Todo lo del pobre es robado

Creemos en las muestras de pesar de cientos de jóvenes por la muerte de Yeison Jiménez, pero alguien instrumentalizó la manifestación de sus afectos y sentimientos de duelo. Con apoyo de la gran prensa, empresarios inescrupulosos convocaron un evento masivo sin tomar las precauciones logísticas y de seguridad que se deben implementar para que las autoridades permitan realizar un evento masivo de estas características.

En Bogotá, para que alguien pueda realizar cualquier evento público en cualquier espacio se requiere cumplir con muchos requisitos. Desde muy temprano en la tarde hubo jóvenes que con paciencia hicieron largas colas, tratando de esquivar los tumultos que dificultaron y en la mayoría de los casos imposibilitaron el acceso al espacio.

Es cierto: la cultura que se puso en escena el 14 de enero de 2026 en el Movistar Arena de Bogotá no responde a las expectativas del Pop Art, como aman decir las elites sociales, esa estética para elites económicas que promueven algunos empresarios culturales.

Yeison Jiménez representa una cultura oprimida, precaria, sincera con sigo misma, auténticamente popular y juvenil que siempre ha sido discriminada y marginalizada dentro de la ciudad que a diario los y las jóvenes deben padecer, habla por una juventud que siente que sus afectos una y otra vez son pordebajiados dentro de los espacios culturales que controlan las élites económicas.

Yeison Jiménez nombró las angustias de un siglo incierto, inventó una poética que le permitió a miles de jóvenes de raigambre auténticamente popular reconocerse como colectividad ciudadana. Una canción relaciona afectos, permite canalizar positivamente angustias que de otro modo se vuelven destructoras y autodestructivas.

El 14 de enero pasado pudimos apreciar una estética popular, auténtica y vigorosa, que no le debe nada a la cultura hegemónica que se nos ha impuesto como cepo. Sin embargo, al igual que cientos de jóvenes, finalmente no pudimos ingresar al Movistar por el caos logístico y la irresponsabilidad de la administración distrital por haber autorizado apresuradamente un evento tan mal organizado. No fueron los jóvenes quienes introdujeron el caos y el desorden, todo lo contrario, todas y todos fueron muy pacientes, los organizadores fueron los que ofendieron la confianza pública de los jóvenes con tanta desorganización administrativa y logística. Y al final, la tanqueta policial hizo el trabajo que a los funcionarios incompetentes del Distrito no les dió la gana hacer.

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