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Abel Azcona: cuando el performance se hace piel

Abel Azcona es un artista cuya obra no pasa desapercibida y se mueve permanentemente por el mundo. A sus 27 años ha recorrido Japón, New York, Houston, diferentes países latinoamericanos y de Europa, en España se le ha visto en Soria, Valladolid, Bilbao, Madrid, Tarragona, Alicante o Barcelona, entre otras ciudades.

En su obra performática el espectador, algunas veces cliente, deja de ser un observador e interviene al verse confrontado con la situación estética, quizás fascinado por la imagen, quizás identificado con la situación y de manera activa como el artista co-construye la obra y ésta se hace vida. Azcona cree en el poder purificador, catártico e introspectivo del arte, especialmente del performance, sobre todo, a la hora de comprender y soportar su propia historia.

El diálogo que aquí se presenta se sostuvo el 9 de mayo durante la masterclass que el artista realizó en el Museo de Arte Contemporáneo de Alicante. El audio lo he dejado reposar y con él también reposaron mis emociones. Tenía temor de entrar en el amarillismo con que los medios suelen tratar su obra y su ser; este texto lo he releído una y otra vez y estoy seguro de haber sabido contar la historia sin adentrarme en los intríngulis morbosos que pueden emerger ante una obra controversial en sí misma y la generosidad de un hombre y un cuerpo que inspiran ternura e incluso deseo.

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¿Por qué usted no es un performer?

Porque en muchas obras lo que está ahí no soy yo. Lo que se ha generado puede basarse en un trabajo performativo pero lo que hay en mi obra es vídeo, fotografía, escultura, instalación… bueno y también performance art, lo mismo son trabajos interdisciplinares y entonces la palabra ‘performance’ queda un poco corta.

El concepto de performance en la teoría queer se basa en la idea de alguien que se aproxima a la cuestión de la identidad desde una posición antiesencialista; alguien que niega tanto el carácter natural de la identidad como el carácter fijo y estable, experiencia un performance; es decir, una experiencia que es una construcción social que debe entenderse como parte de un proceso abierto y cambiante, siempre sensible a transformaciones y redefiniciones del cuerpo, de la sexualidad, el sexo y el género ¿Ese perfomance de lo queer es el mismo performace art del que usted me habla?

Tenemos que diferenciar lo que es o no un performace. El problema es que la palabra significa actuación y entonces se cree que toda actuación extraña es un performance, tampoco es teatro… se parece tanto al teatro como una zanahoria a un rascacielos. El performance art no es el performance de la teoría queer. Cuando hablamos de travestismo o de la parodia de género de una drag queen hay una relación de ambas con el potencial subversivo de la parodia, este performance es una forma de teatro… se ha puesto de moda la palabra y se utiliza para todo. Las dos tienen de común, probablemente, la corporalidad. El performance art tiene unas condiciones y formas específicas, se crea por algo, se basa en una realidad. El performance art nunca deriva hacia el teatro.

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Performance y persona tienen un origen común, el hecho de hacerse, de sonar a través de… ¿Qué es lo que convierte un performance en un performance art?

Se convierte en una obra artística en el momento en que es compartido y mostrado, en que se construye conocimiento y es una exploración interna. No necesariamente debe haber público, yo por ejemplo lo hago solo en el campo, sin fotografía… bueno en un museo, en una galería evidentemente se muestra más.

¿Usted espera que de toda experiencia performativa que produce le quede una construcción teórica?

Bueno sí, una construcción o una deconstrucción teórica, porque una destrucción también es interesante. Hay artistas que trabajan el dolor en una forma extrema y eso les destruye psicológica y físicamente. Ésta es una disciplina transformadora, no sólo para el artista sino también para el espectador, un alto porcentaje de la gente que experimenta un performance en una galería se acordará de él toda la vida; en cambio, tú ves una pintura e igual la olvidas, el performance art tiene una conexión magnética corporal con el público que es mucho mayor, tiene muchas más respuestas, mucha más inmediatez… ahora lo inmediato es lo que nos interesa. Es visceral, es del momento, da respuestas inmediatas. El público es parte del performance, todo lo que sucede en el espacio, cuerpo y tiempo nos sucede a ambos

¿El performance entonces establece vínculo con el espectador, un vínculo personal en que el otro es un auténtico otro?

El público es parte del performance, todo lo que sucede en el espacio, cuerpo y tiempo nos sucede a ambos. A mí hay veces que no me lo parece, pero el hecho de que una señora venga, me ponga cara de asco y abandone la sala la introduce de lleno en el performance porque ella genera una forma diferente de verse a sí misma, al otro  -el espectador- y a mí mismo.

¿Cuando alguien lo ve en una galería, en un cama, desnudo lo entiende como un artista, una persona o un objeto sexual?

Cada cual me ve como me quiere ver. Lo bueno de un performance, como la vida en general, son los tiempos, cada persona y cada performance tienen sus ritmos. Tú sabes que si estás ahí tumbado tienes una historia detrás, un montón de experiencia; uno se tumba con una simbología mayor, pero en cambio es el doble interesante que esa persona, el espectador que no tiene ninguna idea de quién es esa persona que está ahí tumbada, se tome dos cervezas y se tumbe ahí, junto a mí, desde el punto de vista más carnal, sin nada de concepto. El espectador nunca está tan preparado como el artista.

¿No es lo mismo estar en una galería que realizar su performance en una calle en la que se ejerce el trabajo sexual o en un hotel de prostitución, espacios en los que el espectador no se sienta tal sino un cliente que lo compra a usted y le compra un servicio?

Algunos clientes y espectadores no están contaminados, pero muchos ya lo están, ya saben del performance, del artista, de la obra. Cuando estaba en el hotel de prostitución la gente sabía en qué estaba y a qué iba porque se lanzó una convocatoria, había unas invitaciones, pero la gente lo que no sabía era que había ese tipo de performances.

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¿Fue esa la misma experiencia en Bogotá, en el barrio Santa Fe, en la zona de prostitución travestí o en la Galería Santa Fe con su proyecto Empathy and Prostitution?

Bueno había una diferencia porque allí la gente sabía menos lo que era un performance, seguramente pensaban que era alguien haciendo algo que no se entiende, una idea muy común por cierto. Para mí, el performance tiene un contenido; éste es el performance que me interesa, yo no trabajo el absurdo.

Mi performance es discursivo, hay una historia detrás. En la Galería Santa Fe habité el espacio por el término de 4 días y 3 noches, tiempo en el cual establecí relaciones con otros artistas y el público visitante. Para mí fue muy fuerte, pasaron muchas más personas de las que pensaba, hubo sexo en ambos casos. La gente es muy sexual en Colombia, pero cuando el performance estuvo en la galería hubo mucha controversia. En la calle a través de la prostitución, buscaba comprender sensaciones y reacciones al sentir mi cuerpo desnudo y postrado sobre una cama, siendo un objeto dispuesto a ser parte de una transacción comercial en el que la mercancía soy yo mismo.

¿El proceso de aplicarse en el cuerpo substancias como las hormonas, que producen transformaciones que dejan huella, cómo lo construye teóricamente?

En la calle, lo que hice tiene que ver con la misma evolución del proyecto, que me da sus propias respuestas y me genera muchas más preguntas. En el 2012 yo inicié el proyecto y me parecía una barbaridad, pero ahora en el 2015 lo veo menos fuerte; por ello me interesó salir a la calle y estar no con un espectador sino con un cliente real. Quería ser del todo prostituta y transexual.

¿Volvería a experienciar un performance como una trabajadora sexual trans?

Me quedé casi por un mes en la calle de las prostitutas trans, éramos 80 chicas en total; tuve una “madre de hormonas”, ella me acompañó en todo el proceso de hormonación, me cambiaron algo las formas del cuerpo. Me abordaron las personas que trabajaban con las personas trans. Yo era una persona extraña en la zona por ser una española que tomaba los mismos anticonceptivos orales que tomaban ellas. Me pagaron lo que un cliente pagaba a cualquiera de las chicas que fue menos de cinco euros, incluso me ofrecieron hacerlo sin condón pagándome un poco más; viví las mismas violencias que viven ellas. Yo estaba investigando y me interesaba vivir lo que vive una trabajadora sexual, pero no siempre acepté a quien quería ser mi cliente, cuando sentía temor cobraba una cantidad que los ahuyentaba. Fue muy complicado… por ahora tengo respuestas para muchos años y espero no volverlo a hacer.

Para conocer más sobre este artista visite abel-azcona.com

*Manuel Velandia

Apasionado del arte, fotógrafo conceptual y artista del grabado, se formó como actor profesional. Escribe es diferentes medios virtuales a nivel internacional siendo Bloguero oficial de revista ‘Semana’ de Colombia. Ha trabajado en la radio y la televisión. Sociólogo, filósofo, Master en Educación y en Políticas Públicas e Interculturalidad, es también Sexólogo (fue director de la Revista Latinoamericana de Sexología), Doctor por la Universidad de Alicante y doctorando en la Universidad del País Vasco.

Visto originalmente en: AlicanteMAG

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