclaman espacios de interlocución para aquellos y aquellas artistas que quieren relegitimar tanto las políticas de las artes como las artes con perspectiva emancipatoria.

Nobles de corazón, hay muchos y muchas artistas interesadas en este proyecto que le proponemos: trabajar en común para pensar lo común a todos y todas. Es necesario salirse del régimen ministerial que afirma que lo común es un señor o una señora de sociedad o de alta cuna. El Caribe colombiano ya dio su grito de independencia: Muriel Angulo, Liliana Angulo, Alexa Cuesta y Corazón Desfasado, entre otros y otras artistas, lideran una revuelta artística que oxigena la estupidez Inter Mercantil del arte actual, desde el Estado colombiano llamado pomposamente «contemporáneo» por algunos comerciantes hábiles. Por otra parte, en Bogotá, Nadín Ospina, Fernando Pertuz, Marcela Córdoba, Gustavo Villa, Orlando Salgado, Ana Karina Moreno, Carlos Aguirre, María Sol Barón, Camilo Ordoñez, Nadia Granados, Esneider Gamboa, Ana María Villate y Ricardo Arcos, entre muchos otros artistas corajudos, muestran con creces la necesidad de crear un Centro Común en el cual nos desagraviemos mutuamente y nos quitemos el estiércol que el Estado día tras día nos arroja a la cara. ¡Nos desagraviamos o perecemos! El arte desagraviará o no será.

Ahora bien, tenemos indicios serios para pensar que este malestar artístico puede ser similar en Cali y Medellín. En Colombia, son muchos y muchas las artistas que no quieren pasar de agache en esta coyuntura abyecta, tanto para el arte como para la cultura y la política. Estamos seguros de que los artistas mencionados aceptan el reto de hacer obra por y para nosotros mismos, pero sobre todo pensando en una ciudad y un país inclusivos, así los mercados locales del arte les amenacen con sanciones disciplinarias por romper con el orden constitucional del arte oficial y comercial que se dicta desde el Ministerio de Cultura. El interés manifiesto en estos artistas no es simbólico, en su momento la crítica hará claridad a este respecto. Lo relevante aquí y ahora es su actitud, su voluntad de presentarse en carne viva, sin ninguna tutela curatorial ni mercantil.

El Sarao de Cartagena es otra gota que rebasa la copa de veneno que las colombianas y los colombianos debemos tragarnos día tras día. Allí el empute se mantiene. En Bogotá el empute por el Salón (inter) es periódico de ayer. Necesitamos un lugar el cual es necesario crear, un lugar sin supuestos mercantiles, un lugar en donde las Ideas sean las que orientan nuestras prácticas, un lugar en que se muestre una Revuelta Real contra el Estado que neoliberalizó las prácticas de las artes. Sin lugar no hay nada, todo se queda en revueltas virtuales que no conducen a nada.

Mientras tanto, el segundo Salón (inter) seguirá creciendo. Pronto será más global y nada más que mercantil. Preocupa que un año de discusiones por el Salón (inter) no se haya logrado crear ese lugar, que no seamos capaces de salir de la Idea de que “lo común” debo ser yo, ese yo que nos rige desde el Ministerio de Cultura. Es necesario ir más allá del Estado Mercantil, sin ideas; hay que romper sus lógicas. Ojalá las emputadas de Cartagena logren más. Ojalá su emputada duré más.

Jairo Valenzuela: atrevámonos a salir de nuestros blogs y creemos el Centro Común de Ideas Mundos que con urgencia reclama el arte y la sociedad colombianos. Los y las artistas de quienes le hablo y muchos otros, nos ayudarán a hacer frente a la Bestia que nos tiene adormilados: ¡más qué bochorno, esta situación es una humillación imperialista! Alain Badiou de quien tomamos algunas ideas, llama a esta actitud contemporánea El Despertar de la Historia.

 

Cordial saludo.

 

Bibliografía:
Badiou, Alain (2012). El Despertar de la Historia. Buenos Aires: Nueva Visión.

Galería: País Salsa

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