Las artes en serio, ya: apostilla a una nota de Carolina Sanín

Quizá acontezca la historia sin historia edípica. La tesis de la patriarcolinealidad de la literatura es demostrable sin demasiado esfuerzo documental, solo hay que citar las consignas de la poética de Aristóteles y queda arreglado el asunto: matamos al padre de la horda primigenia.  La propuesta literaria de Carolina también es plausible: saltar fuera del tiempo, escaparse, desviarse de los antagonismos aristotélicos y de las dialécticas hegelianas. Justo esta es la propuesta de aquello que peyorativamente algunos ideólogos reaccionarios llaman posmodernidad. 

Riesgo: saltar y por gravedad, como el atormentado Edipo, volver a caer en el mismo manual patriarcolineal y creerse que se cae en un planeta sin tiempo ni patriarcas en donde la poeta lo tiene todo por hacer. No hay necesidad ya de que el patriarca sacrifique una Antígona más. Otro mito es posible.

Oportunidad : abandonar la patriarcolinealidad por medio de la patera de la escritura, justo la propuesta posmoderna que los dialécticos de Fráncfort critican de esteticista. En la escritura expandida, la balsa puesta a la deriva y expuesta a las tormentas sin tiempo de la vida , el espacio es quien ordena la poética, el tejido de la poeta, no el yo patriarcal que al nacer se nos injerta en el inconsciente. Sin tiempo mínimo, la poética se asfixia, solo hace falta transformarlo como sucede en el enjambre de la escritura (Lacan).

Recomendación : suprimir la frase final, “salir de la historia a lo sagrado”. Saltar al planeta de lo sagrado solo refuerza la patriarcolinealidad denunciada con perspicacia. No nos asustemos con el cuero del tigre. En la escritura lo que cuenta es la maleabilidad de la estructura liberadora de la historia (story), asi no podamos desprendernos del todo de ella (history). Que la historia (story)puede quedar devorada por la forma es otro cuento (story) sin historia (history) . 

Es interesante exponer la historia (story) como Layo a Edipo, a ver qué pasa esta vez, a ver quién ciega a quién, y que ojalá, quiera Dios, no acontezca otra Antígona para que deba volver a morir. 

Nos dejas pensando, buena falta que nos hace a las artes de hoy.


[1] “He estado pensando que el cultivo de la literatura contemplativa (que no cuenta historias ni imagina tramas) es una resistencia contra el mandato patriarcal de obedecer la regla del tiempo y las sucesiones. Y he pensado que el predominio de la narrativa (de las historias, del acontecer) es una expresión de la regla patriarcal; de la regla del padre. Hagamos, mujeres, más literatura sin narrativa: sin historias y sin tramas; una literatura de donde no pasa el tiempo: ensayos y cantos. Quizás nos corresponda a nosotras salir de la historia a lo sagrado.” Facebook, 7 de mayo de 2025.

Fotografía: Ricardo Muñoz Martinez, galería Alonso Garcés.

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